Instituciones y caudillismo

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Jaime Elio Quintero García.-

Un salto hacia atrás es lo que significa, en términos reales, pasar en forma regresiva de la construcción, perfeccionamiento y consolidación de instituciones republicanas que, para el caso de México, nos ha llevado desde que en 1925, a la muerte y asesinato del general Álvaro Obregín, el entonces presidente, Plutarco Elias Calles, declaró que había llegado el momento de que el país dejara atrás los regímenes de caudillismo y pasara al imperio de instituciones republicanas, creadas por leyes modernas que miren por el bien común y la salud política de la nación.

Han pasado desde ese entonces y hasta ahora, poco más de 90 años de esfuerzos por desmilitarizar y descaudillar el poder público en México, ha sido una lucha de paso a paso, sin descanso y sin claudicar, de enfrentamiento a resistencias insanas y regresivas. Instituciones que en países hoy conocidos como naciones desarrolladas, como Estados Unidos y Canadá en América, les ha llevado 200 años, a partir de inicios del siglo XIX.

Se preguntará usted, amigo lector, a qué instituciones me refiero, o de qué tipo de avances jurídico-constitucionales y de diseño estructural estamos hablando. Vale entonces, señalarlas y repasarlas, aunque sea en lo general, a fin de formar noción global e integral de lo que son las instituciones del Estado mexicano, mismas que hoy, en pleno proceso electoral, se pretende, como se ha dicho, mandarlas al diablo.

Solo para ejemplificar, en lo económico: Un régimen hacendario y fiscal moderno, dotado por órganos autónomos manejados por técnicos y administradores públicos de altas capacidades, como el Servicio de Administración Tributaria (SAT), la Procuraduría del Contribuyente, la Comisión Nacional de Valores y Seguros, el Banco de México, la Comisión Nacional de Competencia Económica, entre otros, todos ellos custodios permanentes del sano funcionamiento de los sistemas monetario, financiero, fiscal, de crédito público y régimen de macroeconomía

El Sistema Nacional Anticorrupción, de muy reciente creación, que con el conjunto de fiscalías específicas modernizará el sistema de nacional de procuración de justicia, el también recientemente formado Nuevo Sistema de Justicia Acusatorio, que transforma y equipara la impartición de justicia al que opera eficientemente en los países más avanzados, es otro ejemplo claro y contundente de los avances en materia de rediseño institucional.

Las transformaciones estructurales en el régimen de contratación, arbitraje y justicia laboral, que tanto ha impulsado la inversión privada productiva y la creación de empleo. Los avances institucionales en el sector comunicaciones con la Comisión Federal de Competencia en Telecomunicaciones, cuyos benéficos efectos están a la vista y en los bolsillos de todos.

El federalismo es otro tramo institucional que permite autonomía y evolución estructural a las entidades federativas.

Son muchos los valiosos componentes del sistema nacional de instituciones públicas y republicanas del Estado mexicano; el sistema electoral mexicano, compuesto por partidos políticos y sus instancias administrativas y de impartición de justicia electoral, el régimen político y sus instituciones para la gobernabilidad, seguridad del Estado y nacional, que le permiten a México funcionar y avanzar en su perfeccionamiento y desarrollo económico, social y político.

Sin dejar de mencionar, por supuesto, a las instituciones de desarrollo social y asistencia pública, que, al parejo de las demás, no son como algunos interesados en regresar al nefasto caudillismo autoritario y el salto hacia atrás, pretenden hacer creer a la gente, simples entes burocráticos, carga para el erario e innecesario peso presupuestal para el contribuyente.

No, amigo lector, las instituciones no son nada de eso, son, por el contrario, el andamiaje reglamentario, legal y constitucional que da orden y viabilidad a la sociedad mexicana y al país en todos sus órdenes.

NOS VEMOS Y LEEMOS EL PRÓXIMO MARTES.

 

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