Dar a los hijos lo que desean o… ¿lo que necesitan?

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Alicia Caballero Galindo.-

Es importante reflexionar sobre esta pregunta. con más frecuencia de la deseada, los padres que trabajan quieren cubrir con bienes materiales la falta de tiempo dedicado a los hijos.

Por instinto, los seres humanos estamos preparados para brindar a los hijos los recursos necesarios para continuar la marcha ascendente hacia el crecimiento intelectual, espiritual y económico, sin embargo, se dan casos en los que se toman extraños caminos para cumplir esta ley natural de la vida.

No importa el estrato socioeconómico; en todos los niveles encontramos estos tipos de padres:

El primero y más común, es el que educa a sus hijos e hijas para ser igual a ellos; “si me va bien como doctor, albañil, comerciante, etc. Mi hijo(a) será como yo, debe seguir la tradición.” Y los va mentalizando para conducirse por ese camino. El ser humano es cómodo; lo más común es que los hijos se dejen llevar por este pensamiento y sigan el camino indicado sabedores de recibir el apoyo esperado para seguir la vía más fácil, aunque siempre existirán almas rebeldes que pretendan ser distintos y salven las dificultades correspondientes en su familia para seguir el llamado de su vocación aunque difiera de la de sus padres…

Con esta filosofía, formaremos adultos conformistas. Es común que los jóvenes se dejen llevar por comodidad para luego descubrir que no era su camino, habiendo perdido un tiempo precioso, que no siempre están dispuestos a recuperar tiempo incursionando en otra área más acorde con sus inclinaciones naturales. Al no atreverse se convierten en profesionistas frustrados y mediocres por falta de decisión.

Otro tipo de mentalidad también muy socorrida y con una perspectiva equivocada y peligrosa es la de aquellos que piensan; “si yo sufrí de privaciones, mis hijos tendrán todo lo que a mí no me pudieron dar, para eso trabajo, para darles todo”

Este pensamiento destruye; formarán hijos carentes de espíritu de lucha, porque encuentran el camino despejado y no tienen necesidad de crecer intelectualmente. Tampoco valoran el esfuerzo de los padres y dilapidarán “alegremente” sus bienes y lo que es más triste, SU TIEMPO PRODUCTIVO. Pocos se salvan de la mediocridad y con el tiempo, perderán el capital y no tendrán la capacidad de rehacerlo.

Existe otro tipo de padres; los que huyen del compromiso moral de ser guía de sus hijos, evaden la responsabilidad sobre su desarrollo y crecimiento como seres humanos y dicen “mi hijo o hija es libre de hacer lo que quiera, yo los apoyo” pero no quieren comprometerse a orientarlos por un camino positivo “para no ser responsables de lo que hagan con su vida”. La libertad sin rienda, cuando no se está preparado para ejercerla, es tan peligrosa como una arma de fuego en manos de un niño; terminará matándose o causando daño a terceros, porque no la sabe usar. Los resultados serán desastrosos, la libertad es un privilegio maravilloso, pero es necesario ganársela con educación cultura y valores morales y éticos, que son fundamentales para una sana convivencia en sociedad.

El cuarto grupo es el de los padres que piensan en la necesidad de preparar a sus hijos para que estén aptos intelectual y moralmente, y que contribuyan en forma positiva y trascendente, conscientes del rol en la evolución ascendente de su entorno. Para ello, habrá qué combinar en forma equilibrada los tres tipos anteriores. Aprenderán a ser competitivos y competentes para que nunca muera el instinto de superación.

Es importante que los hijos valoren el esfuerzo de sus mayores y tenga conciencia del compromiso para con la humanidad de continuar creciendo. Para ello, es necesario darles educación de calidad para superar los logros de sus padres en todos los aspectos vitales. La libertad, se gana con la madurez, la preparación y una educación firme que les permita ser aceptados dentro del grupo. Cada individuo deberá recibir una educación plural que le permita encontrar su propio camino para crecer.

Para lograr un desarrollo integral se requiere equilibrio emocional que se logra en el seno de una familia funcional. La estimulación de la inteligencia dirigida adecuadamente, logrará siempre un mayor desarrollo. Nacemos con un C.I. determinado genéticamente, pero está comprobado que la estimulación adecuada, logrará un mayor desarrollo.

Las voluntades que mueven al mundo en todos los ámbitos y que dejan huella en la historia son una minoría. ¿Qué es lo que hace la diferencia entre esos individuos y la mayoría? ¿Cuál es su privilegio?

Sin lugar a dudas es la amalgama de una inteligencia superior, un fuerte espíritu de lucha y superación, voluntad y constancia para caminar por la vida en una misma dirección a base de trabajo, honradez, sentido de justicia y fe en la humanidad. Los padres educan con el ejemplo. Además, hay que borrar del catálogo las frases “no se puede”, “no seas tonto” y sustituirlos por “tú puedes lograrlo”, “eres inteligente”, “yo creo en ti”; será determinante en el desarrollo de las jóvenes conciencias.

Es importante mencionar a los padres utilitarios que piensan en sus hijos como una “inversión productiva” y desde muy corta edad los inducen a pensar en la obligación de los hijos para con ellos en la vejez. Cada matrimonio debe planear su futuro para no ser una carga para sus hijos, al contrario, toda la vida debe planearse para ser autosuficientes y no depender de NADIE. Dios nos da un intelecto, un espíritu e inteligencia para ser conjugados adecuadamente y prepararnos para ser autosuficientes; buscar compañía y amor. Es otra cosa.

Los hijos no son una inversión. Formarlos sanamente, y prepararlos para crecer, es un compromiso sagrado con Dios y con la vida.

Es necesario comprender que los padres deben forjar una imagen de respeto, confianza, amor, comprensión, apoyo racional y enseñar a los hijos que su propio esfuerzo honesto y constante, los llevará al triunfo de cualquier empresa. “Lo que no cuesta no es apreciado” Pueden ser “amigos” de sus hijos pero manteniendo siempre esa línea de respeto que hace de los padres esa fronda fresca y protectora donde siempre encontrarán un remanso de paz, un sabio consejo o silencios amorosos rubricados con una sonrisa de comprensión, un abrazo o un hombro donde recargarse de vez en cuando para renovar fuerzas y la fe en la vida.

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