Un viaje por el estado de Coahuila: el origen

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Octavio Herrera Pérez.-

Una de las ventajas del asueto vacacional es disponer de una secuencia de días sin los compromisos inherentes a un desempeño laboral, en mi caso muy placenteros, por cierto, en el campo de la docencia y la investigación. Y con ese capital de tiempo uno puede reafirmar algunas perspectivas que para el oficio de indagar el pasado es muy indispensable, como lo es conocer la dupla complementaria al factor tiempo, que resulta ser el espacio. Es sabido que uno puede prescindir de un estricto conocimiento del territorio objeto de un estudio histórico, basado en las fuentes cartográfica o documentales y bibliográficas. Sin embargo, cuando se dispone de la experiencia de recorrer los sitios en donde se enfocará un estudio determinado, las posibilidades de realizar un trabajo más profundo se potencializa de manera notable, al tener la posibilidad de palpar las características de su horizonte geográfico, sus pueblos, su gente y usos y costumbres. Esto confirma el viejo dicho que, palabras más o menos, señala que viajar es una fuente inagotable de experiencias, aunque si se realiza, agrego yo, en una dimensión regional alejada de las rutas o lugares más importantes o atractivos por el glamour o marketing turístico. Y es que visitar las localidades más apartadas y poco conocidas nos sitúan en la geografía del México profundo, y se nos revela con toda una gama de particularidades diversas y fascinantes. Es algo que ya he experimentado y que no deja de sorprenderme cuando enfoco el interés de recorrer la belleza del territorio mexicano, como ahora me ha ocurrido en una reciente visita al norte del estado de Coahuila, de lo que quiero compartir con ustedes algunas impresiones.

 

MONCLOVA, LA COAHUILA PRIMIGENIA

El sitio donde hoy se encuentra la ciudad de Monclova, fue descubierta a fines del siglo XVI por las avanzadas de los conquistadores de la Nueva Vizcaya (Durango) y designados los prospectos de sus minas con el nombre de La Trinidad. Sin embargo, este territorio pronto fue disputado por Luis Carvajal y de la Cueva, quien ostentaba unas capitulaciones otorgadas por el rey Felipe II para establecer el Nuevo Reino de León, quien a su vez fundó en este lugar la villa de Nuevo Almaden, que pronto se despobló. A partir de entonces el territorio llamado como Coahuila, que significa, de acuerdo a una de las versiones más fidedignas, “lugar de muchos árboles”, algo en lo que concuerdo, si consideramos que en tiempos pretéritos el curso del río que se forma entre las cañadas de las grandes sierras que envuelven este lugar, y cuyas riberas estuvieron cubierta de grandes sabinales que en su curso contrasta por su verdor con las planicies desérticas de su entorno, un paisaje realmente notable; y, cabe decir, que a ese río, junto con el de Nadadores, se le une la corriente del Sabinal (procedente de la Sierra Hermosa del Sacramento), formando la cuenca alta del llamado río Salado, que viene a ser tributario del río Bravo, drenando hoy en día en el embalse de la presa internacional Falcón, tras dar un brinco en la presa de Don Martín, en el norte de Nuevo León. Desde el punto de vista etnohistórico, esta región de orígenes humanos antiquísimos, estuvo ocupada al momento del contacto español por los coahuiltecos, una extensa etnia, desde un tiempo inmemorial. En cuanto al asentamiento colonial en este punto, durante casi un siglo pesó la disputa de los dos reinos vecinos por el territorio de Coahuila, de ahí que surgiera a fines del siglo XVII una tercera instancia para realizar su ocupación, promovida bajo la autoridad de la audiencia y el obispado de la Nueva Galicia, y encabezada por un proyecto misional franciscana bajo el liderazgo de fray Juan de Larios, quien acabó por establecer la provincia de Coahuila a fines del siglo XVI. Se fundaron inicialmente, la misión de San Miguel de La Luna (para los chichimecas autóctonos), y el pueblo de San Francisco de la Nueva Tlaxcala (con indios tlaxcaltecas, como “madrinas”), en 1675 y 1676 respectivamente, separados apenas por un camino que bordeaba la ribera arbolada del río. Iniciaba así la vida institucional de Coahuila dentro del orden colonial, primero bajo un primer esquema administrativo de alcaldía mayor, que poco más tarde fue elevado de rango.

