Un viaje por el estado de Coahuila: hacia una región ecológica excepcional

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Octavio Herrera Pérez.-

En esta entrega para mis lectores daré continuidad al viaje ya referido hecho por un servidor por el estado de Coahuila de Zaragoza, el pasado mes de diciembre del año que feneció. La travesía no pudo ser de lo mejor, pues el invierno inicial fue pródigo en brindarnos mañanas frías, pero mediodías soleados, con un cielo azul profundo maravilloso, contrastante con las inmensas montañas y valles que caracterizan la geografía de esta bella entidad mexicana.

 

NADADORES

Al salir de Monclova rumbo al poniente y dentro de su misma mancha urbana, se cruza un límite inexistente y ya nos encontramos en el municipio de Frontera, famoso por su estación ferroviaria durante la Revolución. Luego sigue el camino no más de 20 kilómetros y se encuentra la fértil llanura donde se sitúan las localidades de San Buenaventura y Nadadores, situación que permite el discurrir de un río de Nadadores, que viene de las montañas y es parte de una de las ramas de la cuenca alta del río Salado, el mismo que se enfila hasta territorio tamaulipeco para confluir en el río Bravo y que hoy en día lo hace en el embalse de la presa internacional Falcón. Se trata de territorios de antiquísima ocupación de indios cazadores y recolectores, que disfrutaban de los recursos que les proporcionaba un contrastante ecosistema natural entre el desierto y las márgenes fecundas de esta corriente, donde nadaban gozosos, de ahí el nombre que le adjudicaron los españoles cuando comenzaron a trajinar estas tierras en la segunda mitad del siglo XVII. Ambos pueblos son encantadores, como su gente, y esta vez solo con la oportunidad de llegar en Nadadores frente a la casa natal del general Lucio Blanco, un personaje de ilustre memoria en la historia revolucionaria del noreste y especialmente en Tamaulipas; lamentablemente se encuentra abandonada y amenaza con su ruina completa, un drama existente en muchos casos del patrimonio histórico edificado en nuestro país. Cabe agregar que por un costado de la plaza principal de esta población cruza la carretera federal número 30, que enlaza Monclova con Torreón en un tramo de 300 kilómetros, por lo que es muy notable el movimiento vehicular en todo su curso.

 

SIGUIENDO EL CURSO DEL RÍO

Y siguiendo el rumbo del suroeste por la vía citada, se comienzan a atravesar verdaderas “puertas de montaña”, que no son otra cosa sino el paso del río que viene bajando. La primera de ellas es simplemente espectacular, en el punto de Celemania, una antigua estación de trenes del ferrocarril que enlaza a Monclova con las zonas mineras de Sierra Mojada y Laguna del Rey, situadas muy al poniente de la entidad, en pleno Bolsón de Mapimí. Como dato memorable del acontecer reciente, en este lugar y sobre plena carretera ocurrió en el 2007 un accidente de enormes proporciones y muy poco común por sus características, cuando volcó un camión con 22 toneladas de nitrato de amonio, explotando durante las maniobras de rescate, matando casi a 40 personas y haciendo desaparecer prácticamente la cinta asfáltica.

Aquí se observan imponentes crestones de piedra que forman el paso de un cañón, cubierto en su lecho de una densa vegetación que forma una extensa ciénaga a partir de la cual se vuelve a reconstituir el río Nadadores. Luego sigue el valle del Sacramento, con la presencia de la localidad de ese nombre y más allá otra cabecera municipal, Lamadrid, las dos rodeadas por las crestas de grandes montañas y con suelos fértiles donde proliferan las huertas de nogal, tan características de Coahuila, de ahí su tradicional elaboración de dulces en donde la nuez es la reina del sabor. En este sitio baja la vertiente del río de los Nadadores, desde el cañón de una extensa cordillera plegada, en tanto que el otro brazo proviene del valle que sigue a una nueva “puerta de montaña”: Cuatro Ciénegas

