La soberbia humana

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Alicia Caballero.-

El ser humano es el justo medio entre el micro y el macro universo. El secreto está en entender esta privilegiada posición, saberse parte de ambos.

 

¡Cuánta soberbia tiene el ser humano, cuando se cree DIOS por poseer un intelecto más desarrollado que los demás seres vivos! ¡Cuánto dolor cuando vemos que destruye la naturaleza en aras de la ciencia o el mal entendido urbanismo; en nuestros tiempos, cegar la vida de un árbol, debiera ser penalizado como asesinato, porque tiene el mismo derecho que cualquier ser vivo de conservar su existencia. La ignorancia humana no tiene límites; dependemos de estos nobles gigantes para purificar este ambiente que nosotros mismos contaminamos, además de sus bondades reflejadas en alimento, sombra, belleza y utilidad.

¿Qué hemos hecho como especie con el intelecto maravilloso que nos asiste?

Estamos en una posición privilegiada porque somos el justo medio entre el micro y el macro universo; esta posición debiera ser aprovechada para crecer como especie y no para luchar como bestias por bienes materiales, posición dentro de una sociedad, y sed de POSEER bienes que no nos pertenecen como campos montañas, mares, ríos, desiertos y valles. La capacidad intelectual que se nos obsequió como especie, implica un profundo compromiso con la vida; lo natural es ponerla al servicio de ese hábitat, con el que estamos ligados íntimamente.

El desarrollo de la civilización, nos han convertido en esclavos de “necesidades” creadas por la soberbia humana. Decía el inolvidable humanista Eduardo Galeano:

«Quien no está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen».

El materialismo y los avances tecnológicos, cada vez nos alejan más de nuestros semejantes y de la naturaleza; somos parte de este contexto maravilloso ¡NO SOMOS SUS DUEÑOS! Plantas animales y humanos podemos y debemos convivir en paz de Dios para mantener el equilibrio. Por desgracia, también es parte de la naturaleza humana la soberbia y el afán de poder. La segregación de etnias se hace presente en todo el planeta ocasionado por el afán de poder que hace sentir a un grupo superior a los demás, el racismo ha sido una importante causa de encuentros bélicos, baños de sangre y destrucción sistemática de patrimonios culturales.

Un ejemplo claro lo tenemos en México; constantemente se descubren nuevos vestigios de las culturas prehispánicas sepultados por la soberbia española; se ensañaron en cubrir, pisotear y tratar de destruir a  pueblos maravillosos y cultos que labraban su espacio en la historia y fueron brutalmente aplastados por la ignorancia de conquistadores incultos que lo único que buscaba era riquezas y poder.

La historia está llena de ejemplos trágicos; el siglo pasado, la soberbia y megalomanía de Hitler llevaron al pueblo alemán a extremos inauditos de injusticia al perpetrar el genocidio más grande de los últimos tiempos.

La contaminación ha invadido cielo, mar y tierra, incluso el espacio está siendo invadido por la basura que el ser humano deshecha. Se requiere que la humanidad entera, haga un alto en el camino y vuelva los ojos a nuestro planeta, nuestra naturaleza solidaria con el hábitat y todos los seres vivos que constituimos una unidad indivisible con el medio ambiente.

Hace unos días escuchaba un hermoso poema del primer Presidente  de Senegal Léopold Sédar Senghor,que encabezó las fuerzas izquierditas de su país, “Querido Hermano Blanco” donde reflexiona, con justa razón sobre el hábito que tienen de llamar “gente de color” a quienes son de raza negra; en dicha reflexión, un hombre negro manifiesta: nací negro, crecí siendo negro, si me enfermo, conservo mi color negro, si me enojo, me asusto, sufro, o gozo, ¡mi piel sigue siendo negra, no cambia, sin embargo, tú, hermano blanco, al nacer eres color de rosa, cuando creciste, fuiste blanco, si te asoleas eres rojo, tu color se torna verdoso cuando te llenas de envidia, si tienes frío tu piel es azul, si tienes miedo, palideces, te miras amarillo si te enfermas, verde si te llenas de envidia… y al terminar tu vida, tu piel se torna gris, mientras que yo, en todo momento, seré siempre negro. ¿Entonces? ¿Quién es el hombre de color?…

Esa maravillosa capacidad intelectual que nos otorga el Creador y que ha permitido a la humanidad llegar a caminos insospechados de progreso, es necesario que se ponga al servicio de esa chispa divina que todos llevamos dentro y nos hermana como especie, para entender que lo único que nos distingue a unos de otros, es  nuestro intelecto y  sentimientos, que al final de cuentas, nos dimensionará en el justo valor en el contexto social.

Decía el poeta español Manuel Machado que se hace camino al andar. Es una gran verdad, porque cuando nos preparemos para marchar por otras sendas y otros caminos, ajenos a la temporalidad terrenal nos iremos así como llegamos; sin llevarnos nada de este mundo, pero sí podemos dejar algo; la huella de nuestro paso por la vida, que se convierta en un legado.

Marcos Belmonte remata su poema El Sembrador con la estrofa:

Dijo el loco, y con noble melancolía

por las breñas del monte siguió trepando,

y al perderse en las sombras, aún repetía

«¡Hay que vivir sembrando! ¡Siempre sembrando!…

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