¿Continuará el resquebrajamiento del subsuelo de Tamaulipas con el fracking?

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Octavio Herrera Pérez.-

Con ese término de origen anglosajón se ha denominado a la técnica de explotación del subsuelo que utiliza la industria extractiva de hidrocarburos, orientada a liberar el llamado gas esquisto o shale, por medio de la fracturación hidráulica de las capas en donde se encuentra depositado, cuyos yacimientos se localizan a variadas profundidades, generalmente por debajo de la ubicación de los mantos acuíferos naturales. Dicho hidrocarburo, también denominado como gas de pizarra o de lutita, se le llama así por estar atrapado en sedimentos rocosos, por lo cual su único modo de extraerlo es a través de la técnica del fracking, que consiste en la perforación de un pozo entubado y reforzado, en cuyo extremo profundo permite la permeabilidad del agua y químicos inyectados a altas presiones con el fin de superar la resistencia de las rocas y permitan su fracturación controlada y la liberación y extracción del gas. La cuestión es que la utilización de este método de extracción de hidrocarburos no es ajena a serios cuestionamientos, no solo por su presumible afectación a la salud humana y el medio ambiente, como también hay voces promotoras que dicen ser la panacea para el desarrollo económico. En suma, en torno al fracking existe una polémica, que hoy en día han adquirido en nuestro país incluso un tinte de orden político, sobre todo de cara a la asunción del próximo gobierno federal, y en cuanto a lo que a nosotros debería interesarnos como sociedad, es saber si en Tamaulipas se seguirá o incluso se ampliará el uso del fracking, con todas sus consecuencias (¿o beneficios?) hacia el porvenir.

 

UNA TÉCNICA EXTRACTIVA CUESTIONADA

Hasta aquí la cuestión del uso del fracking no pasaría de ser uno más de los procedimientos de la industria petrolera, a no ser por la creciente resistencia de diversos sectores en todo el mundo contra su uso, en proporción inversa a su propagación como mecanismo extractivo, que representa en tiempos recientes más del 50 por ciento de aplicación en los pozos de esta industria a escala global, en la que los Estados Unidos representa su gran mayoría (y donde Texas, nuestros vecinos, sobresalen de manera especial), y le ha dado una preeminencia productiva de primer nivel. Pero ni aún en la Unión Americana es unánime la opinión favorable a esta técnica extractiva, habiendo entidades como Nueva York y Pennsylvania (obvio, las que cuentan con sociedades más educadas y pensantes) que han impedido que la industria petrolera realice este tipo de explotaciones en sus territorios. Las razones que esgrimen sus opositores sostienen que es una práctica insegura y nociva a la salud humana y el medio ambiente. Y es que se requieren enormes cantidades de agua para hacer funcionar el método, de entre nueve a 29 millones de litros de agua al subsuelo por cada pozo, para extraer hidrocarburos de rocas de muy baja permeabilidad. Por otra parte, el agua utilizada en esta práctica se mezcla con las sustancias químicas con las que se asocia, y que a su vez acabarán al final por contaminar los mantos freáticos naturales. Y se afirma, que la exposición a estas sustancias, pueden provocar en el hombre cáncer, mutaciones genéticas y afectaciones severas al sistema endocrino, alergias y daños al sistema nervioso. Y también se ha atribuido al uso del fracking el que produzca sismos, como de manera recurrente y casi inédita se ha venido sucediendo en el centro-norte de Nuevo León, al estar situado en el área de influencia de la región petrolera de Burgos, entidad donde se ha estado desarrollando una creciente movilización social al empleo de esta práctica extractiva; resistencia impulsada en buena medida por círculos del ámbito académico y científico. Por su parte en nuestro estado de Tamaulipas, tal vez el principal territorio en el que se ha utilizado esta práctica en el país, que después de un receso vuelve a estar en la mira de las empresas petroleras, con renovadísimos bríos, la resistencia social a esta práctica es apenas visibles, en voz de algún ambientalista sin mayores foros públicos o de un líder campesino allá por San Fernando, un área que sufre las consecuencias de la devastación producto del fracking, hasta con quinientas hectáreas agrícolas convertidas en improductivas, al recibir el impacto directo de los pozos de explotación, más lo que viene…

