Don Mere y la tradición familiar de hacer piñatas

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Édgar Ramírez.-

Cd. Victoria, Tam.- Don Mere, junto a su esposa la señora Ana Luisa Manzano, por años han venido conservando un noble oficio que no solamente les ha dado para comer, sino que les permitió costear el estudios de sus hijos a través de la fabricación de piñatas.

Él es Hermenegildo Cabrera Rodríguez, quien a sus 62 años de edad ha tomado muy en serio su oficio, no solamente como un trabajo más, sino como un don que le ha permitido crear e imaginar con un solo objetivo: ver felices a los niños en sus fiestas.

Quienes han sido sus clientes por muchos años lo conocen como “El señor de las Piñatas”, pero para sus más allegados es “Don Mere”.

Reside en el 23 Hidalgo, sobre una privada frente a la escuela primaria “Felipe Pescador”, cerca de la Estación del Ferrocarril.

Ahí, en su pequeño, pero cálido taller, edificado con arcilla, en entrevista con El Diario de Victoria nos platicó cada detalle sobre el proceso de la elaboración de una piñata, no sin antes indicar que este oficio, más que un trabajo como cualquier otro, es ya una tradición que ha venido conservándose por varias generaciones

“Este oficio yo lo aprendí por parte de mi suegro y ahí empecé yo, a aprender. Porque cuando llegamos aquí y no había donde trabajar ni nada. Yo tenía en ese tiempo como 17 o 18 años. Y agarré el oficio y empecé a elaborar uno y otro, empezamos con poquito, porque no sabíamos nada. Un poquito de cada cosa. Y sí me gusto y es bonito, porque le da uno creatividad a las cosas, a tu gusto, de hacer las cosas, de darle creación a la piñata, para que se vea mejor con los clientes”, expresó, mientras sus dinámicas manos hacían lo propio para darle forma a una piñata con el diseño de un caballo.

En esta parte, indicó que cuando un cliente no le lleva el diseño de su piñata él tiene que imaginar con las características que le indican, o algunas otras personas le mandan las fotos.

“Y así es como lo empiezo a hacer. Digamos que es como un don hacer las piñatas, porque la creatividad la tienes en las manos. Además, porque cuando empecé a hacer las piñatas se me hacía difícil, pero ya después comprendí que las manos son las que te ayudan, y son los que hacen el trabajo junto al pensamiento. Y así fui perfeccionando, porque digo si lo empiezas a veces te salen todas chuecas, pero tienes que ir perfeccionando”, aclaró.

 

LAS BONANZAS Y LAS BAJAS…

Don Mere lamenta que la demanda de piñatas actualmente ha venido cayendo.

Aun cuando dice que por semana sí se generan cuando menos entre 800 o 900 por semana, muchos años atrás las ventas eran muchísimas.

“Desde hace poco más de tres años que ha venido bajando la demanda de piñatas. Y esto se debe a que son muchas las personas que se dedican a ello y baja el ritmo del negocio, principalmente en diciembre, porque hay más personas que lo hacen. Y en el transcurso del año no hay personas que lo tomen como un trabajo normal, pues en diciembre todos quieren vender y hacen los monos de nieve, el Santa Claus, la estrella de siete picos, y entonces eso nos baja. Porque sales a la calle y donde quiera las miras colgadas”, puntualizó.

 

QUÉ SE OCUPA…

Mientras su esposa Ana Luisa forraba una piñata de cinco picos, don Mere continuó que para hacer una piñata se ocupa engrudo, el papel y a veces hay que comprar cinta canela por los tiempos húmedos, pues hay que cuidar la piñata.

Sin embargo, admitió estar agradecido con su suegro, que les vino a transmitir este noble oficio y que ahora él, sus hijos y nietos también le meten manos en el taller.

“Porque es toda una generación la fabricación de piñatas, los abuelos, los papas, y nietos. Y pues te digo ahorita mi hija también sabe hacerla, sabe adornarlas y combinar los colores, y pues ni modo, hay que seguirle, porque yo ando en los 62 años y ahorita para conseguir trabajo es muy difícil y pues si tiene uno un oficio pues lo echas andar, porque de aquí sale, y de aquí va a seguir saliendo todavía con los nietos, seguimos adelante”, apuntó.

Por lo que abundó: “Y si les gusta y si quieren aprenderlo, le digo, pues es un oficio muy bonito, porque le dan vida a los personajes, a cualquier piñata le das vida. Pues quieren un Chavo, un Micky, y pues ya le da uno creatividad, y pues es una creatividad para los niños para verlos felices. Nosotros le damos vida a las cosas”.

 

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