Por cuanto a la villa española de Santiago de Monclova, situada apenas del otro lado de la loma de Zapopan, que la separaba de la misión y pueblo de indios, se fundó en 1689, por disposición del primer gobernador de la provincia de Coahuila, el capitán Alonso de León, un personaje oriundo del Nuevo Reino de León y amplio conocedor del incipiente territorio del noreste novohispano. Dicha fundación obedecía también a la necesidad de contar con una base política en la profundidad de la “tierra adentro”, más aún cuando una expedición francesa proveniente del Canadá, había establecido una cabeza de playa en el litoral de Texas. Por tanto, el segundo gran encargo del capitán De León, fue el buscar y anular la amenaza gala en aquellos remotos confines, con los que se daría inicio a la colonización de Texas. De ahí la amalgama original entre Coahuila y Texas desde tiempos novohispanos, que los llevó a transitar como una entidad federativa dual durante la primera república federal, siempre con Monclova como la capital de la provincia (1824-1836).

 

RECONFIGURACIÓN TERRITORIAL DE COAHUILA

Debido a la expansión del territorio de la Nueva España hacia el Septentrión, surcó sobre Coahuila el camino real que enlazaría a Texas. Con ese fin se fueron consolidando una serie de asentamientos de orden misional y militar en toda la ruta, destacando el presidio del Río Grande, situado en el paso del río Bravo (hoy Guerrero, Coahuila). Por tal motivo Monclova se definió como una posta político-administrativa y militar de primer orden, lo que hizo que por momentos aquí radicara la comandancia de las Provincias Internas de Oriente a fines del siglo XVIII, quedando como recuerdo de aquella época el imponente cuadrángulo arquitectónico del Hospital Real, hoy convertido en instalaciones culturales y en el Museo de Coahuila-Texas. Y como las necesidades de la monarquía española durante el reinado de los Borbones así lo exigía, antes de finalizar el Siglo Ilustrado los distritos neovizcaínos de Saltillo y Parras se añadieron a la antigua provincia de Coahuila, formando una sola entidad, con Monclova como capital.

 

EVENTOS HISTÓRICOS EXTRAORDINARIOS

Al estallar la insurgencia nacional, en Monclova tuvieron su primera prisión los caudillos Hidalgo y Allende, capturados en la Acatita de Baján en 1811. Y al consumarse la independencia, estalló la disputa política entre Monclova y Saltillo para encabezar la capital política de la nueva entidad federativa, justo en el momento en que ocurría la invasión de colonos angloamericanos en Texas, que se aprovecharon de tal circunstancia, hasta lograr emanciparse en 1836. Luego vendría la invasión americana, la francesa y los diversos conflictos políticos del país que repercutieron hasta aquí, como también sucedió especialmente durante la revolución. Ya en el siglo XX, la situación especial de Monclova, cerca de grandes yacimientos de hierro y carbón, enlazados por una infraestructura ferroviaria previa, hizo que en la década de 1940 el empresario estadounidense Harlod R. Pape estableciera una importante planta siderúrgica, adquirida por el gobierno de la república en los años setenta, denominándola como Altos Hornos de México. Hoy en día sigue pujante esa industria pesada, con los inconvenientes de la contaminación ambiental, lamentablemente. Y también, permanece el Museo y Biblioteca Pape, como un legado tangible de ese gran benefactor, donde tuve la oportunidad de entregar un ejemplar de la Enciclopedia “Tamaulipas a través de sur regiones y municipios”, pues hay que multiplicar los panes en nuestra región común. Y si algo podemos decir del pulso social y económico de esta urbe (que no ha dejado de ser siempre históricamente múltiple, al compartir en lo inmediato su territorio con las urbes municipales de Castaños y Frontera), se puede decir que Monclova es uno de los nodos más dinámicos del noreste mexicano, enclavada en el eje comunicante de la carretera federal 57, a 200 kilómetros de Monterrey y a 237 kilómetros de la frontera norte.

 

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