El jefe de la comuna en un sitio sagrado

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Octavio Herrera Pérez.-

Día dos de diciembre, con un cielo infinitamente azul y con el sol radiante comienza la mañana con un desayuno campirano en lo alto de la Sierra Madre Oriental, en el paraje más accesible a esta montaña y no por ello menos bello por su naturaleza: el ejido Alta Cumbre. Situado a solo veinte kilómetros de la Capital del estado, en el antiguo punto de La Libertad del Camino Real a Tula, un grupo de amigos de esta comunidad nos disponemos a recibir al recién ungido presidente municipal de Victoria, a cuyo municipio pertenece esta localidad. Puntual al compromiso llega el funcionario. Ya antes nos habíamos topado con él, en una sesión académica alusiva a la celebración de la fundación de la villa de Santa María de Aguayo. Aquel encuentro fue protocolario, pero esta vez se hizo inevitablemente cercano, ya que compartimos la sal y la mesa, en un ambiente relajado, con ricas viandas tradicionales mexicanas: tamales, gorditas y pan de elote, con su cafecito y refrescos. Y aquí empezó a plantearse el motivo de su visita: ¿cómo hacer de este lugar un área de turismo social y ecológico, con el importante añadido de su valor arqueológico y cultural?

Por su perfil profesional, médico-cirujano, pudiéramos pensar que el jefe de la comuna victorense es ajeno a involucrarse en proyectos que fomenten activamente la visita y el respeto a las montañas que se encuentra dentro de la demarcación municipal bajo su responsabilidad. Pero no es así, puesto que comparte el gusto por el campo, la actividad ecuestre y su propio compromiso ranchero de trabajar la tierra en las alturas de la Sierra de Tamaulipas. Y también el cumplimiento de su cita para conocer personalmente, por vez primera, el potencial ecológico e histórico-cultural que existe en esta porción del territorio municipal de Victoria. No solo eso, según lo dijo muy orondo, al ser designado recientemente por sus pares, ediles de todo el país, como vicepresidente del International Council for Local Enviromental Initiatives, una organización internacional establecida por las Naciones Unidas, como parte de las convenciones ligadas al Cambio Climático, Diversidad Biológica y lucha contra la Desertificación, además de estampar su firma en el pacto de los Alcaldes sobre el Clima y la Energía, que ya han suscrito nueve mil ediles de todo el mundo. De esta manera Xico llegó al ejido Alta Cumbre con las alforjas llenas y las espuelas puestas, listo para que se le abriera toda una posibilidad para aplicar, realmente, todo aquello que rubricó en el papel.

 

RECORRIDO RUMBO AL BALCÓN

Como buen jinete, el novel Alcalde se entusiasmó al momento de que íbamos descendiendo por el camino de piedra rumbo al Balcón, al opinar que sus caballos bien podrían transitar sobre las lajas sin ningún problema, y si no, pues traería algunas mulas (no es albur), y de entrada se comprometió a organizar pronto una cabalgata de montaña; ya veremos. Después admiró el imponente espectáculo del mirador que se encuentra a la mitad de la ruta. Así pudo ver objetivamente la razón que justificó la fundación de Aguayo: el ser un nodo comunicante entre la costa y el altiplano mexicano, al observarse desde aquí dos de las rutas históricas que atraviesan la Sierra Madre (el Camino Real y la carretera Adolfo López Mateos) y la que ahora está vigente (Rumbo Nuevo).

 

