La Plaza Juárez

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Quien también fue víctima del “embrujo” de Chucha fue el Cronista de Victoria, Francisco Ramos Aguirre; nos reveló que también le tocaron besos y abrazos de este personaje entrañable de la Capital.
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Francisco Ramos Aguirre.-

Dentro del almanaque cívico mexicano, probablemente el nombre de Benito Juárez, sea el de mayor influencia y culto en calles, teatros, cines, esculturas, retratos, poemas, mercados y plazas del país. Definitivamente, correspondió a su paisano el oaxaqueño Porfirio Díaz, iniciar la construcción del mito y preservar históricamente la memoria y figura de este personaje. Durante muchos años, el Benemérito de las Américas representó un elemento imprescindible en el discurso político de los gobiernos.

Inicialmente la Plaza Juárez (15 y 16 Hidalgo) se llamó Plaza de la Libertad. Esta cambió de nombre en 1897, cuando el gobernador Guadalupe Mainero inauguró en ese lugar de convivencia social, el busto de Juárez, obra en bronce del famoso escultor hidrocálido Jesús F. Contreras, encomendada por teniente coronel Manuel González. Este hacendado, empresario y filántropo, aspiraba ocupar la gubernatura de Tamaulipas.

Por varias décadas, se concentraron en sus calles aledañas, gran parte de las familias oligárquicas y comerciantes de la capital tamaulipeca. En la esquina del noreste se localizaba un Banco de Carne o carnicería propiedad de Agustín Escobedo. Todas las mañanas muy temprano, anunciaba la venta de chicharrones de res, con un cencerro que se utilizan para el control del ganado. En 1933 Pepe Barella abrió en la acera norte, un restaurante de antojitos mexicanos, Al otro extremo de la plaza, a un costado del Casino Victorense, vivió don Desiderio Gómez, a quien apodaban El Cuetero, porque se dedicaba a la manufactura de fuegos artificiales; mientras que Francisco Terán, uno de los más ricos de Victoria, atendía una tienda de ropa y abarrotes en la esquina sureste. Dice el periódico El Gallito (abril/1935) que estaba rodeada por bancas metálicas, y enfrente existió el Estudio Fotográfico Iris de J. del Castillo.

En 1890, había por ese rumbo una empresa expendedora de bombas de vapor para riego y molinos de caña, propiedad de los Hermanos Filizola, quienes también se dedicaban a la exportación de lechuguilla y efectos del país. En tanto la iglesia del Sangrado Corazón, se había construido al oriente de la plaza en terrenos propiedad de Domingo Pier. En el sector sur, donde ahora se localiza el Palacio de Gobierno, existió el Gran Teatro Juárez, inaugurado en septiembre de 1899: «…regio y magnífico edificio que embellece mucho aquella ciudad, tiene veinte plateas, veinte palcos y 300 lunetas, con una galería para 600 personas: consta de tres pisos, volados de fierros construidos en las fundiciones de Monterrey…» (Anales del Cine en México/Juan Felipe Leal/2007).

Vale decir que a partir de la inauguración del palacio de gobierno, la plaza se convirtió en una de las más concurridas de la localidad. Además, la Banda de Música del Estado ofrecía cada jueves conciertos o serenatas. En 1987, inició actividades el Centro Cultural Tamaulipas. Este monumental edificio, sustituyó a los inmuebles que ocupaban el Cine Terraza Obrero, el Hotel Las Palmas, la Farmacia El Fénix, El Café Teka, El Bar Tampico, Tlapalería Monterrey y algunas casas particulares.

A lo largo de la historia, la plaza ha sufrido varias remodelaciones. Una de ellas sucedió en 1908, cuando se dotó de baldosas, bancas de fierro y alumbrado eléctrico. En 1950, las autoridades del gobierno retiraron numerosos árboles, mientras el busto de Juárez fue trasladado a San Carlos. En su lugar colocaron hombro a hombro las esculturas de Venustiano Carranza y Benito Juárez. Además se plantaron árboles y rosales en los jardines. Durante poco tiempo, el lugar cambió de nombre a Plaza de la Constitución. Parte de la obra fue ejecutada por el ingeniero Pablo Jiménez Nájera. El único que protestó por la remodelación fue el poeta Arnulfo Martínez, con un par de versos:

Y siguió Arturo Olivares,

diciendo sus disparates,

que ahora la Plaza Juárez,

es la Plaza de «Los Cuates.»

De aquel conjunto escultórico, sólo quedaron recuerdos y los versos espontáneos de Arnulfo Martínez, a quien apodaban El Nivel:

Yendo por la calle Hidalgo,

me encontré con Olivares

y me dijo con cariño:

han puesto en la Plaza Juárez,

un barbón junto a un lampiño.

Vale mencionar que entre la plaza y entrada principal del palacio de gobierno, existió un callejón que comunicaba las avenidas 15 y 16. Por ahí transitaban vehículos y desfiles escolares. En la década de los setenta, se integró al área peatonal de la Plaza Juárez. Otra remodelación y cambio en su fisonomía, sucedió durante el gobierno del doctor Emilio Martínez Manautou, quien ordenó la instalación de bancas, alumbrado público, árboles y retiro la polémica escultura: «los cuates» Juárez y Carranza. Dichas obras, fueron sustituidas por otras de cuerpo entero instaladas en los costados de las escalinatas de palacio. La más reciente remodelación sucedió a mediados de 2016, durante la administración del ingeniero Egidio Torre Cantú. Se dotó de bancas sistema de alumbrado, rampas para minusválidos, bebederos y cambio de piso.

 

Cronista de Victoria

 

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