Educar es su pasión

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Shalma Castillo.-

Cd. Victoria, Tam.- Es un trajín interminable…

Es director, administrativo y maestro de 17 alumnos. Atiende ahí a escolares de todos los grados…

Es una agotadora tarea que Víctor Eduardo Ruiz García, con tan solo cinco años de antigüedad, desempeña con todo profesionalismo en una escuela rural unitaria, en Villa de Casas.

Frente a necesidades latentes como la falta de agua, infraestructura, útiles escolares y hasta maestros, el profesionalismo y la dedicación del novel mentor florece y saca adelante diariamente esta importante labor…

Una profunda satisfacción es el enorme pago al lograr enseñar las operaciones matemáticas principales y, además de ello, enseñarlos a leer y escribir…

“Ser maestro de área rural te deja muchas enseñanzas, el trato con los alumnos y padres de familia es más cercano, entiendes sus necesidades y encuentras más fácil sus habilidades que tienen en el trabajo diario”, expresa.

Víctor diariamente toma carretera, emprende su viaje desde Victoria para recorrer cerca de 40 minutos de trayecto, pues lo esperan los alumnos con alegría y entusiasmo para aprender.

Así es como llega a la Escuela Primaria, “Lic. Benito Juárez García”, en el ejido Cinco de Febrero, en Villa de Casas, donde ya es conocido por todos los habitantes de la comunidad.

Platica que en su experiencia como profesor del área rural conoce la calidez y sencillez humana de las personas que viven en lugares marginados.

Es notable la diferencia entre los alumnos de la ciudad a los del campo, pues como alumno normalista llegó a practicar en escuelas urbanas.

Dice que de los niños de las comunidades rurales uno aprende desde la humildad y sencillez, como algo tan simple que es el valor de compartir.

“Cuando les mandan lonche empiezan a ofrecer a la persona que esté, ofrecen lo que tengan sin pensar que se van a quedar con menos, ese tipo de valores no lo encuentras tan fácilmente en niños de la ciudad”, expresa.

Otra característica del niño del campo es que, por ejemplo, cuando a uno se le olvida la tarea en su casa, es fácil que la mamá o el vecino se la lleven a la escuela.

“Cuando un niño no trae la tarea en el área rural, van a su casa por ella, en la ciudad, no pueden salir de la escuela por ella… tienen esa facilidad, ya sea porque vive a lado de la escuela o le grita a su mamá y se la pasa por la cerca”, enfatiza.

El trato de los padres es diferente, pues cuando el profe manda llamar a una madre y le dice que su hijo se portó mal o le da detalles del alumno… es más fácil que la mamá rural entienda.

“Las mamás de las comunidades te comprenden porque sí conocen a sus hijos, están siempre con ellos, los llevan, los traen y conocen sus actitudes, son más nobles y es más fácil hablar con ellas”.

Las anécdotas son interminables… pues día a día se suma una a ese libro de historias de un maestro rural…

“Todos los días tengo experiencias diferentes, desde animales que se meten a la escuela como gallinas, caballos, perros, burros, las chivas se suben a mi carro, es algo que no ves en la ciudad, también anécdotas de chistes que me dicen los niños, cosas que les pasan”.

O como el primer alumno al que le enseñaste a leer, ese te marca en tu vida como maestro.

“Lo que me gusta es ver a un niño aprender; Santos, un ex alumno de otra comunidad, fue el primer alumno que enseñé a leer, es algo satisfactorio que aprendan a leer, las tablas, sumar, restar”…

Las necesidades siempre van a existir, sobre todo en zonas rurales, y en esa primaria no es la excepción.

Menciona Víctor que la dificultad es la distancia que tienes que viajar diariamente, el exponerse a la carretera de algún accidente.

Estando en el ejido el problema es la falta de agua, las necesidades de alumnos como de útiles escolares, uniformes, mayor infraestructura, más maestros, porque trabaja en escuela unitaria y faltan docentes de educación física y otras clases.

Dar clases multigrado, es decir de primero a sexto año, no es cosa fácil…

Pues dice que mientras un alumno no sabe leer y no conoce letras ni números, a la vez tienes que enseñarle fracciones a los de quinto…

“Es un subir y bajar en la enseñanza, es agotador, pero es tu trabajo y tienes que realizarlo de la mejor manera”, enfatiza.

A estos alumnos de pueblo les gusta mucho participar, tanto en las clases como en festivales… ah y les encanta bailar…

“El Día de las Madre querían que sus mamás vieran el trabajo que hacen, les gusta participar en canto, baile y viajar a escuelas de la cabecera municipal a concursar”.

Por las tardes, los alumnos comparten que le ayudan a su papá en el campo, van a trillar, sembrar o darle agua a las vacas…

Aunque no es como antes, que el maestro manda… pero en la zona rural, al maestro lo siguen respetando y lo ven como autoridad, “ahora las madres y padres de familia tienen mucha voz y voto, dan su opinión, antes no era tanto ese tipo de aspectos, pero está bien, porque ayuda en las actividades de la escuela.

 

TODA UNA VIDA ENSEÑANDO

A sus casi 80 años de edad, Blanca Alicia Tamez Hinojosa continúa enseñando…

Con una carrera que inició en 1970, y dos años después en la Escuela Preparatoria Federalizada Marte R. Gómez, donde sigue firme, y con el mismo entusiasmo que hace 48 años…

Viendo generación tras generación, que ahora se han convertido en doctores, ingenieros, maestros, abogados, arquitectos…

Ahora imparte las materias de etimologías grecolatinas y habilidad lectora, pero la primera vez que dio una clase, fue lógica y ética.

Su pasión por enseñar va más allá, pues por la mente ni en planes tiene jubilarse…”¿para qué me jubilo, para quedarme sentada en mi casa sin hacer nada?, mejor continúo haciendo lo que más me gusta”.

De todos los maestros de la escuela, Blanca es la que nunca falta, a excepción de que se presente algún problema mayor, pero mientras tenga salud, ahí estará presente.

“Nunca falto a la escuela, todos los días me levanto a las 4:30 de la mañana, me arreglo, tomo un ligero desayuno y a las 6:15 me vengo a la escuela, para las 7:00 doy mi primera clase”.

Aunque con los años las generaciones han cambiado, ella continúa con el mismo entusiasmo, dice que antes los alumnos mostraban más interés por aprender, tanto que por las tardes organizaba círculos de estudio en su casa, los jóvenes se organizaban y asistían para aprender o repasar alguna clase.

“A mí lo que me gusta es la docencia, dar clases me encanta”…

“El día que el Creador del Universo me diga hasta aquí, es el día que yo dejaré de dar clases, solo que tuviera ya alguna limitante, como la memoria, no poder movilizarme o depender de alguien”, enfatiza.