Plaza de los Héroes de la Independencia

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Quien también fue víctima del “embrujo” de Chucha fue el Cronista de Victoria, Francisco Ramos Aguirre; nos reveló que también le tocaron besos y abrazos de este personaje entrañable de la Capital.

Francisco Ramos Aguirre.-

Cronista de Victoria

Se ubica al poniente de Ciudad Victoria. Aunque el predio baldío ya existía desde mediados del siglo XIX, en 1890 aparece por primera vez en un plano de esta Capital, con el nombre de Plaza de Colón, porque ahí desembocaba una calle en recuerdo del navegante, cartógrafo y descubridor de América. Antes de esa fecha, no se conocen registros de la existencia de esta la plaza, alejada del centro de la población. En sus inicios tenía poca infraestructura, si acaso algunas bancas de madera, varios andadores de tierra, veredas de piedra y abundantes árboles.

A finales del siglo XIX se verificaban en ese lugar las tradicionales ferias anuales. Por tanto, las autoridades colocaban numerosos puestos de madera para los expositores. Como lo señala el periódico El Diario del Hogar (01/22/1904) en esos días de fiesta, a 400 metros de la casa del señor gobernador, bajo el amparo de las autoridades se establecieron mesas de juegos prohibidos por la ley, donde: “…muchas personas pobres y de representación van a sacrificar su trabajo, su tranquilidad y el reposo de sus hogares… respecto de esos juegos, poco muy poco significan para un Gobierno que sólo ve sus intereses de partido. “Ante las protestas de la sociedad, ese mismo año, por acuerdo del gobernador Pedro Argüelles, la feria se transfirió a la Plaza Morelos o Plaza de Los Carreones.

En 1890, a partir de la inauguración del Ferrocarril en Ciudad Victoria, la Plaza Colón empezó a figurar de manera importante dentro del mapa urbano. Por tal motivo, las autoridades ordenaron los trabajos de remodelación del mencionado espacio público. Gracias a la nueva imagen, los pasajeros y turistas que arribaban en ese transporte conservaron una buena opinión del desarrollo de la Capital tamaulipeca. Al mismo tiempo, la modernidad generó la apertura de varios hoteles y restaurantes que activaron la vida económica y social en ese sector. Hablamos por ejemplo del Hotel Ferrocarril del Golfo, atendido por Ramón Sottil, personaje de la aristocracia tamaulipeca; el Hotel Navarro propiedad de Tomás Navarro y la Cantina El Golfo.

Años más tarde llegaron los chinos, quienes dejaron buenos recuerdos con sus restaurantes, lavanderías y casas de hospedaje. Uno de ellos era el Hotel y Restaurante de la Estación. Por otra parte, en las calles aledañas a la plaza, fijaron su residencia numerosos trabajadores del riel, procedentes de otras entidades, acompañados de sus familias. Uno de los entretenimientos de los victorenses de aquella época consistía en presenciar la llegada del tren y recibir forasteros.

Debido a la cantidad de casas de madera y chozas con techo de palma, los incendios eran muy comunes en esta Capital. Emilio Portes Gil recuerda que cuando tenía ocho o nueve años de edad, es decir entre 1899-1900, se incendió la estación original del tren. Rápidamente el gobierno y empresa concesionaria iniciaron los trabajos del actual edificio: “El espectáculo que presentó aquel incendio fue inusitado, todo Ciudad Victoria concurrió a la Plaza que hoy se llama del Centenario…El incendio duró desde las seis de la tarde hasta la madrugada, y como no había con que apagarlo, se destruyó totalmente aquella estación, que era tan bonita.” (E. Portes Gil/Mis Recuerdos de Ciudad Victoria/1975). El amplio espacio que conformaban la sala de espera y explanadas de concreto se convirtió en escenario de bailes populares.

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