El incesto

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Mariano Báez Aguilar.-

Una de las anomalías sexuales más frecuentes, sobre la que poco se ha hablado, pero con frecuencia se presenta y que desgraciadamente, poco se ha estudiado objetivamente para determinar sus causas, es el incesto. Este suceso, descrito en el diccionario en forma somera como “pecado carnal cometido entre parientes próximos”, posee un contenido que afecta las fibras más íntimas del ser humano.

Es apenas después de la mitad del siglo pasado, con la gran apertura sexual, acompañada de una mayor discusión sobre las anomalías sexuales y de proliferación de organismos de protección hacia la mujer y el niño, que se empieza a levantar el velo sobre este tema. Para muchos vergonzante y para otros inexistente, se presenta ante la conciencia pública como un hecho que sucede a diario y del cual se deben conocer sus causas, a fin de saberlo, tratar y evitar.

David Finkelhor, investigador norteamericano, señala que la palabra incesto, abarca, como define el diccionario, el abuso sexual a niños y niñas indistintamente, perpetrado por cualquier persona mayor que tenga parentesco cercano con la víctima: padre, madre, hermanos, hermanas, abuelos, tíos, etcétera. Cabe señalar que, a pesar de su gravedad, el observado entre padre-hija es el que ocurre con mayor frecuencia.

Para explicar este fenómeno, Finkelhor y un grupo de investigadores, propusieron tres teorías que describen las circunstancias que pueden desencadenar el incesto. La primera destaca que uno de los factores importantes para su realización es el aislamiento social de la familia, entendiendo éste no solamente porque este núcleo viva en un lugar apartado, como es el caso en que la familia vive en el campo. También se presenta en las ciudades, donde el grado de aislamiento radica en la carencia de contactos sociales.

La segunda teoría define que el incesto aparece como una confusión de roles dentro del grupo familiar, debido a que el adulto trastoca el carácter que desempeñan los niños dentro de la familia, asignándoles el papel sexual del adulto. En el caso del incesto padre-hija, surge en familias con matrimonios mal avenidos o claramente infelices, donde el sexo entre los cónyuges es desagradable o simplemente no existe. En estas familias el padre es con frecuencia autoritario y abusa físicamente de sus hijos y esposa, con el agravante que bebe mucho. El alcohol, aunado a la frustración sexual y sentimental con su pareja hace que el padre busque ambas satisfacciones con la hija o hijas, que temerosas de su fuerza, son usadas como un remedio de amor conyugal.

Las madres son a menudo causantes y cómplices de esta situación enferma, ya que no están dispuestas o no pueden satisfacer las funciones de su unión conyugal, ya sea por estar enfermas o dominadas por sus propias familias. También a menudo se sienten incómodas con las responsabilidades de la maternidad, por lo tanto, al encontrarse deprimidas, incapacitadas y subordinadas, muchas no pueden proporcionar la debida protección a sus hijas.

A los factores anteriores debe sumarse el elemento económico, que muy a menudo juega un papel decisivo en la pasividad de la madre ante este hecho. Familias muy numerosas, donde el único sostén es el padre, plantean un gran dilema en la mujer; la mayor parte de las veces, la forma de resolverlo es ignorar el hecho por el bien económico de los demás.

La tercera teoría se refiere al comportamiento de la hija y señala que puede ocurrir como respuesta a un agudo clima emocional, dominado por el miedo al abandono. En este tipo de familias, el padre tiene un estilo de vida nómada, y el temor a la falta de padre exacerba en la hija ese miedo al abandono.

En estos casos, donde se tolera y aún se coopera con la relación incestuosa, es porque a través de ella se recibe un tipo de atención y afecto que de ningún otro modo podría obtenerse. Asimismo, la hija puede pensar que sin esa relación no existiría la familia y que si revela o termina con esa situación, acarrearía consigo la disolución familia.

 

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