¡Cómo pelearse con el éxito!

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Lilia García de Arizpe.-

Sabiduría eterna en palabras: “El termómetro del éxito solo mide los celos de los insatisfechos.”

(Salvador Dalí. Pintor Europeo.)

Vació el cubo de basura y observó con atención la basura que vertía en un tanque de petróleo que estaba al pie de su banqueta, había como siempre tubos de pintura apachurrados, trocitos de franela pintarrajada y papel de imprenta con bocetos mal hechos, David suspiró y pensó… “irremediablemente, es la clase más sucia que conozco, Pepe hace buenos bocetos, pero si le pongo un pincel con pintura, se queda boquiabierto y no sabe cuándo puede producirse la pincelada, así puede estar una hora con miedo a pintar, Arti, es marrullero y picapleitos pero bueno… Eduardo sí pinta, aunque sean horribles sus cuadros, María es la de los celos constantes, revisa las pinturas de los demás y si ve una estrella saliendo de una nube en algún cuadro de sus compañeros corre a ponerle otra igual a su cuadro, aunque esté presente un mediodía… Bety se la pasa poniendo pintura azul en su pincel, la pinta, y luego como no le gusta le pone arriba roja, después amarilla, y luego verde, siempre le sale un color indefinido y luego frustrada pintarrajea toda la tela y por último coge las tijeras y rompe todo; terminó de vaciar el cubo y se metió a la casa triste… ¿Qué no podría él tener algún alumno brillante? ¿Alguien que no fuera sucio, o celoso, inconstante y que hiciera aunque sea una montaña y un cielo? Apesadumbrado David, puso el cubo en la sala de estudio y se sentó en la vieja y gastada mecedora, le dio un ligero vuelo y pensó… ¡Mándame  buenos alumnos… No conflictivos!

Llegó por la mañana, era una mañana fresca y nubladita de primavera; David la vio que entró decidida y rápida, vio a sus alumnos y luego se dirigió a él.

-¡Buenos días! ¿Usted es el maestro de pintura?

-Si señora yo soy…

-Pues verá, he soñado que pinto telas, de muchos colores, y pensé, no nada más lo sueño también lo puedo hacer realidad, ¿tiene un lugarcito para mi, señor pintor?

-Claro que sí señora, ¿a qué hora puede?, mire tenemos el horario de 9 a 12 en la mañana y de 4 a 7 por la tarde.

-Creo me quedaré con el horario de la mañana.

¿Qué necesito?

David le dio una pequeña lista y le dijo:

-La espero mañana en la mañana, estos son mis horarios.

La mujer, que se llamaba Martha, sonrió y dijo:

-¡Aquí estaré mañana! –Salió, y abrió una linda sombrilla pues el sol primaveral, amenazaba calentar el día, -David la siguió con la mirada, luego dirigiéndose a los alumnos les dijo.

-Bueno, ustedes tendrán una compañera que es una señora, tendrán que portarse bien jovencitos, nada de celos, envidias, malas palabras o cualquier tontería. Las palabras de aquel pintor-profesor los hizo bajar la cabeza avergonzados de su comportamiento, pero…¿pueden algunas palabras dejar las intenciones afuera?

Martha se presentó al día siguiente, muy limpia, su vestido de algodón la hacía aparecer como una jovencita, llegó con una maletita y fue sacando pinceles, aguarrás, trapitos limpios papel para secarse las manos, y una graciosa batita estampada estilo pintor, que se puso arriba de su vestido, el maestro pintor la saludó sonriente y le dijo,¿Qué le gustaría pintar?

-El mar, el cielo, las nubes, una montaña.

-¡Magnífico! Le respondió el profesor, y desde ese instante se dedicó a ella y dejó olvidados a los jóvenes, que les dio coraje por aquel desprecio hacia ellos, Arti, empezó a pelear, a molestar a los demás, María les echaba unas miradas carbonizantes, y dejó sus pinceles, vio su cuadro e inmediatamente trazó en su cuaderno una montaña y Bety la corajuda, tomó un tubo de pintura negra y le manchó a Marta los nítidos trazos que daba a su tela, el profesor se enojó y con unas tijeras rompió la tela de Bety, mientras que gritaba

-¡Fuera, fuera majaderos! Martha silenciosamente se quitó la batita, empacó todo lo que traía y dijo ¡Con permiso maestro, aquí se acabaron mis ganas de pintar! Y salió de prisa.

Así fue como se terminó una clase de pintura.

¡Todos enojados! Los muchachos salieron también y las clases de pintura. ¡Terminaron! Los celos la insatisfacción de un maestro con sus alumnos, y la poca satisfacción de unos muchachos terminó con las dichosas clases de pintura ni un alumno volvió y el local cerró las puertas. ¡El exito no llega jamás a los insatisfechos!

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