La pobreza pudiera seguir empoderada con AMLO

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Ciriaco Navarrete Rodríguez.-

Este miércoles ocho de agosto del presente año 2018, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), el aguerrido y muy apreciado tabasqueño, deberá quedar ungido como Presidente Electo de México; pero curiosamente, y debido a los artilugios normativos, esa declaratoria y reconocimiento oficial del Gobierno de la República, se demoró casi una cuarentena.

Sin embargo, a pesar de que se desarrolló una notoria y muy tensa calma, de parte del electorado nacional, es evidente que no se caldearon tanto los ánimos, y los operadores del Instituto Nacional Electoral (INE), pudieron hacer su oficioso trabajo de legalización de la elección presidencial que se llevó a cabo en los comicios del día uno del pasado mes de julio, y finalmente ese proceso quedó concluido.

De esa manera, a partir de la fecha en comento, AMLO se asume como el Presidente Electo de México, y esa personalidad le concede el derecho de tomar decisiones propias del cargo que habrá de asumir formalmente a partir del día uno de diciembre, que es el último de los 12 meses del presente año 2018.

Según la evolución histórica de la política mexicana, fue el General Lázaro Cárdenas, el primero de los presidentes mexicanos del Siglo XX, que desempeño ese elevado cargo a lo largo de seis años, toda vez que los regímenes anteriores habían sido de sólo cuatro años, a pesar de que la Constitución General de la República de 1917, ya contemplaba la periodicidad sexenal del ejercicio presidencial.

El turbio episodio inicial que empañó parcial y peligrosamente la acreditación formal del futuro presidente de México, estuvo marcado por dos acontecimientos de gran trascendencia, el primero de los cuales, fue la elevada multa millonaria, que el INE le impuso al Partido Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), y el segundo corresponde a la sospechosa demora para entregarle la Constancia que acredita a Andrés Manuel López Obrador, como Presidente Electo de este país.

Ambas maniobras, además de fueron mal vistas y desaprobadas por todos los mexicanos, hicieron caer en peligrosas sospechas al Gobierno del presidente saliente Enrique Peña Nieto, a tal grado de que el propio candidato ganador de los comicios presidenciales, Andrés Manuel López Obrador, calificó a la referida multa millonaria, que INE impuso en contra del partido MORENA, que AMLO abanderó, y con esa autoridad moral, la calificó como una vil venganza por la estrepitosa derrota que sufrió el partido oficial (PRI).

Y en relación con la demora para la entrega de la Constancia que acredita a AMLO como Presidente Electo, fue la pifia más peligrosa que cometió el gobierno de Enrique Peña Nieto, pero para fortuna nuestra, se impuso la fuerza de la razón por encima de la tozudez política de los operadores del INE, y aunque no se hizo notorio, lo igualmente cierto es que también tuvieron que ceder las fuerzas armadas del país, mismas que siempre operan bajo las órdenes de su máximo jefe, que es el presidente de la República.

Para fortuna del pueblo mexicano, las clases sociales privilegiadas también guardaron un inteligente silencio, porque si se hubieran alborotado, tal vez habrían sepultado en la penumbra de la historia a su máximo protector y cómplice, que durante seis años ha despachado en el mal llamado Palacio Nacional.

A partir de la fecha en que AMLO ha sido reconocido oficialmente como Presidente Electo, se inician las acciones formales propias de la antesala de su ejercicio presidencial sexenal, y es deseable que nos diera la buena nueva de que habrá de conducir al país por la senda de la democracia verdadera, porque de lo contrario seguiría por el mismo camino marcado por el ancestral presidencialismo, que solamente garantiza la concentración del poder nacional en una sola persona.

Y además, hay que decirlo, esa ha sido la causa de la desgracia económica que padecemos quienes formamos parte de las clases populares de México, porque, por otra parte, al presidencialismo también se le puede clasificar como el Régimen de la Pobreza Mexicana, en el cual, los presidentes mexicanos, a partir de la administración sexenal del General Lázaro Cárdenas, solamente se han ocupado de combatirlo falsamente por medio de pronunciamientos mesiánicos y acciones paternalistas.

Pero todos los sucesores del ex presidente Lázaro Cárdenas, se han aferrado al presidencialismo por la sencilla razón de que, con base en el Artículo 27 Constitucional, el presidente en turno se convierte en el legítimo y único dueño de la nación mexicana entera, de tal manera, que los mexicanos no somos dueños ni del aire que respiramos, y por lo mismo, legalmente somos como simples inquilinos de este país, del que en realidad no somos dueños legítimos…¿Lo sabía Usted?

Y a fuerza de ser sinceros, hay que asegurar que, en los análisis jurídicos y realistas, no sería justo hablar con neutralidad, para esconder la sagrada verdad, sobre todo cuando sabemos cuáles son las realidades que atosigan al pueblo de México, como lo es la pobreza en todas sus formas y modalidades, y que, a decir verdad, es inadmisible consecuencia de la carencia de democracia verdadera.

Esa realidad, es el principal de todos los problemas que evidentemente, el Gobierno mexicano, se ha negado a resolver, precisamente porque a partir de Don Lázaro Cárdenas, ninguno de sus sucesores se ha negado a disfrutar de la propiedad absoluta de la nación mexicana.

Y es que ser dueño de México no es cosa menor, porque como ya lo señalé, el presidente de la República es propietario legítimo del territorio continental y del isleño, así como todas las riquezas nacionales del suelo, del subsuelo, del espectro atmosférico, de más de once mil 500 kilómetros de playa y costas, de 200 millas   de mares territoriales (370 km de longitud), y del correspondiente lecho marino.

Y como dice esa sabia conseja popular: ¿A quien le dan pan, que llore?

Email: [email protected] ….Facebook: Ciriaco Navarrete Rodríguez

 

 

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