¿Qué pasa con la CIDH?

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Jaime Elio Quintero García

 

Se trata de un organismo internacional dependiente de la Organización de Estados Americanos (OEA), que junto al Tribunal Interamericano de Derechos Humanos, han de velar por que en el conjunto de naciones americanas que la integran, se respeten los principales derechos civiles postulados en los principios y contenidos de los regímenes democráticos de América, tiene su sede en Washington D.C…

Más el punto a debate, no es su forma constitutiva y facultades, es la forma selectiva y en muchas ocasiones sediciosa en la que interviene, ante la presunción de actos de gobierno violatorios de los derechos humanos, principalmente en los países latinoamericanos, no tanto, para no exagerar y decir que nunca, en los anglosajones como Estados Unidos de Norteamérica, y Canadá, y no porque en esos países no se violen los derechos de las personas.

En esos países, es pública la presencia de actos xenofóbicos por parte de autoridades de gobierno, de agresión policíaca en contra de minorías ednicas, permanentes asedios y actos atemorizantes y de pervertido enjuiciamiento en contra de migrantes de todas las nacionalidades, que por diversas razones viven, legal o ilegalmente, en ambos países sajones. Ahí en esas naciones, a la sazón los mayores contribuyentes económicos para el sostenimiento de la OEA y sus organizaciones dependientes, es notoriamente omisa la intervención o el pronunciamiento dogmático de los derechos humanos.

Con que calidad moral y ética la OEA, la OIDH y el Tribunal correspondiente, asumen el poder de facto, por ejemplo en Guatemala, en Honduras, ahora avanzan en Nicaragua, y en otras naciones soberanas, enviando a sus misiones activistas políticos reconocidos por su radical anti-gobiernismo, que lejos de colaborar en la solución y posible castigo de los infractores, provocan con su afán mediático revueltas en contra de gobiernos legítimamente constituidos. Y mire usted, amiga y amigo lector, que con esto no quiero decir que en estos países, como en todos, no se cometan actos violatorios al derecho y las garantías individuales de los ciudadanos.

El punto no es ese, el punto es que ante la presencia de supuestos actos inhumanos o de faltas graves a la democracia, pase la CIDH y la propia OEA, por encima de la soberanía de las naciones (siempre las más débiles económicamente y con mayor fragilidad institucional), no obstante la firma y validez de convenios y acuerdos internacionales que se hayan firmado con las tres instancias interamericanas, o internacionales en lo general, se deben abstener de violar soberanías y condenar instituciones.

La soberanía de las naciones es el principio que vértebra la creación de un Estado, sus leyes e  instituciones públicas. Primero se han de agotar estos espacios de actuación local, y por supuesto los de invitación, desempeño veraz, neutral y de seriedad institucional, para permitir su ingreso y posterior permanencia en los países, que por sus mismas carencias, las nobles tesis que cobijan la protección de los derechos humanos, se politizan a fin de derrocar gobiernos por la vía de la manifestación, pacífica en su origen, pero generalmente trucada en expresiones de odio violento y de sangre por las partes que luchan por hacerse, o no dejar el poder.

¿Qué pasa entonces? con la OEA y la CIDH, por qué no intervienen con la misma fuerza y virulencia ideológica en los países nórdicos anglosajones de América, por qué no se pronuncian siquiera, ante las actuaciones violentas de las autoridades policíacas en sus frecuentes conflictos con los afroamericanos en Estados Unidos, porque callan ante los cotidianos actos de brutalidad cometidos por los agentes de migración en esos países, porqué son omisos ante las declaraciones y posicionamientos de gobierno, del presidente Trump, cuando públicamente califica de animales a los migrantes, por qué no mandan, estos organismos interamericanos, a sus activistas radicalizados, a apoyar de hecho, o mediáticamente, a los migrantes latinos y afroamericanos en la defensa de sus derechos humanos, por qué no se manifiestan ante las repetidas e históricas matanzas masivas de civiles en escuelas y centros de diversión.

¿Qué pasa entonces? con la OEA Y la CIDH. Y qué pasa con la Corte Interamericana, y con los juicios pendientes, o los no resueltos de demandas por inequidad en la aplicación de la justicia en países sajones. Porqué tan solo intervienen en Latinoamérica y en los casos de alta politización, casi siempre, con la idea de apoyar a los contras, y ayudar en la desestabilización de gobiernos legítimos, que precisamente por su proclividad democrática permiten, o solicita su intervención.

Son acaso, como mucho se dice, las trampas del imperialismo nórdico, son muchas las respuestas que habría que buscar en los casos de los tratados internacionales sobre derechos humanos, y sobre el actuar de los organismos internacionales en estas épocas de globo universalidad.

Satanizar a las corporaciones policíacas y las fuerzas armadas nacionales, no es y está demostrado hasta la saciedad, la mejor forma de hacer justicia, conservar la institucionalidad y perfeccionar la democracia en los países de Iberoamérica, entendamos que la naturaleza primigenia de las policías es represiva, son cuerpos que defienden la legitimidad del Estado.

Corporaciones del orden público que actúan en contra de grupos violentos, estén armados o no, que lo luchan así, por incapacidad mayoritaria, al margen de la ley y la constitucionalidad, en contra de gobiernos establecidos y reconocidos, puesto que si fuesen mayoría, como los intereses –antigubernamentales de diversos países, y hasta los internacionales establecidos en esos países, presten hacer creer al público, lucharían dentro de la ley y los sistemas electorales y democráticos vigentes.

Cuidado con lo que hace y dice la CIDH, y las subsidiarias nacionales y regionales, al emblematizar algunos actos de infracción aislados, cometidos o que se pudieran cometer y tratar como excesos de fuerza, y sancionarse por supuesto, y otro asunto muy distinto, lo es, auspiciar y cobijar actitudes y beligerancias facciosas de evidente contenido sediciosos.

NOS VEMOS Y LEEMOS EL PRÓXIMO MARTES.

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