El viraje mediático

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Jaime Elio Quintero García

 

 

El cambio de actitud, percibido durante el desarrollo del programa televisivo Tercer Grado, de la empresa Televisa, fue en opinión de algunos, y propia también, más que evidente, convincente. Déjeme y le explico, amigo lector. Resulta que al mencionado programa asistió, como supongo asistirán posteriormente otros aspirantes presidenciables, en calidad de compareciente el candidato López Obrador, y como interlocutores la barra de comentaristas noticiosos de la mencionada empresa.

Todos se pensaron, que estos, lo bombardearían a preguntas, a fin de medir las habilidades del candidato y consistencia de su proyecto político, para responder en un caso, y explicar o analizar en el otro, sus postulados y frecuentes declaraciones de campaña, siempre críticos a casi en todo lo que hacen y dicen tanto el, o los gobiernos, y a lo que dicen proponen o abanderan el resto de los candidatos presidenciables. Pues mire usted, que no fue así, antes al contrario, los antes puntillosos y aguerridos entrevistadores, componentes de la comentocracia nacional, versión tv, se comportaron consecuentes y muy prudentes, dispuestos más, mucho más a escuchar y facilitarle todo al ocurrente candidato.

Solo dos de ellos, la señora Denise Mearker y el señor Joaquín López Doriga (a juicio personal), se atrevieron a cuestionar en dos o tres ocasiones, y a interpretar lo que la audiencia estaba esperando, cómo es o debe ser, la función de un periodista y de todo interlocutor, es decir un puente cuestionador y contestatario  entre el público y el entrevistado para que la presentación y entrevista tenga un fin político y electoral provechoso para todos, sobre todo hoy en día, en que las encuestas acusan un alto porcentaje de indecisos.

Estableciéndose con esto, la noción publica, que la empresa televisora le tendió una alfombra roja y un puente de plata al aspirante y puntero presidencial, pensando, supongo yo, que su triunfo pueda estar, más allá de lo posible. El candidato por su parte, y no obstante las limitaciones idiomáticas que padece, pues maneja el lenguaje a base de monosílabos y entre cortadas y telegrafiadas frases, se sintió dueño del espacio y el escenario, ante la indulgente actitud de sus fallidos cuestionadores.

En la susodicha comparecencia mediática quedaron en claro varias actitudes, creencias y terquedades del entrevistado: por ejemplo, que no es perseverante que es ante todo terco, que no es lo mismo. Que tiene metido entre ceja y ceja, la lucha contra la corrupción y la utilización de esta bandera electoral como fuente de financiamiento de su programa de gobierno (no pudo, o no quiso, explicar tampoco, la mecánica a seguir).

Que al ganar la elección, cosa que él asegura sucederá, usará como bandera de unión y reconciliación nacional la lucha por el estado de derecho, sin explicar (insisto), las formas y modos de hacerlo, sin caer en lo que asegura no habrá; cacería de brujas, pues de suceder esto último, rompería la bandera y convocatoria nacional de luchar por la aplicación del estado de derecho.

Que sus desavenencias con empresarios y hombres de negocios, no es con todos, solo con sus enemigos que arremetieron contra él, en lo que llama el fraude del 2006, en clara alusión a quienes publicaron y firmaron el desplegado periodístico de hace unos días. Que la iniciativa de cancelar el proyecto del aeropuerto de la Ciudad de México, y de anular la reforma energética, va en serio, y serán ambas, banderas ancla de su gobierno, a remedo del muro y la migración de Donald Trump (deduzco yo).

Que busca contar con mayoría en las cámaras del Poder Legislativo, para lograr la anunciada transformación nacional. No tan solo, no se refirió, a que pasaría si no cuenta con esta, el da por hecho que tendrá la mayoría, pues no tiene en su agenda de gobierno, un plan b, para en caso de no ser así. Que la iniciativa de revocación de mandato será trianual y no bianual como lo ha dicho una y otra vez, para que no cueste mucho, además de que serían tres años suficientes para dar los resultados transformadores prometidos.

En fin, estimado lector, que la comparecencia mediática que hoy le comento, resulto ser, por una parte, un ejercicio periodístico aparente o real, de cambio de actitud de la empresa televisiva que lo promovió, por cierto antes y durante mucho tiempo, enemiga acérrima del Lopezobradorismo. Y por otra, una cadena de imprecisiones y debilidades estructurales de un proyecto político y de gobierno, que no alcanza crédito racional, y si por el contrario, exhibe sin lugar a dudas, el anhelo mesiánico de utilizar la palabra y el concepto de cambio, como eje principal de una campaña política que pretende utilizar la inconformidad generalizada como supuesta razón de ser. Que dios nos ampare si logra tener éxito todo esto.

Falta, también, por una tercera parte, comentar  algo de lo que poco se han ocupado los medios y la comentocracia en general. ¿Qué sucedería?. Me pregunto, si en este insano afán populista se llegaran a encontrar o desencontrar, en el ejercicio del poder, dos visiones religiosas distintas, o bien, opuestas en el peor de los casos, no tanto en sus orígenes, pero si en sus funciones prácticas y de culto. Me refiero al Clero Católico y el Clero Cristiano. Tema del que bien podría valer la pena platicar más adelante, dado la conocida fe que profesa el señor López, desde luego con el debido cuidado y respeto, para no ofender o lastimar a nadie.

Nos vemos y leemos el próximo martes.

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