Más violencia

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Hazel Valdez Blackmore.-

Ya es común escuchar, ver y leer sobre acciones violentas en todo el mundo, pero cuando las tenemos cerca, impresionan más y nos hacen preguntarnos ¿qué está pasando? ¿en qué mundo vivimos?

Se ha definido la violencia común un “comportamiento deliberado que resulta en daños físicos o psicológicos a cualquier objeto o especie mediante agresión, amenazas u ofensas”.

La violencia ha llegado para quedarse, envenenando a niños y jóvenes que ven la agresividad, la destrucción, la muerte violenta como algo natural. No les afecta ejercerla y quizá piensen que la vida es como un videojuego donde se puede volver a construir lo destruido y quitar y dar la vida.

La insensibilidad se propaga especialmente entre los jóvenes y parece rendírsele culto a la violencia a la que están expuestos en el cine, en la televisión en videojuegos y ahora con tanta frecuencia, en la vida real.

Todos los días nos atiborran con noticias sobre hechos violentos y parece que no tienen fin.

Algunos especialistas hablan de que ciertos jóvenes desorientados, vacíos emocional y espiritualmente, se identifican con el perfil de los asesinos y los consideran como líderes. La mayoría de ellos tienen pequeños en la escuela empiezan a aprovecharse, a agredir a sus compañeritos, sin que los padres traten de remediar esas situaciones.

Los problemas escolares son las primeras llamadas de atención pues los pequeños no tienen conciencia de que están empezando a infringir reglas. Más grandes, empiezan a ser crueles con los animales, cometen destrozos, rompen vidrios, son agresivos, hacen daños en propiedad ajena y pueden llegar a convertirse en seres violentos con trastornos de personalidad que cometen actos de agresión extrema, sin mostrar remordimiento.

Es necesaria la comunicación eficiente con los padres. Los niños viven atiborrados de actividades extraescolares para mantenerlos ocupados y quizá para quitárselos de encima, en lugar de convivir con ellos e irlos integrando a la vida en común.

La sociedad se ha ido deshumanizando cada vez más y se empieza a considerar la agresión, el atropello a los derechos de los demás, como algo normal, casi permitido.

Es tiempo de frenar la violencia, de respetar a nuestros semejantes. El no respetar la fila, estorbando a los demás, o en los lugares destinados a personas con discapacidad, son todos actos de violencia, aunque no los consideremos así, pues estamos atropellando los derechos de otras personas.

Dejemos de pensar solo en nosotros y tomemos conciencia de los demás, del respeto que nos deben merecer.

 

 

 

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