 

CUATRO CIÉNEGAS

Ubicado en el corazón geográfico de Coahuila, está formado por dos valles de forma triangular, separados por una cordillera y flanqueados ambos por serranías en todos sus costados. La población se localiza en el borde norte del principal de los valles, de trazo cuadricular muy uniforme, permaneciendo casi inalterada desde su fundación en 1800, por disposición de la autoridad de las Provincias Internas de Oriente, por el interés de formar un pueblo civil que sirviera de valladar frente a los indios que merodeaban el gran desierto del Bolsón de Mapimí. Para formalizar el asentamiento hubo que comprar el terreno a los propietarios del marquesado de Aguayo, para entonces ya en franca capa caída. Y vaya que vendieron un tesoro, no muy valorado en aquella época, pero que hoy se revela con toda su magnitud, debido a que se trata de uno de los sitios más excepcionales por sus condiciones ecológicas y ambientales de todo México y hasta uno de los lugares casi únicos del planeta. En cuanto al pueblo, declarado mágico recientemente, vale destacar la belleza de su uniformidad urbana muy norestense, apenas alterado, donde el recuerdo del presidente Venustiano Carranza, nacido aquí, domina la escena. Posee muy buenos servicios turísticos y dos bodegas de vinos generosos de clásica catadura.

Los dos grandes valles en los que se enclava Cuatro Ciénegas está comprendido dentro de la región biótica del Gran Desierto de Chihuahua, con precipitaciones apenas presentes durante el año, pero cuando los vientos alisios del Golfo de México llegan a tener la energía de penetrar hasta esta parte del interior continental, o bien una corriente de chorro del Océano Pacífico deja caer la lluvia en las montañas que bordean los valles, la celosa anatomía orográfica guarda el líquido y lo hace filtrar por debajo de la superficie de los valles. Este fenómeno provocó, a lo largo de miles de años, que con el calor las aguas afloraran hacia la superficie, diluyendo a su paso las acumulaciones de yeso y rocas calcáreas, formando así un inmenso laberinto superficial de manantiales, pozas, ciénagas y el curso dendrítico de múltiples canales que al final integran una corriente que va a unirse al alto río Nadadores. Pero lo especial de este complejo proceso físico-químico y geológico de larguísima temporalidad, fue que en todos aquellos cuerpos que se formaron en el valle principal, se definió la presencia de un complejo de vida que asemeja la temporalidad del período Arqueano-Precámbrico (entre 4000 y 500 millones de años atrás en el tiempo, aproximadamente). Esto se constata en la supervivencia de una serie de seres vivos ligados al pretérito remoto, como los estromatolitos y los tapetes microbianos. Estas evidencias hacen de este lugar una página abierta al registro de la historia geológica de la Tierra. Esto se observa a simple vista en el área en que se sitúa la famosa Poza Azul, donde de la nada, del piso del desierto, brotan a borbollones las aguas del subsuelo, así como en el espejo de un prístino color de cielo intenso que define la profundidad de la poza, donde surcan tranquilos varias especies de peces, algunos de ellos endémicos, residentes del único lugar en el que pueden sobrevivir, lo mismo sucede con otras especies de reptiles, mamíferos y aves, que hacen del complejo de las ciénagas del valle su única posibilidad de mantenerse vivos. Y como ha sucedido en todo el país, una zona tan especial por sus condiciones naturales no ha estado ajena a la degradación ambiental, como consecuencia principalmente de la sobreexplotación del agua del subsuelo, lo que ha provocado la desecación de áreas importantes del antiguo complejo de humedales. Por tal motivo, en 1994 se decretó a Cuatro Ciénegas como Área de Protección de Flora y Fauna por el Gobierno federal, siendo también considerado por la Unesco y Conabio (Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad) como un lugar clave para conservar, además de ser considerada como una región terrestre e hidrológica prioritaria por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas.

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