YA EN EL SITIO ARQUEOLÓGICO

No me queda duda de la emoción que debió embargar al Alcalde cuando nos encontrábamos al pie del cerro en el que se ubican las ruinas. Es algo inevitable cuando sabemos que nos vamos a encontrar con los vestigios de una sociedad milenaria ya desaparecida. Por eso, ni tardo ni perezoso, remontó por la vereda lateral que accede al Balcón de Montezuma, sin importar la abundante hierba que la cubría. Y de repente, estábamos en la llamada plaza dos de sitio, que es la parte nuclear de este conjunto arqueológico, el espacio ceremonial más importante del lugar. Afortunadamente y dada la arquitectura megalítica de este conjunto arqueológico, los monumentos permanecieron prácticamente intactos desde hace siglos. Allí pudimos informar sobre los aspectos generales que comprenden la historia de este sitio y de los resultados de las investigaciones arqueológicas aquí realizadas. Por ello hay que anotar que el sitio fue conocido por los lugareños, desde hace mucho tiempo como “Los Indios”, y bajo esa referencia, un servidor fue conducido hasta ese lugar, a inicios de la década de 1980, por Eduardo Martínez Maldonado, a fin de comprobar ese dicho popular. Y a mí como al Alcalde, de solo ver las plataformas de piedra por doquier, no pudo haber más que admiración. Pero yo no soy arqueólogo sino historiador, con alguna influencia eventualmente en incidir en las instancias gubernamentales para que se apliquen en el rescate y conservación de nuestro patrimonio cultural común. Fue así que el Instituto Tamaulipeco de Cultura, del gobierno del ingeniero Américo Villarreal, y a cargo de la profesora Blanca Anzaldúa, y a través de los diligentes contactos en el INAH nacional del profesor Jesús González Echazarreta, fue que se contrató al arqueólogo Jesús Nárez Zamora, para realizar las excavaciones y estudios correspondientes.

Y aunque los trabajos de exploración científica del sitio quedaron concluidos y se consolidaron algunas de sus estructuras, nunca se detonó el lugar como una atracción para el turismo cultural. Varios fueron los factores que no lo permitieron. Primero fueron los pleitos de perros y gatos de los líderes y algunos miembros ejidales de Alta Cumbre, que pusieron a esta comunidad en la lista negra para recibir cualquier tipo de beneficios oficiales; en lo que también contribuyó el tortuguismo atroz de Reforma Agraria y en la sagacidad de los coyotes de la abogacía, que permanentemente y durante años cuestionaban la autoridad ejidal, por las pistolas de algunos de los miembros resentidos del ejido, que las querían ganar todas. Después, llegó el negro manto de la inseguridad, lo que, aunado a la inauguración de la carretera Rumbo Nuevo, condenó a la antigua carretera a ser un basurero, con la etiqueta de ser una vía peligrosa.

 

ENCUENTRO DE XICO CON LA GENTE

De todo lo anterior pudo el Alcalde de Victoria darse cuenta del potencial ecológico y cultural que encierra el ejido Alta Cumbre que, sumado a su hermano ejidal de El Huizachal, están en posición de detonar el proyecto turístico más trascendente que pudieran emprender actualmente las autoridades tamaulipecas. ¿Y por qué más relevante? Pues debido a que sus beneficios serían para la propia capital del estado, donde la gente vive encerrada y sin espacios de esparcimiento y contacto seguro con la naturaleza a cielo abierto. Claro, habría que sustentarse en un proyecto que incluya educación hacia el medio ambiente y la biodiversidad del lugar, así como el respeto al sitio arqueológico. Esa es una tarea ineludible si se quiere avanzar con firmeza hacia el futuro. La cuestión es cuándo sucederá.

Para el Presidente de Victoria creo que quedó convencido de la conveniencia de impulsar el esbozo aún del proyecto del Camino Real que se promueve desde el Gobierno del Estado, pero él ya quiere actuar. Esto se evidencia cuando contradijo la opinión de que se hiciera un estacionamiento dentro del polígono de la zona arqueológica –a lo que se opone la autoridad federal–, y muy a su estilo, señaló que no había que hacerse bolas, que se hiciera en otro lado, que lo hay, y no empantanarse en un litigio, donde quedaría fuera cualquier posible participación de la autoridad municipal; muy buena idea. O como les respondió a los compañeros ejidatarios que demandaban apoyos, al decirles que habría que esperar “como viene el gobierno de AMLO”, y aprovechar los apoyos federales para aplicarlos en beneficio de las comunidades rurales, como ésta; respuesta pragmática, muy acorde en alguien como Xico, que ya lo ha demostrado con creces, como en aquel episodio electoral en el que de ser un candidato independiente, pasó, por su arrastre popular, a representar los colores de un partido con el sello de un caballo de hacienda; y así, ¿pues quien no la hace?

 

 

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