¡Gracias Uruguay!

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Libertad García Cabriales

 

 

Nada podemos esperar sino es de nosotros mismos

                          José Artigas (libertador de Uruguay)

 

 

“Todas las calles conducen al río mar, de todas las terrazas se divisa el mar río”, dice como nadie Mario Benedetti en su poesía para referirse a Montevideo, su ciudad amada. Y nadie que haya leído al gran escritor uruguayo, puede recorrer esas calles, contemplar ese mar-río, sin pensar en sus letras, sin repetir en silencio su poesía. Montevideo lleva en su esencia la palabra de sus literatos: en sus imponentes edificios de bellos balcones, en los álamos desnudos de su invierno, en la gente que caminando toma su mate en La Rambla, una bellísima avenida que bordea la costa del Río de la Plata.

Estar en Uruguay es sentir el influjo de su cultura, dejarse llevar por los aromas de su naturaleza, aprender de su historia, conocer su identidad, pero también reconocer la pluralidad que se practica. Porque viajar no es sólo moverse, sino abrir la mente y el corazón para aprender y disfrutar. Todo eso y más pude vivir en el país austral. A cada paso, en el aire respirado, en la belleza del paisaje, en el pan de la mesa, en la palabra y los inolvidables gestos de amistad de uruguayos que viven a su tiempo, sin prisas; orgullosos de habitar el país más pacífico de Latinoamérica.

Porque además de paisajes espectaculares y una cultura plena de sabores y saberes, la República Oriental del Uruguay tiene indicadores sociales envidiables. No en vano se le ha conocido como la Suiza de América. El mejor lugar para vivir en Latinoamérica según el Banco Interamericano de Desarrollo. Pero su historia no ha sido fácil, padecieron una brutal dictadura (1973-1985) y apenas hace trece años a la llegada del Frente Amplio al poder, es que muestran una recuperación evidente. Primer lugar en democracia en América latina, primero en índice de prosperidad y lo que es más admirable, primer lugar en transparencia; la corrupción no parece ser problema para los uruguayos. Además la tasa del desempleo es muy baja y no hay analfabetismo.

Y eso se percibe al observar las dinámicas cotidianas, al caminar y conversar con la gente. La maravilla de andar en la calle hasta muy tarde sin miedo, las plazas sin indigentes (primer lugar también en menor indigencia), el tráfico fluido y los ciudadanos generalmente tranquilos. Una sociedad que se percibe igualitaria, han logrado disminuir la pobreza de 40 por ciento a nueve por ciento y se precian de haber bajado  alcoholismo, tabaquismo, obesidad y muerte materna a través de políticas instrumentadas por su médico presidente Tabaré Vázquez. Una nación que además tiene en su haber a uno de los políticos más reconocidos del mundo: Pepe Mujica. Líder social muy querido por las mayorías, preso que padeció en su tiempo la brutal dictadura, presidente transformador y ahora senador, reconocido siempre por su sencillez y sabiduría.

Trece años de gobiernos de izquierda que han dotado al país de cifras impresionantes, pero especialmente una calidad de vida reconocida. Un país pequeño en geografía pero grande en ejemplos democráticos y productivos; el 90 por ciento de su territorio es productivo. Saborear el delicioso pan, carne exquisita, el emblemático dulce de leche, excelentes vinos, acceder a vastas librerías y buenos teatros; es reconocer también las políticas públicas. Conocido como el país de las muchas vacas, porque hay más de 14 millones de bovinos en un país con tres millones de personas, Uruguay también es reconocido por no haber privatizado los sectores estratégicos que son puntales del desarrollo económico de la nación.

Un país fascinante que tuve el privilegio de visitar gracias a la invitación de su gobierno a través de su Secretaría de Educación y Cultura  y el Senado de la República del Uruguay. Visita que no hubiera sido posible sin las amables gestiones de la Embajada de Uruguay en México, quien propuso un intercambio de experiencias en el tema cultural entre ambos países. Así, tuvimos reuniones de enorme interés con la Ministra de Educación y Cultura y después llegamos al bellísimo Salón de Pasos Perdidos en el Palacio Legislativo de Uruguay, imponente símbolo de la poderosa democracia representativa del país, para hablar de la grandeza de nuestra tierra, del quehacer cultural, para enlazar anhelos y compartir experiencias en la firme convicción del poder transformador del arte y la cultura.

Una vivencia memorable de enorme aprendizaje y reconocimiento de la hermandad entre nuestras naciones. La patria del general Artigas, de los poetas Onetti y Vilariño, del gran Galeano y de la intensa pasión futbolera, la tierra de la nostalgia benedettiana, el Uruguay del mate y el candombe, nos recibieron generosamente reafirmando lo mucho que nos une.

Mucho más podría escribir de la maravillosa visita a Uruguay, ya habrá espacio para hacerlo, por ahora termino reiterando las infinitas gracias por la invitación al Gobierno de Uruguay. Gracias Embajador Jorge Delgado, Ministra María Julia Muñoz, Senadora Ivonne Passada. Gracias Mariana, Cristina, muchas gracias a todos por tanto.

¡Gracias Uruguay!

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