El sabor de los sapos

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Mauricio Zapata.-

Fue una gira de encuentros.

Fue una gira de rencuentros, también.

Y del mismo modo, fue de posibles reconciliaciones.

Al llegar temprano al aeropuerto de la Ciudad de México para abordar el avión que lo trasladaría a Ciudad Victoria, el presidente electo, ya estaban ahí la mayor parte de los legisladores federales de Tamaulipas.

En la sala 75-B del aeropuerto Benito Juárez, tuvo tiempo para charlas con casi todos esos legisladores, excepto dos. Uno de los “despreciados” fue el emecista Mario Ramos, quien llevaba consigo algunos proyectos, sin embargo, quedará para mejor ocasión.

Durante la hora y media de vuelo desde la Capital del país hasta la Capital del estado, también atendió a diversas personas, tanto servidores públicos o personajes políticos, como a ciudadanos que aprovecharon la ocasión.

Mientras tanto en la terminal aérea capitalina ya había un tumulto. Al principio, organizados y obedeciendo las indicaciones de los organizadores y personal del aeropuerto para dejar libre el camino al presidente electo.

Mujeres con pancartas. Gente con folders arrugados con peticiones en su interior. Simpatizantes con cámara en mano lista para la selfie… y sí, también aquellos lambiscones esperando el saludo con su respectiva foto para subirla de inmediatamente al “feis”.

Conforme pasó el tiempo, el cerco se cerró y no había espacio para nadie. Ya era una total desorganización. Había de todo, desde una inocente señora hasta un fanático con un bate de beis en la mano. Nadie supervisó nada. Nadie estaba atento, salvo tres personas que no se dieron abasto para tanta gente que quería acercarse… y que al final logró su cometido.

López Obrador, tras bajar del avión atendió por casi 40 minitos a periodistas enviados de los medios nacionales y que viajaron con él. Su entrevista se dio en la sala de llegadas con el tumulto esperándolo a unos metros de distancia.

José Ramón Gómez atendió a la gente. Él mismo manejó la camioneta “oficial”, misma que estuvo estacionada por más de una hora en la llamada zona federal, en donde el personal del aeropuerto suele ser muy estricto con los usuarios comunes del aeropuerto y en donde las multas por dejar un vehículo ahí ascienden a más de dos mil pesos, incluso, si en cinco minutos no se ha movido, se lo lleva la grúa.

Pero en este caso fue especial.

Quizás por tratarse de una futura transformación.

Mientras tanto en Palacio de Gobierno, sucedía todo lo contrario, es decir, controlaron la entrada hasta del propio personal. Quien no llevara uniforme, lo regresaron sin justificante y con el día descontado. Quien no llevara su gafete visible, pa’ atrás. Quien no se identificara, mejor que ni se asomara. Y a los medios locales, atrás de una reja.

Antes de su arribo a Palacio, JR llevó a su jefe a desayunar a Las Viandas. Ya iba con hambre. Durante el vuelo sólo tomó café y una galleta.

En Palacio de Gobierno se reunió en privado con el gobernador Francisco García Cabeza de Vaca, tardaron varios minutos. Mientras, nadie de los empleados podía salir ni al baño. Prohibido deambular. Prohibido andar en los pasillos. Casi, casi, prohibido hablar.

Luego una reunión con funcionarios tamaulipecos y más tarde rueda de prensa.

En esta primera parte de la gira, vimos, más que a un presidente electo, a un personaje en campaña. Con promesas, actuando como si estuviera ganándose el cariño de la gente. Actuando como el político que se deja querer y que intenta caer bien.

Polarizando, a veces, y uniendo en otras. Con ganas de trabajar, sí, pero también de pasearse, que lo vean, marcando agenda, dando a conocer que él manda, que él manda ya en el país y que su presencia es la que debe priorizarse.

Y así lo confirmó en su visita a Ciudad Madero. Otra vez con tumultos, aunque un poco más organizado. Otra vez tratándose él mismo como candidato, pero ordenando como presidente, aunque aún tenga carácter de electo.

Así se marcó la gira obradorista por Tamaulipas.

Una gira que bien pudo costar unos cien mil pesos, mínimo. Cien mil pesos que, por ahora, no dejaron ninguna utilidad a esta entidad.

EN CINCO PALABRAS.- Todavía falta mes y medio.

PUNTO FINAL.- Dicen que el sabor a sapo es amargo, pero también dicen que suele ser nutritivo.

Twitter: @Mauri_Zapata

Instagram: @mauricio_zapata

 

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