Tiempos de evaluar (II)

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Jaime Elio Quintero García

 

 

Ciertamente, son estos, los actuales, tiempos de mirar y comentar con usted, amigo lector, las propuestas, posicionamientos y postulados que hasta la fecha han presentado al electorado los principales aspirantes, en su calidad de candidatos, a la presidencia de la República. Son en términos objetivos, básicamente tres: la propuesta económica, la social y la política, de estas, se pueden inferir con buen nivel de certeza los posicionamientos programáticos e ideológicos de cada uno de ellos, y así, los caminos por los que seguramente circularía el ejercicio del poder en México, durante los próximos seis años, tanto en el Poder Ejecutivo Federal, como en las cámaras del Legislativo nacional.

Es claro que la óptica estaría puesta, en el combate a la corrupción, en la democracia representativa y el liberalismo económico, para lo que el actual Gobierno de la República deja listo el andamiaje constitucional, legal e institucional, derivado de amplias y largas negociaciones políticas en ambas instancias legislativas, y de acuerdos en términos de iniciativas y reglamentaciones operativas con el ejecutivo (sistema nacional anticorrupción).

En cuanto al tema de la democracia, también hay a la fecha importantes avances, en garantías individuales, derechos humanos, instrumentos legales para garantizar la gobernabilidad del país, y un sistema electoral sólido y bien arropado por instituciones administrativas y jurisdiccionales serias y conscientes de su autonomía y fuerza jurídico- constitucional.

En lo económico, dejan por supuesto él, y los anteriores regímenes de Gobierno federal, instituciones y autoridades financieras consolidadas, un banco central autónomo y bien protegido de injerencias ajenas al modelo económico en curso y su correspondiente política monetaria y control de la inflación, además de un régimen de economía abierta y de libre mercado perfectamente claro, y fuertemente fortalecido por las trece reformas estructurales acordadas al inicio del actual gobierno.

Para el PRI y sus partidos coligados, las cosas van en contra corriente, como suele pasarle a los partidos en el poder, pues le ha tocado por una parte, cargar con las críticas y descalificaciones de los izquierdosos opositores al actual modelo económico y financiero, al que se niegan a darle el tiempo necesario para revertir los pasajeros malos efectos sociales.

También así, a recibir y soportar las descarnadas y no pocas veces exageradas generalizaciones y malas críticas, siempre en detrimento electoral propio, acerca de los excesos y abusos cometidos por algunos de sus gobiernos regionales, evidentemente y de todos conocido, sujetos éstos actores, a los procesos judiciales correspondientes; Así, estimado lector, hay que señalarlo, por necesidad partidista propia, reconocimiento social legítimo, y salud política general, ya que mucho ayuda la sana disposición del Gobierno que empieza el verdadero cambio, limpiando primero su casa, para seguir luego con lo demás.

Por otra parte, y no en segundo término, la propuesta priista en materia de política social, hace la otra diferencia, ya que el posicionamiento político e ideológico, es transparente y por demás reivindicatorio, sacar de las limitaciones económicas a las clases medias bajas, y de la pobreza y la extrema marginación por la vía del beneficio productivo individual y de grupo social (Estado compensatorio), y no como lo proponen los demás, del subsidio perene y creciente (Estado benefactor clientelar).

En el primero, el del PRI, el Estado a través de sus instituciones genera políticas públicas para abrirle espacios a la movilidad social y la superación personal y familiar, en el segundo; el Estado busca mantener en los límites de la subsistencia, a aquellos grupos sociales considerados ideológicamente subproducto del progreso y el desarrollo, esta última es la propuesta del socialismo y la opción del lopezobradorismo y Morena.

La propuesta social del PAN, por otra parte, es impulsar el desarrollo y el liberalismo económico para que en el largo tiempo los particulares con sus propios salarios, sean capaces de pagar satisfactores sociales como la educación y la salud, entre otros de los considerados básicos, dejándole al Estado como única o mayor responsabilidad, la seguridad pública, la impartición y administración de justicia, la infraestructura y otras inherentes al objetivo de limitar al máximo su intervención regulatoria y compensatoria.

De la tercera opción electoral para el próximo uno de julio, ni que decir, todo o mucho de lo que postula y dice el señor López, que no tanto Morena, que implementará llegando al poder, huele a viejo, es y forma parte de lo que fueron los primeros regímenes posrevolucionarios en México, de épocas del socialismo teórico y el comunismo práctico, autoritario y fracasado. Épocas del caudillismo imperial, en las que el caudillo sustituye al Estado y se constituye en Gobierno.

Es lo que propone el señor López, y que se niegan a aceptar sus seguidores, el regreso al obsoleto Nacionalismo Revolucionario, en el que él se formó ideológicamente y creció políticamente, son estas viejas prácticas de democracia simulada, de economía cerrada y proteccionista, que tuvo en México durante el Desarrollo Estabilizado, sus mejores tiempos, vigencias y ganancias sociales, desaparecidas rápidamente por insolventes.

Son luego entonces, amigo lector, tiempos estos, de evaluar propuestas y porvenires, de mirar hacia adelante, y hacia atrás, solo para no volver a equivocarnos, tiempos tan decisivos que precisan de pensar con la sabiduría adquirida y no con el hígado y demás viseras, ya que el odio, el rencor y la maldad nunca fueron ni serán buenos consejeros.

Nos vemos y leemos el próximo martes.

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