La Plaza de los Héroes (II)

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Quien también fue víctima del “embrujo” de Chucha fue el Cronista de Victoria, Francisco Ramos Aguirre; nos reveló que también le tocaron besos y abrazos de este personaje entrañable de la Capital.
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Francisco Ramos Aguirre.-

En la primera década del siglo XX, la población de Ciudad Victoria, tenía alrededor de 12 mil habitantes. En esos tiempos, se organizaron las primeras industrias que dieron empleo a la clase obrera. Por ejemplo una fábrica de pastas alimenticias, propiedad del italiano Zappino, inaugurada por el gobernador Pedro Argüelles, con asistencia de comerciantes locales. También fue memorable la apertura de la fábrica de Jarcias La Estrella especialista en mecates y costales de ixtle; la procesadora de Cigarros de Hoja La Favorita y La Suprema dedicada manufacturar dulces y repostería que vendía Juan Botello.

En agosto de 1909, la Comisión Nacional Organizadora del Centenario de la Independencia, anunció una serie de obras de infraestructura en ciudades y pueblos del país. Para Ciudad Victoria se propuso establecer el monumento a los héroes de la independencia de México y la compostura de la Plaza Colón, con un costo de 16 mil pesos. Para recabar fondos, se integró un comité ciudadano que apoyó económicamente su levantamiento. En tanto, la cabecera municipal de Mier se benefició con un edificio para la escuela primaria. A Xicoténcatl le correspondió una escultura de Miguel Hidalgo.

Bajo estas circunstancias, se inició con gran diligencia la erección del conjunto escultórico en el centro de la Plaza Colón, utilizando una estructura de sillar, forrada con mármol de Carrara, Italia. El diseño y obra, donde resaltan sobre una enorme columna las figuras de Miguel Hidalgo, Mariano Matamoros, José María Morelos, Vicente Guerrero y Guerrero Allende, estuvo a cargo de los escultores Antonio y Paulino Decanini, quienes llegaron a Monterrey procedentes de Lucca, Italia. Finalmente, en medio del enorme júbilo victorense, el 18 de septiembre de 1910 se realizó la solemne inauguración del monumento.

Vale decir que esta ceremonia fue en el marco de otras actividades, donde colaboraron autoridades políticas, sociedad civil y un comité organizador que desde julio se preparó para ese acontecimiento: «…se habla de un combate de flores, de una gran cabalgata cuando lo menos de 500 jinetes, carros alegóricos, juegos de sport en los paseos públicos, representaciones teatrales gratis, fiestas escolares, etc…etc…» (El Imparcial/8 de julio/1910). Dentro del programa se contempló un certamen ganadero, agrícola e industrial y un Congreso Pedagógico.

Si hacemos un breve repaso de los beneficios de infraestructura aplicados por los gobiernos a la Plaza Colón, encontraremos que en 1913, se invirtieron mil 800 pesos para la construcción del piso de concreto. Es comprensible que inspirados por el conjunto escultórico, en 1915 el cabildo victorense acordó se denominara: Plaza de los Héroes de la Independencia. Desde entonces, ese sitio donde se fomentan los valores cívicos y patrióticos, ha mantenido una estrecha relación con la dinámica urbana.

Respecto a la estación del ferrocarril de Ciudad Victoria, como sucede en la mayoría de los pueblos, se constituyó en punto de encuentros emotivos, recuerdos, bienvenidas y adioses de numerosos personajes que estuvieron de tránsito en esta capital. Por ejemplo: el jefe constitucionalista Venustiano Carranza, el general Álvaro Obregón, los obispos Ignacio Montes de Oca y Eduardo Sánchez Camacho; el príncipe Eduardo de Windsor y su esposa Wallis, el célebre pintor Diego Rivera, el músico Jaime Nunó, el novelista José Revueltas, el líder ferrocarrilero Demetrio Vallejo y muchos más. Todavía en la década de los treinta del siglo pasado, afuera de la estación había servicio coches, victorias o jardineras de caballos para turistas y parroquianos. Después aparecieron los vehículos de motor, en especial los Ford de los años veinte que hacían funciones de carros de sitio para transportar a los viajeros.

Al abrir el archivo de la memoria urbana, encontramos que hacia 1920, muy cerca de la estación ferroviaria existió una «casa de asignación» o burdel con cantina. Décadas más tarde, operaba por ese mismo rumbo la Casa de Citas de María la Barca, célebre regenteadora de mujeres, originaria de Jalisco. Se trata de uno de los antros más conocido entre las décadas cuarenta y cincuenta del siglo pasado, donde acudían en busca de diversión y bajas pasiones, personalidades relacionadas con la política, milicia y comercio local. La propia María, presumía contar con el discreto encanto de las autoridades.

Hace algunos años, luego de la privatización de Ferrocarriles Nacionales de México, se suspendió el tránsito el tráfico de pasajeros. Desde entonces la estación, permanece en el abandono. En su complicada metamorfosis urbana, la plaza se convirtió en un sitio donde operan numerosos puestos de comida, juegos mecánicos, mercados ambulantes y viveros de plantas. El área gastronómica más tradicional de este lugar, son los puestos de comida ubicados en las calles aledañas. Ahí se preparan desde hace más de sesenta años, platillos relacionados con la cocina típica tamaulipeca, principalmente tacos, chiles rellenos, pollo frito y gorditas que cientos de victorenses saborean durante el día.

Las plazas públicas, son imagen y espejo de la ciudad y los barrios. Espacios del acontecer social donde todos los días, se escribe buena parte de la historia, crónicas y anécdotas de la vida provinciana. A pesar de las transformaciones y arbitrariedades en sus remodelaciones, las plazas de Victoria, representan uno de los elementos urbanos más importantes. Sobre todo, juegan un papel clave en la convivencia recreativa de sus habitantes.

 

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