Tiempos de evaluar

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Jaime Elio Quintero García

 

 

Son varios los temas ubicados como prioritarios por el consciente colectivo mediático, en su carácter nacional e internacional; su contenido y origen siempre es el escándalo popularizado como noticia relevante. Sin embargo, y no siempre para su mal, el escándalo si no fuera por sus excesos, situación que conspira siempre en contra de la reflexión atinada, el juicio sereno y formador de opinión sensata, podría ayudar al diagnóstico y al ejercicio de proponer soluciones programáticas e institucionalizadas.

El lento crecimiento económico, las deficiencias en la redistribución del ingreso, el desarrollo social, el financiamiento público y privado a las actividades productivas, nacionales, los bajos salarios, la seguridad pública, la impartición de justicia y los programas de reinserción social para infractores de la ley, podrían ser los ejes del problemario nacional en lo general. Cabe decir también, que todos estos temas están sobre diagnosticados y excesivamente discutidos, hasta el punto de estar más en la política electoral que en la administración y el diseño institucional.

El asunto es que no son temas a solucionar privativos de México y de los países de las américas continentales, son los mismos en mayor o menor medida, del mundo occidental, congénitos no tan solo de las democracias y la globo economía, lo son también, de los países no democráticos autoritarios y con economía abierta (China, Vietnam), por ejemplo.

Son en suma los problemas de nuestros tiempos, que no se van a resolver mediatizándolos en el escándalo noticioso del día a día, por lo contrario escandalizándolos ayudan, y en mucho, al desprestigio de la democracia como filosofía política y sistema de gobierno, la hacen ver (a la democracia), como ineficiente y falta de congruencia entre lo que propone y lo que resulta.

Por ejemplo, y para evaluar, más allá de las estadísticas y la compleja numerología tecnocrática, y sí mucho más acá del concepto y la reflexión; se critica que en México, porque el crecimiento económico del 2 ó 3 por ciento anual promedio de las últimas décadas es bajo e insuficiente, que se debería crecer al cinco, siete, ó diez por ciento, como se ha prometido, y sigue prometiendo en tiempos de campañas políticas.

La realidad es que es un crecimiento deficientemente evaluado, con líneas de reflexión acotadas por la presión política y los sucesivos tiempos electorales. Se piensa por tanto, que se trata de un problema estructural, que por cierto los que así lo consideran no alcanzan a definirlo, ni a explicarlo con claridad, y si acuden como argumento, más que como razón científica, al dogma de que es el capitalismo y que en el socialismo no se dan estos problemas estructurales de que se habla y no se explican.

En los tiempos en que México crecía a tasas del siete y ocho por ciento anual promedio la economía mexicana tenía una dimensión y peso mucho más pequeño que el de hoy, es decir el simple tamaño de su economía permitía poner al país en la expectativa del desarrollo acelerado, producto de crisis casi sucesivas, en las que el crecimiento económico había caído hasta cero o menos de cero (recuerde usted amigo lector, esas fechas).

Este asunto, del desarrollo económico mexicano, aparentemente bajo e insuficiente socialmente, es más un problema de políticas públicas y de administración, que han de ser corregidas por eficientes y bien preparados administradores públicos. Mire usted, con el actual crecimiento puede alcanzar para mover a millones de personas y familias de la marginación social, hacia los segmentos de clase media, por la vía de la educación reformada y la buena salud desde tempranas edades.

Con tan solo cambiar el concepto de subsidio social que ha convertido al marginado en un cheque, un simple número en la multiplicidad de listados de ayuda social. Cambiarlo sí, a un concepto productivo que propicie y recupere la movilidad inter-clases sociales.

Es decir, quitar de la vida programática del país la noción de la asistencia pública, y cambiarla por una de desarrollo individual y familiar de trabajo, organización y oportunidades de mayor bienestar colectivo. Mucho de esto, amigo lector, créame vale la pena hacerlo, además de no dejarnos confundir por el escándalo mediático y las desviaciones poco juiciosas del entorno comunicacional.

Nos vemos y leemos el próximo martes.

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