Domingo de resurrección

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Hazel Valdez Blackmore.-

Se fue otro año y, con tristeza, recordé a todos los seres queridos, los amigos, las personalidades que se han ido. Todas las tragedias que están sucediendo a nivel mundial y la interminable violencia que nos amaga en México cada día. Las noticias alarmantes sobre ejecutados, secuestrados, desaparecidos en todo el país, en esta tragedia que no se acaba.

Pero también agradecí por los nuevos seres que han llegado a este mundo emproblemado y bello, para hacer muchos hogares felices.

El Domingo de Ramos de palma, laurel y manzanilla para ser bendecidos y celebramos con júbilo la entrada de Jesucristo a Jerusalén, iniciando así la Semana Santa.

La mayoría de nosotros está cansada, estresada, tensa, preocupada, confundida, con tanta información negativa y alarmante, así que la Semana Santa ha sido una buena oportunidad para darnos un poco de paz, de tranquilidad, de descanso, de reflexión y, sobre todo, de paz espiritual.

Ha sido un tiempo para adentrarnos en nosotros mismos y ver realmente a dónde vamos, qué queremos, qué estamos haciendo para mejorar nuestras relaciones con la familia y con quienes están cerca de nosotros.

Es bueno dedicar un tiempo a la oración, visitar a los enfermos, ayudar a quienes nos necesitan, ser verdaderamente cristianos. Al lograr la paz interior todo nuestro entorno se contagia con esa paz y las cosas salen bien.

Muchos jóvenes y un buen número de familias se fueron a las playas o a Estados Unidos y algunos privilegiados a algún crucero por el Caribe o más lejos.

Las misiones a visitar las comunidades de los distintos municipios casi se han suspendido por la inseguridad y los jóvenes que tanto bien hacían en esas jornadas, o han cambiado de actividad o se han quedado en sus casas a descansar.

Fue agradable asistir al oficio de las “siete palabras” el Viernes Santo y meditar sobre los últimos momentos de Cristo en la cruz.

El “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”, nos invita a pesonar aunque nos hagan mucho mal.

Su “en verdad, en verdad te digo, hoy estarás conmigo en el paraíso”, nos aconseja arrepentirnos como el ladrón que crucificaron al lado de Jesús, si queremos ser salvados.

Las palabras “todo está consumado”, es una exhortación a cumplir con nuestras responsabilidades para que cuando llegue nuestra hora final podamos decir que hemos cumplido.

Y sus últimas palabras: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, nos invitan a encomendarnos a Dios todos los días para poder hacerlo plenamente en nuestra muerte.

En la misa del Domingo de Pascua, celebrando la resurrección de Cristo, un gran día para los cristianos al saber a Jesús resucitado, nos sentimos llenos de gozo, pero hay también una voluntad de arrepentimiento, de promesas de renovación interna, de una nueva actitud hacia nuestro prójimo.

Que la resurrección de Cristo nos brinde el inicio de una nueva vida llena de luz y alegría, encendamos el fuego nuevo de nuestra existencia. Practiquemos el amor, la caridad y la justicia.

Demos a cada uno lo que le corresponde. Celebremos la resurrección de Cristo y con ella, abriguemos la esperanza de alcanzar nuestra propia resurrección al final de los tiempos.

 

 

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