Pugnemos por una real autonomía en las universidades públicas

0
30
Tiempo aproximado de lectura: 3 minutos

Héctor F. Saldívar Garza.-

En estos tiempos que se avecinan, donde un gran sector de la sociedad los avizora como de cambios importantes en México, dada la sensibilidad mostrada por el presidente electo; es momento oportuno para reflexionar sobre los puntos donde sería prudente promover esas acciones.

Pensando al respecto recomendaríamos una revisión urgente sobre la autonomía de las instituciones educativas de educación superior, ya que esto incidiría en su desarrollo y por ende del país.

Para mayor comprensión del público lector, iniciaremos este artículo ubicando el término autonomía. Proviene del latín auto que significa “uno mismo” y nomos “norma”; traduciéndose a su vez como la capacidad que tiene una persona o entidad de establecer sus propias normas y regirse por ellas al tiempo de tomar decisiones.

Esta concepción comprende una serie de características y elementos referentes a la autogestión. Entre estos elementos podemos incluir la autosuficiencia, la actitud positiva ante las eventualidades por las que transite la dependencia, y el análisis correcto de las normas sociales, entre otras.

Dentro de las dependencias que resulta más prudente regirse de manera autónoma incluimos a las universidades públicas, ya que en México, ellas atienden de manera fundamental a miembros de la clase social media y baja, las cuales de alguna manera deben ser objeto de nuestro mayor interés, para que promovamos la igualdad de oportunidades y mejoremos la equidad social.

La autonomía universitaria se traducirá en una independencia política y administrativa en relación a factores externos; ya que lográndola, ellas eligen su propio reglamento, planes y programas de estudio y algo más que es trascendental, se blindan ante el posible interés del poder político de pretender incidir en sus decisiones financieras y de liderazgo institucional.

Recordemos que las universidades públicas operan principalmente a través de un subsidio gubernamental, el cual debe ser suficiente para que nadie con derecho a recibir educación le sea proscrito, razón por la cual debe mantenerse incólume en las arcas de las universidades para emplearse justo en lo que corresponde; y de acuerdo a la experiencia, son diversas las acciones que son propias de las universidades donde se manifiesta injerencia del exterior, y una de las que más atraen son las relativas al manejo de su financiamiento.

Por lo consiguiente, el motivo principal por lo que se debe obtener la autonomía, es porque se considera que a la educación le corresponde ser definida por quienes la están ejerciendo, y de presentarse la intervención gubernamental, esto ocasionaría finalmente un deterioro educativo. Como bien se sabe, los recursos económicos resultan indispensables para desarrollar sus fines principales: docencia, investigación y la extensión o difusión de la cultura. Ya que para llevar a efecto todas ellas es fundamental contar con docentes, investigadores y personal administrativo con salarios dignos que les faciliten solventar sus necesidades básicas.

E igualmente afirmamos que las instituciones de educación superior son centros donde el desarrollo debería ser permanente, dado que las problemáticas sociales cada día se incrementan y en gran parte los egresados de aquellas contribuyen a su solución. Recordemos que tienen como compromiso estar a la vanguardia de la sociedad, y esto se podría complicar si los presupuestos financieros son reducidos o indebidamente utilizados.

En cuanto al ámbito de la docencia, podrían impactar en un detrimento en la creación de nuevas plazas y con ello, al multiplicarse la cantidad de alumnos de nuevo ingreso, se les asigne a los docentes de tiempo completo más horas frente a grupo, e incluso les incorporen en su horario materias diversas, ocasionándose afectación al proceso enseñanza aprendizaje.

El que exista disminución en el presupuesto para nuevas plazas, también puede ocasionar que las escasas que provienen de jubilaciones, se les asigne únicamente a los jóvenes de reciente ingreso, los cuales son preferidos en las instituciones educativas para cumplir con las disposiciones de organismos internacionales que optan por recomendar la incorporación de personal joven, no obstante carezcan de expertis y en ocasiones posean una preparación que dista mucho de ser la prudente.

También en la operatividad de los talleres, laboratorios o centros de cómputo, la ausencia de apoyos económicos suficientes puede ocasionar que escaseen los equipos de vanguardia, máquinas y partes que se requiere para apoyar el proceso educativo, lo cual incidirá negativamente en el cumplimiento de los compromisos de las instituciones.

En lo concerniente a la difusión de la cultura y extensión, igualmente se afectan las actividades proyectadas, las cuales deberían ser prioridad dada la gran necesidad que existe de elevar el nivel cultural de la sociedad mexicana.

Un renglón que aligera en cierta forma la situación son los apoyos pecuniarios recibidos, como consecuencia de los proyectos propuestos y aceptados por los diversos organismos que financian actividades científicas y tecnológicas.

Como conclusión reiteramos, que las instituciones educativas más tendentes a contribuir en un desarrollo social armónico son las universidades  públicas, por diversas razones como ser receptoras de estudiantes que no poseen un nivel socioeconómico alto, a diferencia de las universidades privadas; y la vulnerabilidad de su autonomía, al transcurso del tiempo lo que puede producir es corrupción, anarquía y un marcado retroceso social.

 

 

 

Comentarios