La enésima militarización de Estados Unidos de su frontera con México

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Octavio Herrera Pérez.-

A raíz de la marcha de la caravana migrante procedente de Centroamérica con el objetivo de llegar a los Estados Unidos, lo que ya de por sí compromete a México, un nuevo y grave problema se añade a esta delicada situación: la militarización de la frontera estadounidense por órdenes del presidente Trump, que muy posible permanezca y hasta se fortalezca, una vez que esta contingencia haya pasado, con buen final o pésimos resultados. Pero lo cierto es que nuestros agresivos vecinos nunca han dejado de amagarnos, desde el primer momento en que ambas naciones comenzaron a entablar relaciones como países soberanos e independientes. Hagamos un recuento de esos eventos, y tratemos así de caracterizar más la cara dura estadounidense respecto de México.

 

GAINES OCUPA NACOGDOCHES

En 1836, cuando el ejército mexicano combatía a los colonos angloamericanos infidentes en Texas, el general Edmund P. Gaines, distrito militar del sudoeste de los Estados Unidos, además de favorecer el flujo de armas y voluntarios en favor de los rebeldes, al ver que éstos eran continuamente derrotados, quiso tomar previsiones para apuntalar su esfuerzo. Para ello cruzó la frontera mexicana situada en el río Sabinas y fue a ocupar la población de Nacogdoches, para así asegurar la retirada de los colonos y, eventualmente, enfrentarse al ejército mexicano. Sin embargo, esto último no fue suficiente, porque el incompetente jefe general Santa Anna fue derrotado y hecho prisionero por los colonos, ordenando la retirada de sus tropas al río Bravo. Por eso cayó en el vacío la protesta diplomática mexicana.

 

TAYLOR EN LA FRANJA DEL NUECES

Una década más tarde, y una vez que Texas se anexó a los Estados Unidos, el ejército americano llegó aquí para hacer efectivas las reclamaciones texanas de que su frontera llegaba hasta el río Bravo. Entonces el general Zacarías Taylor violó el territorio mexicano, estableciendo su campamento en Corpus Christi, dentro del territorio de Tamaulipas, para después ir a situarse frente a la ciudad de Matamoros, río de por medio. Aquello era un acto de franca provocación, que inevitablemente desató la guerra entre los dos países; una guerra injusta en sus causas e ilegal por sus procedimientos, cuyo resultado fue la apropiación territorial de la mitad de México, tras vencer en el campo de batalla. Así, la expoliación quedó sellada en 1848 por el Tratado de Guadalupe Hidalgo.

 

LA LÍNEA DE FUERTES EN LA FRONTERA

Como primera línea de amenaza militar, tras el fin de la guerra contra México, el ejército estadounidense estableció una cadena de fuertes a lo largo de la frontera. De allí se produjeron algunos actos de invasión injustificada contra México, como ocurrió en 1855, cuando una partida de tropas americanas, cruzaron el río en el norte de Coahuila con el pretexto de ir a perseguir a unos negros esclavos y castigar a los indios. Pero al ser frenados por las fuerzas mexicanas, se replegaron a Texas, no sin antes dedicarse a saquear e incendiar la población fronteriza de Piedras Negras. Más tarde, también con el pretexto de perseguir a Juan Nepomuceno Cortina (que asaltó Brownsville reivindicando los derechos de los mexico-americanos), los americanos invadieron repetidamente territorio de Tamaulipas.

 

LAS AMENAZAS DEL GENERAL ORD

Tras la guerra civil en los Estados Unidos con el triunfo de la Unión, el Gobierno federal impuso un gobierno militar en la Texas antes confederada, lo que produjo un hondo resentimiento entre sus habitantes derrotados. Y como válvula de escape, atribuyeron todos los problemas de su frontera en el Bravo a ladrones y asesinos provenientes de México, cuando en su propia sociedad prevalecía una tremenda corrupción e inmoralidad. Y si bien algunas amenazas provenían desde el sur, más eran los latrocinios promovidos por los texanos contra los intereses mexicanos, sobre todo el robo de ganado. Esta situación provocó el endurecimiento militar americano, y varios episodios de violencia producto de la violación del territorio mexicano, como se vio en 1875 en el rancho de las San Miguel de las Cuevas (hoy Ciudad Díaz Ordaz), cuando unos rangers texanos entraron a territorio mexicano a perseguir unos abigeos, siendo repelidos a balazos por los rurales mexicanos. Entonces se calentó más aún la frontera, al punto que el general Edward O. C. Ord, comandante militar en Texas, anunció que invadiría México sin mediar declaración de guerra; algo que solo el talento político del general Porfirio Díaz, ya en el poder, pudo desactivar. Incluso más tarde ambos países acordaron autorizar en 1882 el paso de tropas del territorio del uno al del otro, en el caso de la persecución de las bandas de los indios depredadores; pero cuando esto se acordó, la amenaza india estaba en franca extinción.

 

AMAGO CONTRA LA REVOLUCIÓN MEXICANA

La gran movilización social revolucionaria que estalló en México en 1910 contra el régimen del presidente Díaz también fue motivo del fortalecimiento militar estadounidense en la frontera común. Esto fue antecedido por los fabricantes de armas gringos, que hicieron su agosto a costa de los beligerantes mexicanos. Pero cuando el conflicto se profundizó, para 1913 el Gobierno de Washington tenía un plan no solo para ocupar Veracruz y forzar la caída de Victoriano Huerta, sino hasta calculó invadir toda la franja fronteriza mexicana y otros sitios vitales del territorio nacional; pero no se atrevieron a más, al sopesar que Estados Unidos se vería directamente involucrado en los problemas internos de México y padecería las consecuencias. La cosa cambió cuando Venustiano Carranza se hizo del poder y México se estabilizó, lo que aprovechó Francisco Villa para provocar un conflicto internacional, al atacar Columbus, Nuevo México. Entonces sí los americanos invadieron el país, a regañadientes de Carranza, que legalizó su entrada al país con el tratado de mutuo cruce de la frontera de 1882; pero los gringos fallaron en encontrar al Centauro del Norte.

 

RISPIDEZ MILITAR GRINGA CONTRA EL ESTADO MEXICANO

En los años de la posrevolución los reclamos por los daños a propiedades americanas en México, por la reforma agraria y, sobre todo, la expropiación petrolera, fueron motivo para que pendiera sobre México la velada amenaza militar que disfrazaba a la presión diplomática estadounidense. Esto se disipó al comenzar la Segunda Guerra Mundial, pero de inmediato los americanos quisieron ocupar la península de Baja California para evitar una invasión japonesa. Ante esta insistente demanda el gobierno mexicano respondió con una tajante negativa, ocupando el ex presidente Lázaro Cárdenas la comandancia militar del Noroeste del país, con sede en Ensenada.

 

LOS TIEMPOS DE HOY

Aunque lo inmigrantes latinoamericanos –buena parte de ellos procedentes de nuestro país– han enriquecido a la economía norteamericana, por los bajos salarios y nulas prestaciones sociales, ahora el discurso político los convirtió en criminales. De ahí la inminente militarización que acompañará al ominoso muro de Trump. Al parecer el futuro nos depara, de no revertirse este proceso, un nuevo ciclo de agudos conflictos fronterizos, que hubiéramos querido que quedaran como testimonios de la historia.

 

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