Instinto de superación y envidia

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Alicia Caballero Galindo.-

Los instintos en el ser humano, si bien obedecen a la naturaleza, se ven limitados por el intelecto y los sentimientos formando una intricada trama.

 

Es importante comprender qué es un instinto; de acuerdo a la definición de la RAE es: “Una conducta innata e inconsciente que se transmite genéticamente entre los seres vivos de la misma especie y que les hace responder de una misma forma ante determinados estímulos.” “Impulso natural, interior e irracional que provoca una acción o un sentimiento sin que se tenga conciencia de la razón a la que obedece”. Todos animales actúan por instinto, inclusive los seres humanos, éstos, constituyen una especie más desarrollada en la escala zoológica. En este caso los impulsos naturales de la especie humana, son moldeados por la educación, el desarrollo intelectual y la calidad de los sentimientos; las formas de actuar se vuelven más sutiles y elaboradas y a veces incomprensibles.

En su teoría del instinto, Freud propuso primero la existencia de dos grupos de instintos; los instintos del yo o instintos de conservación y los instintos sexuales o libido; posteriormente consideró que los instintos de conservación son la expresión de la libido hacia el propio individuo, por lo que sólo existiría la libido como instinto básico. Finalmente, a partir de 1920, modificó de nuevo su teoría proponiendo los instintos de vida (Eros) y los instintos de muerte (Tanatos) como tendencias básicas del psiquismo humano. Todas las demás tendencias humanas, según Freud, se derivan de estas dos.

Los instintos son tendencias naturales inconscientes ante determinados estímulos; instinto de protección de las madres hacia su descendencia, de reproducción, de defensa ante el peligro. El instinto de competitividad y superación se vuelve cada vez más fuerte ante el crecimiento demográfico acelerado de la población y la necesidad de competir por mejores posiciones dentro de la sociedad y con mucha frecuencia se confunden estas dos tendencias; la envidia, y la tendencia nata de superación generada en la marcha hacia el progreso y la perfección que es un paradigma inalcanzable pero que ha impulsado a la humanidad a la superación constante y a vencer sus propias barreras. El primero es una cualidad, no así la envidia que surge de desajustes emocionales.

Pero ¿qué es la envidia? De acuerdo a la RAE es un sentimiento de tristeza o enojo que experimenta la persona que no tiene o desearía tener para sí sola algo que otra posee. La envidia proviene del latín invidere; el prefijo “in” significa poner sobre y “videre” mirar. La envidia es poner la mirada sobre algo.  Se trata de una mirada con deseo posesivo, de dominio, de eliminar la competencia… Una mirada nada amorosa.  Es el dolor, enfado, sufrimiento, frustración o tristeza, que experimentamos cuando no poseemos “algo” que otra persona tiene. Este “algo” puede ser cualquier cosa; material o intangible, atributo psicológico o espiritual, cualidad real o imaginaria.

“El silencio del envidioso está lleno de ruidos.” Khalil Gibran

Desde el punto de vista de la Psicología, la envidia es un sentimiento negativo que pone en conflicto al individuo con algunos congéneres que poseen un bien o una cualidad deseados y se sientan incapaces de alcanzarlos por su propio esfuerzo. El instinto de solidaridad con los de su especie, se ve opacado por la competitividad, que también es un instinto natural, poniendo en conflicto los sentimientos entre esas dos actitudes naturales. La envidia se desarrolla desde los primeros años de vida cuando los padres y maestros carecen de madurez y usan la comparación entre hijos y alumnos como un recurso motivacional para la superación. Es el mayor de los errores porque todas las veces causa el efecto contrario del deseado, generando conflictos y resentimiento en las jóvenes conciencias que a veces llegan a causar daños permanentes.

Un individuo seguro de sí mismo, entenderá que la pluralidad en su especie permite que cada quien descubra sus cualidades y las desarrolle al máximo sin envidiar a los demás. Para eso se requieren padres y maestros capaces de entender esta situación y no comparen a sus hijos con sus hermanos y a sus alumnos con sus compañeros en forma negativa creando conflictos emocionales. Es necesario fomentar la autoestima y el respeto a la individualidad. Cada quien tiene sus propias virtudes y no se demeritan ante las virtudes y cualidades de los demás. En el mundo abunda la envidia y es producto de una educación equivocada o intelectos mediocres.

La característica de quien posee espíritu de superación, hace pensar, ante el éxito de los demás   “y por qué no, yo también puedo”, además ser capaces de aplaudir sinceramente el triunfo ajeno.

Es importante entender que los seres humanos buscamos en forma instintiva la constante superación y eso es excelente, lo que es importante entender es que debemos vencer nuestros propios retos para llegar al éxito legítimo.  Nada tiene qué ver con los demás. Cada individuo merece respeto y tiene derecho a crecer siempre y cuando este crecimiento sea el producto de vencerse a sí mismo sin compararse con los demás. Aún con quienes siguen el mismo camino, cada individuo es un universo individual, debe crecer sin tratar de opacar a quienes le rodean. Así como en el cielo tienen cabida todas las estrellas, todos podemos brillar con nuestras cualidades.

Para que prive el instinto de solidaridad en un grupo, es necesario tener confianza en sí mismo, una autoestima alta y un profundo respeto a los demás. Si nos transportamos al mundo del arte, podemos entender que si nos gusta un cantante en particular, no significa que sea el único que nos agrada; pueden gustarnos varias voces cada una en su estilo, es importante respetar la pluralidad y entender que el instinto de superación es positivo y privativo de los seres humanos con ambiciones legítimas y saludables y la envidia, es el deseo insano de quienes no han sido capaces de superar sus propios retos, poseen una baja autoestima y no se atreven a vencer sus limitaciones.

Respetar para ser respetados, reconocer para ser reconocidos, alegrarse de los triunfos ajenos que nada tienen qué ver con la lucha personal de cada quién. Cada quien tiene un espacio en el firmamento que no opaca a los demás. Es importante entenderlo y aceptarlo para lograr el equilibrio personal y del grupo a que pertenecemos.

 

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