Lo que viene

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Jaime Elio Quintero García.-

Es difícil adivinar con certeza absoluta lo que para México vendrá en el futuro próximo; sin embargo, y valiéndonos de lo que ya viene marcándose como tendencia de hacia dónde nos quieren llevar, por un lado, y por otro, reconociendo lo que el propio candidato electo ha dicho una vez y otra también, en el sentido de que es terco y que cuando se le mete una cosa en la cabeza no descansa hasta que la ha llevado hasta sus consecuencias finales, por tanto, es simple suponer, que aun pensando que lo dicho por el senador Monreal a los medios, apenas el día de ayer, es verdad; que ellos (López Obrador y las tribus morenistas en ambas cámaras del Congreso de la Unión) no son suicidas, que entienden las leyes del mercado.

Lo cierto es que la tendencia del nuevo gobierno  está marcada y se vuelve cada día más y más, una forma de conducción política, anunciada ciertamente desde hace más de 18 años, una forma que se vuelve ley y constitución cada día mediante la acción legislativa, y la voluntad de facto del nuevo presidente, principalmente en y para, las élites políticas, empresariales y de clase media mexicanas, y manda, además, una señal muy perjudicial en términos de imagen y percepción de mercado, hacia los países del resto del mundo.

La culminación y factor que consolidará la tendencia “chavista” del nuevo presidente mexicano, lo será la visita del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, para asistir a la toma de protesta del, hasta el 30 de noviembre, presidente electo de México. ¿Cómo tomar todo esto?, amigo lector, que repito, ya marca tendencia de gobierno; sin duda, como una respuesta del presidente electo a quienes durante más de 18 años le impidieron el paso hacia el poder acusándolo de “chavista” primero, y ahora de “madurista” (adicto al régimen de Nicolás Maduro).

No hay forma de ocultar el engaño y la muy desgastada estrategia, primero dar el zarpazo y luego, o de inmediato sobar la herida de quienes se sienten agraviados, prometiendo que no pasará nada que es más la boruca y escándalo mediático que la supuesta modificación estructural. Esto ya no se cree, primero, por lo repetitivo, y segundo, porque rápidamente tanto el golpe como el remedio se vuelven combustible en el rápido proceso de consolidación de la tendencia socializante.

El liberalismo social mexicano, entendido como filosofía de gobierno, es el concepto que se pretende introducir en la opinión pública, esta es una tesis formulada por y durante el gobierno del presidente Carlos Salinas de Gortari, como antítesis del neoliberalismo económico rampante, en la década de los años noventa del siglo pasado, por lo que no es algo nuevo para los mexicanos de esa época.

Lo curioso es que siendo el expresidente Salinas tan odiado por los personajes que hoy arriban al poder, adopten, sin embargo, los remedios, pretextos y argumentos propuestos por este en aquel momento. A ningún observador, por otra parte, del acontecer político mexicano, le queda duda que la mano dura y radical viene en camino, que el autoritarismo como forma de gobierno pronto se reinstalará, y que la democracia liberal quedará acotada a los gustos, caprichos y ocurrencias, o en el mejor de los casos, a las trasnochadas ideas corporativas del nuevo mandatario.

El nuevo aeropuerto de Texcoco, la próxima abolición de la Reforma Educativa (de la que no quedará ni una sola coma, dijo el diputado Delgado, líder morenista de esa cámara), la errada legalización de la marihuana, acción que erradicará la violencia y el crimen organizado, el desbalance financiero que provocará la pérdida de ingresos fiscales en las dos fronteras mexicanas (norte y sur), además de la desaparición de auditorías y revisiones fiscales, así como las reformas a la ley de la administración pública federal que autoriza la creación de delegados político-administrativos con evidente poder presupuestal en las entidades federativas, a la par con la muy posible desaparición de los órganos reguladores y autónomos y al revés que provocó en la bolsa de valores la iniciativa del senador Monreal para regular el cobro de comisiones por los bancos, son tan solo algunos de los componentes que construyen y van consolidando día a día la tendencia política, económica y social del nuevo gobierno.

Con la iniciativa Monreal y la caída de las acciones de los bancos en México (instituciones que gozan de cabal salud) ha quedado claro que el verdadero contrapeso al poder sin límites que recibió López Obrador el pasado uno de julio, son los mercados financieros y de capitales, que ya lo empiezan a castigar a él directamente, no al Senado ni a la Cámara de los Diputados. Queda, por tanto, demostrado que para los mercados las dos cámaras, sus líderes e integrantes mayoritarios, y el presidente electo son lo mismo y que el castigo va para él y para nadie más.

No hay duda de que el desgaste del régimen entrante es y será rápido y profundo. Vea si no, amigo lector. Mire usted, el disgusto que la iniciativa Monreal causó en el próximo secretario de Hacienda fue mayúsculo y obligó a que el propio presidente electo saliera a medios a decir que no había sido una instrucción de él, con lo que dejó muy mal parado al senador Monreal, quien no va a encontrar la forma de paliar el enfrentamiento que viene, entre el Legislativo y el gabinete financiero entrante, la afrenta hecha al Banco de México, a la Comisión de Valores y al resto de las instituciones del sector financiero no fue menor y el presidente habrá de pagar por ella.

Esto, y más, es lo que viene, lo que se puede suponer será la punta de lanza del cambio mexicano, veremos luego lo fácil y sencillo que es destruir lo que tanto ha costado a todos los mexicanos construir.

Gracias por su tiempo.

 

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