¿Encampañados?

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Adriana Heredia

 

 

Faltan menos de tres semanas para que llegue el día de la jornada electoral donde elegiremos a nuestro próximo Presidente de la República, senadores y diputados federales y en el caso de Tamaulipas con una elección local concurrente a presidentes municipales, un proceso electoral diferente, con una estampa especial ante una posible alternancia y un clima violento con olor a sangre.

Si bien es cierto los asesinatos de candidatos no son la novedad, pues ya se habían registrado, el más sonado en nuestro país fue sin duda el de Luis Donaldo Colosio Murrieta, candidato a la Presidencia de la República y en nuestro estado el de Rodolfo Torre Cantú, candidato a Gobernador de esta entidad, pero con el uso de las tecnologías ahora podemos ver incluso el momento en que les quitan la vida como el caso del candidato a diputado en Coahuila, Fernando Purón, que nos muestra la otra cara de las campañas electorales, la ensagrentada.

En lo que va del proceso electoral han sido asesinados cuarenta y dos aspirantes para diversos puestos de elección popular, si bien es cierto la consultora Etellekt nos hace sobresaltar con una cifra de ciento doce muertos relacionados con la política también es cierto que se refiere a políticos asesinados en este proceso que incluyen desde militantes y dirigentes hasta alcaldes, ex alcaldes, diputados, síndicos, ex síndicos, regidores y ex regidores, de los cuales 28 eran precandidatos (asesinados durante el proceso de precampaña) y catorce candidatos (asesinados durante la etapa de campaña) lo que da la cifra de los cuarenta y dos aspirantes.

Las noticias de candidatos asesinados no han hecho eco entre la sociedad mexicana, pareciera que a nadie le importa que maten a un político, sea del partido que sea, más que a sus familiares, amigos y gente cercana a la campaña u organismo donde se desempeñan, es cierto que la muerte ronda en todos lados sin importar profesión, oficio, condición social, económica o educativa, sin embargo es importante analizar estos temas no sólo porque sean políticos si no aclarar la interrogante que siempre se hace en estos actos ¿qué tipo de políticos eran y porqué los asesinaron?, porque pensaríamos que los privaron de la vida porque eran buenos y tenían buenas propuestas anticorrupción o porque formaban parte del problema, por eso es importante voltear a ver a los políticos que están inmersos en este tipo de asuntos, no sólo de asesinatos si no también de otro tipo de agresiones y denuncias formales, y nos referimos a las levantadas ante instancias jurídicas porque lo mediático, lo que se denuncia en redes sociales y no está sustentado ni siquiera en una querella formal es parte del show de las descalificaciones y de la guerra sucia común entre candidatos.

Hablando de agresiones de otro tipo, por lo menos setenta y tres candidatos han recibido amenazas y actos de intimidación mientras que dieciséis aspirantes fueron intimidados durante la etapa de precampaña; la consultora Etellekt en el apartado de indicadores de violencia 2018 manifiesta que son cuatrocientas un (401) agresiones contra políticos en este proceso que incluyen a parte de los asesinatos, la intimidación, asaltos con violencia, agresiones con armas a ellos y a sus familiares.

 

HAZ

El haz de este reflector es muy claro, el tema de la violencia política va más allá de la violencia verbal o la denominada guerra sucia, hoy nos encontramos con la definición más amplia y directa del término, con la violencia física donde incluso se puede perder la vida, con la violencia psicológica que hace renunciar a una candidatura y con ello dejar en claro que por ese tema no se puede hablar de democracia en los municipios, distritos y estados donde se han registrado dichos actos, faltan menos de tres semanas y en estos días todo puede pasar, esperaríamos que no fuera precisamente un incremento a los actos violentos contra candidatos, pero la tendencia nos dice todo lo contrario.

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