 

LA OTRA CARA DE LA MONEDA

Por otra parte, los promotores de la industria petrolera, por evidentes razones, propalan la versión de que el fracking es inocuo a la salud humana, que no contamina los mantos freáticos porque, dicen, existen técnicas que casi son quirúrgicas y no alteran el subsuelo, para nada. Pero, lo más importante, señalan que con la extracción del gas shale México dejará atrás la pobreza, que habrá desarrollo y que llegaremos de un golpe al primer mundo. Es un discurso que se ha escuchado desde la implantación del sistema económico neoliberal en nuestro país, y lo cierto es que en treinta años no ha habido casi crecimiento económico y sí un galopante crecimiento de la miseria social, y, lo peor, del terrible jinete apocalíptico de la inseguridad. Por su parte, las voces oficialistas, desde el pináculo de poder hasta los escalones regionales hacen coro de esta narrativa, imbuidos en las maravillas de la reforma energética, que ha dejado las puertas de par en par al capital privado, extranjero y autóctono, para que se lleven la tajada de león de los beneficios de esta industria, dejando tras de sí la estela de la degradación medioambiental que ya es evidente. No en balde repiten extasiados que la Secretaría de Energía dio el banderazo a inicios del 2018 para que Tamaulipas fuera el único estado contemplado en la primera ronda de licitación a nivel nacional de campos no convencionales (fracking), al considerarse la existencia de 53 billones de metros cúbicos de reservas de gas esquisto, por lo que se otorgarán (o ya se otorgaron) un total de nueve contratos en una extensión de dos mil 794 kilómetros, que se estima aporten 300 millones de pies cúbicos diarios de gas y 22 mil barriles de condensados, aseverando que esta entidad mostró especial interés de que esta práctica se desarrollara; ¿interés?, ¿para quién?; por eso, no resultó extraño de que hace pocas semanas se liberara el candado de las reservas de aguas de varias cuencas hidráulicas en el país, que para nuestro caso es nada menos que la cuenca del San Fernando (Conchas)-Soto la Marina. Y, ¿es que ustedes creen que esa liberalización del agua se hizo con fines al desarrollo agropecuario del norte de Tamaulipas o para el desarrollo urbano e industrial de San Fernando? No, señores, se hizo para beneficiar el uso del fracking.

 

¿UN BALDE DE AGUA PARA EL FRACKING EN TAMAULIPAS?

En medio del estira y afloja entre una administración federal que sale y otra que está por entrar, se genera desde San Luis Potosí la declaración del presidente electo, en el sentido de que no se autorizará en lo sucesivo la práctica del fracking en México, al igual que se había manifestado ya de dar marcha atrás al apresurado y subrepticio decreto de concesiones de aguas federales al mejor postor. Naturalmente que en este caso, como otros muchos que están causando notables resistencias ante los cambios que parecen venir (rebaja de sueldos a la alta burocracia y a los representantes populares, reforma en la SCJN, el nuevo aeropuerto de la CDMX, la renovada embestida de la cúpula empresarial, los súper-delegados federales, fin al chayote periodístico, y un largo etc…), no tardará en manifestarse la poderosa influencia de los veneros del diablo (el petróleo y sus intereses), como incluso ya quedó consignado en el documento que sustituyó al TLC, el USMA (Acuerdo Comercial Estados Unidos, México y Canadá), ya que las empresas petroleras transnacionales podrán demandar al país en caso se sentirse incómodas al verse afectadas por regulaciones estrictas en materia de protección ambiental. Por ello, en estos últimos días del aparente fin del ciclo neoliberal en el país, se están cerrando los candados para que la extracción de hidrocarburos se haga a rajatabla, aun en contra de empeñar el futuro de nuestro territorio. Lo interesante es saber cuál será la posición que se adoptará en Tamaulipas ante esta nueva situación, y los argumentos que sobre esta cuestión deba ofrecer el sector oficial, empresarial, académico y de la sociedad misma; si es que las hay, pues suele campear la opacidad.

 

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