¡Serenidad en la vida!

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Lilia García Saldívar.-

Sabiduría en letras: La serenidad no es estar a salvo de la tormenta, sino encontrar la paz en medio de ella.

 

(Tomas Kempi) Monje Alemán

 

La escuela prácticamente hervía ante tanta gente, ante tanto ruido, se oían ruidos, risas, gritos, de tal manera que era imposible entender una tranquila plática; era hora de pasar a los salones, el recreo se había terminado y Felipe trataba de ver a su compañero Raúl, con el cual tenía íntima amistad, pasaron al salón, y los gritos del patio se oían ya difusos, tomaron su lugar y estruendosamente se oyó el abrir de los antiguos escritorios de aquella escuela pueblerina, unos se cerraban con –estrépito y otros suavemente; tomaron asiento y la maestra les dijo…

– ¿La lección que vimos antes del recreo trata sobre?…

– ¡La serenidad! Se oyó una sola voz de contestación.

– ¿Y qué es la serenidad? -preguntó la maestra-

– Felipe levantó la mano inmediatamente…

– A ver  Felipe, dime tú…

– Serenidad es estar en paz mientras alrededor hay miedo y confusión…

– Muy bien, ¿Hay alguien más que lo explique?

– ¡Yo maestra yo!

Montones de voces se escucharon queriendo contestar, al fin dijo…

– ¡A ver ahora una niña me lo va a decir!

Tú Chabela, dime algo sobre la serenidad…

– Pues, si mi papá llega enojado, mamá grita y se defiende, y los niños lloran, yo debo ver que alguien tiene que ser serena, yo me callo, abrazo a mamá, le doy un beso a papá y me llevo los niños, si después pelean papá y mamá, cuando menos ya no los oigo, estoy serena.

– Muy bien Chabela, describiste bien lo que es serenidad, ¡Ahora tú Tere! ¿Qué me puedes decir de la serenidad?

– Pues si varios niños están peleando y uno me da un empujón a mi, no me enojo, y los dejo que sigan peleando.

– Mmm… ¡Bueno, si, tú no te meterías al pleito y esa ya es ventaja!… Bien Tere, bien.

Y así desfilaron varios niños y niñas, y cada uno decía algo sobre la serenidad, que según su entender, era no tomar pleitos ajenos.

Después de preguntar y escuchar respuestas, unas buenas, otras no tanto, la maestra dijo…

– Ahora, en su cuaderno de dibujo, harán uno en el que diga que allí hay serenidad, ustedes sólo tienen que dibujar una escena en la que alguien muestre serenidad… ¿Me entendieron? Se oyó un revoloteo de tapas de pupitre, todos buscaban afanosamente el cuaderno de dibujo, alguien dijo…

– Maestra, maestra, se me olvidó el cuaderno de dibujo ¿Puedo hacerlo en una hoja del otro cuaderno?

– Sí Chuy, puedes hacerlo, nomás luego no lo vayas a perder, porque ese dibujo, entrará en la calificación de este mes.

De repente se oyó un gran silencio en el salón, silencio que se rompía solamente cuando se les caían los colores, o cuando daban vuelta a las hojas, seguramente porque les era difícil expresar serenidad en un dibujo que requiere muchas veces de una nueva idea, por media hora la maestra recorrió el salón, fijándose en la idea de cada alumno, de expresar un sentimiento tan saludable como es la serenidad.

Pasó un cuarto de hora más, y una tímida voz se escuchó

– ¡Maestra… ya terminé!

– Ponle tu nombre y tráelo al escritorio… Y primero fue ese niño, después empezaron a desfilar por el escritorio todos los alumnos, esperanzados de sacar una buena calificación.

La maestra acabó de recoger los que se habían quedado rezagados, de vuelta se oyó el estrépito de tapas que se cerraban recogiendo los colores y la maestra dijo…

– Ahora, les voy a dar media hora libre mientras yo califico, nadamás no hagan mucho ruido, ya mero es hora de salida, y se confundirán con todos los otros grupos, y a ver qué me dicen estos dibujos, esto les subirá la calificación; se fueron los niños al patio del recreo, y la maestra empezó a ver los dibujos, había entre ellos unas palmeras solitarias, un sol del atardecer, una hamaca colgando con un hombre dormido, un barco con la vela tendida, dos pájaros volando en el azul del cielo, y de repente lo vio… Era un pajarito metido dentro de una cuevita en una pared, y a su alrededor rayos, truenos, granizo y lluvia… Solamente esperaba a que la tormenta pasara, y se asombró la inteligencia de aquel niño, que tan bien había entendido que era la serenidad, el pájaro no daba señales de miedo, y esperaba pacientemente, sus ojos no reflejaban temor, este era el mejor ejemplo de que ese niño había entendido qué era la serenidad, puso aparte el dibujo, y le plantó un diez.

San Francisco de Asís, hablaba mucho de la hermana serenidad, decía que en el mundo no habría guerras si los gobernantes y reyes fueran más serenos, y toda su vida fue un modelo de serenidad, y lo demostró cuando estuvo ante reyes y el Papa, siempre fue un hombre tranquilo, también ante animales feroces que nunca pudieron hacerle nada, en este convulso tiempo de violencia y falta de paz, la serenidad será nuestro mejor escudo. ¡La serenidad expresa un gran carácter!.

 

 

 

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