La industria de la opinión mediática

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Jaime Elio Quintero García.-

En los 18 años de transición democrática en México, de apertura comercial, de dominio del mercado, y globalización económica, que seguramente usted, amigo lector, lo ha percibido, surgió en el país una nueva y vigorosa industria, que ciertamente durante los casi 80 años de dominio del viejo régimen, permaneció en ciernes, sin establecerse de manera abierta y decidida a tomar la parte del mercado y poder político que le corresponde.

Cierto que, aunque siempre presente, me refiero a la gran industria de medios, también, cierto es, que siempre acotada por el arreglo bajo la mesa de dueños, editores y comunicadores, con el poder público, en cualquiera de sus representaciones y jerarquías. Ahora por fin y para bien de la inmadura democracia mexicana, la industria de medios se ha dado cuenta que puede subsistir sola y ejercer su poder popular de frente, y así contribuir al cambio y consolidación democrática en México.

Puede y debe, entonces, la boyante industria de medios, saldar los históricos adeudos, que la libertad de expresión y formación de opinión pública tiene con la sociedad civil y con la misma sociedad política mexicana, pero más aún que esto, con la sustentabilidad y progreso del nuevo contexto de libertades, que ha cobijado de manera progresiva y rápida a México durante estos tres pasados sexenios de Gobierno federal. Esta es la gran oportunidad de la industria de medios y sus grandes comentocracias críticas, que actúan en televisión, radio, prensa escrita y herramientas digitales de saldar esos pasivos históricos.

Esto nuevos e irruptivos escenarios, parecen, hasta ahora, amigo lector, no haberlo entendido los líderes de la mayoría electoral en las cámaras del Poder Legislativo federal, y menos aún en los endebles poderes de las entidades regionales del país. Tampoco este cambio parece haber permeado a los partidos políticos y a los liderazgos sociales nacionales, regionales y locales, quienes pretenden recuperar el pasado autoritario y de prebendas estatistas, que enfrentar el futuro inminente y ya en marcha.

No estamos de acuerdo en lo que dice en las entrevistas de televisión el coordinador de la mayoría legislativa en la Cámara de Diputados, Mario Delgado, en el sentido de que mucho sorprende a los medios la nueva manera de gobernar del presidente electo. No es una, diputado, una nueva manera de gobernar en primer término, es, por el contrario, el autoritarismo para unos incipiente, para otros a punto de aflorar, lo que está reimplantando el ex jefe de gobierno del antiguo Distrito Federal, es una vieja manera de gobernar de los viejos regímenes posrevolucionarios, son estas, recordémoslo siempre, las formas y modos de ejercer el poder que le quitaron el mandato presidencial al PRI en la elección del año 2000 y 2006.

Y son, para sorpresa de todos, esos viejos modos los que al correr de los próximos años le quitarán el poder a quienes ahora lo tienen y han empezado a ejercerlo indiscriminadamente, y lo puede ver usted, amigo lector, en el día a día, en las cámaras legislativas aprobando leyes en resolución rápida y sin discusión, sin escuchar o entender observaciones de nadie y para nada.

En un tema y en otro, de manera sucesiva y rápida, los temores y supuestos críticos de las campañas electorales pasadas se van revelando y volviendo realidad cotidiana. De manera inexorable se sigue cavando la tumba de la imberbe democracia mexicana, para volver al pasado del viejo régimen político, de mucha gobernabilidad y poca democracia, y a los viejos conceptos de la economía cerrada de precios de garantía, en lugar de apoyos a la producción y la comercialización de los productos del campo.

Subsidios y más subsidios son igual a más impuestos y mayor endeudamiento interno y externo, igual a su vez, a quebranto de los fundamentos de la macroeconomía (finanzas públicas sanas), sustento del desarrollo económico y posterior redistribución del ingreso y el mejoramiento de vida del pueblo.

Gracias por su tiempo.

 

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