Caudillismo político

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Melitón Guevara Castillo

 

Pasada las elecciones aún es tiempo que, en ciertos círculos políticos, no atinan a explicarse de manera clara lo que sucedió el domingo electoral. Para nadie era un secreto que AMLO tendría una victoria; pero nadie, nadie, imaginaba la magnitud del mismo. Y en este caso, aquí en Tamaulipas, los panistas no lo pueden creer. Les consuela, eso sí, que fue un fenómeno nacional: AMLO solo no pudo lograr la victoria en Guanajuato.

El mapa político electoral a lo largo y ancho de la República se modifica y, en el caso de Tamaulipas, las expectativas de lo que puede suceder el próximo año en la elección de diputados locales, debiera asustar, a quienes gobiernan puesto que si el fenómeno es consistente, de tener un congreso local a modo, se puede transformar en un congreso opositor.

 

AMLO, CAUDILLO POLÍTICO

La elección del uno de julio nos mostró como en México la evolución política de pronto se estanca: un caudillo político, en este caso Andrés Manuel López Obrador, con un trabajo de 20 años, pero solo de cuatro en la construcción de su partido político, logró derrumbar a todo un esquema de partidos políticos y, en la práctica, se habla de que pueden perder su registro hasta cinco partidos políticos; considerando que el PANAL y el PES, son los más fuertes candidatos a perder su registro.

Se festina en todo el mundo que la izquierda mexicana haya llegado al poder. AMLO fue integrando, paso a paso, el descontento de la población hacia el gobierno, la mafia del poder; al menos es la explicación que, hasta hoy, medio mundo acepta como válida: que el hartazgo social, el descontento sobre la corrupción y la impunidad, vacunaron a AMLO en contra de todos los adjetivos, ataques y críticas… es un caudillo porque solo construyó el andamiaje que lo llevo al poder.

 

DERROTA PANISTA EN TAMAULIPAS

Increíble lo que sucedió en Tamaulipas con las senadurías: en los años 2000, 2006 y 2016, sin estar en el poder político, los panistas ganaron la elección, relegando al PRI a ser la primera minoría, a tener solo un senador (termina Manuel Cavazos Lerma). Y ya en el poder, lo más lógico, es que se alzaran nuevamente con el triunfo: parecía que la elección de Ismael García Cabeza de Vaca sería de puro trámite, al grado que el líder estatal llegó a presumir que obtendrían 800 mil votos.

Y nada, resulta que Américo Villarreal Guerra y Guadalupe Covarrubias, se alzaron con el triunfo. Poca diferencia, cardiaca diríase, al grado que inicialmente se daba como triunfador al PAN y MORENA como Américo de inmediato pusieron el grito en el cielo y amagaron con impugnar los resultados. Américo, sin experiencia política, ahora está en el pináculo del poder, con la posibilidad de que, en 4 años más, puede convertirse en el candidato a gobernador… y ahí sí, todo va a seguir dependiendo de AMLO, de que gobierne bien y siga teniendo el apoyo del pueblo.

 

¿QUE SUCEDIÓ CON GATTÁS?

Llama la atención lo que sucedió en algunos distritos electorales o municipios. Por ejemplo, en Reynosa, para MORENA se daba por seguro el triunfo con el JR. Y nada, perdió la elección y Maki Ortiz refrendó su autoridad política con su reelección y se convierte, así, en un referente para la próxima elección estatal. ¿Por qué perdió el JR pero si ganaron los candidatos a diputado de MORENA? La única explicación es que Maki hizo la diferencia; su trabajo la respalda.

Y en el caso de Victoria, diríamos, se cuece aparte: ¿Por qué ganó el PAN y no MORENA? La única explicación que yo encuentro está en que, esta región, tiene una vocación económica de servicios: casi todos están vinculados al Gobierno estatal y operó, de alguna manera, influyó pues, para que burócratas estatales y sus familias emitieran su voto a favor del partido en el poder. Fue mayor la influencia del poder que el hartazgo y rechazo que sucedió en todo México. Así Lalo Gattás ya acumula dos derrotas; en tanto que Nayma Karina Barquierena y Mario Arizpe cumplieron su encomienda.

 

CANDIDATO PERDEDOR

El gran perdedor de la elección fue, no José Antonio Meade, porque él ya estaba derrotado antes de su nominación. Lo fue Ricardo Anaya, el joven maravilla que fue construyendo paso a paso, traición a traición, su candidatura; desplazó a Margarita Zavala y a Rafael Moreno Valle, construyó un Frente y, aun así, obtuvo 108 mil votos menos que Josefina Vázquez Mota. Al final, su propia candidatura lo destruyó políticamente, puesto que ya un grupo de gobernadores de su partido construyen vías para un nuevo liderazgo. Lo perdió su ambición juvenil.

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