Hembra o varón

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Rodolfo A. Echavarría Solís.-

La determinación del sexo de las personas y animales intrigó a los científicos durante siglos; se creía que era debido a circunstancias ambientales o cuestiones no terrenales. A principios del siglo XX una mujer determinó la causa que determina que un bebé nazca como hembra o varón. En esta ocasión comentaremos sobre la vida de esta científica y de su corta vida académica.

 

INFANCIA

Nettie María Stevens nació el siete de julio de 1861, en Cavendish, Vermont, Estados Unidos de América. Fue el tercero de los cuatros hijos del matrimonio formado por Julia Adams y Ephraim Stevens. Su madre murió en 1863 y su padre se volvió a casar en 1865, mudando a toda la familia a Westford; era carpintero y jornalero, y durante varios años tuvo un contrato estable en el ayuntamiento, lo que les dio estabilidad económica.

Nettie ingresó a la escuela pública de Westford, donde empezó a destacar y a ocupar los primeros lugares de su clase. Continuó con los estudios de secundaria en la Westford Academy, una institución que tenía como principio “que sería libre para personas de cualquier nacionalidad, edad o sexo”. Se graduó en 1880, junto con su hermana y nueve alumnos más, de los cuales solo tres eran mujeres.

 

ESTUDIOS Y TRABAJO

Nettie continuó con sus estudios, ahora en la Westfield Normal School, donde completó su preparación como profesora en solo dos años (el curso normal constaba de cuatro), graduándose en 1883. Trabajó como maestra de latín, inglés, matemáticas y zoología.

Además de su labor como maestra, Nettie trabajó como bibliotecaria, por lo que su vida transcurría entre los libros. A pesar de tener un trabajo bien remunerado y estable, mantuvo siempre el anhelo de estudiar no solo una carrera universitaria, sino también el posgrado, con el fin de dedicarse a la ciencia. Por lo tanto, ahorró gran parte de su sueldo durante mucho tiempo y, en 1896, a la edad de 35 años, cruzó todo el país para establecerse en California y cumplir su sueño.

 

ESTUDIOS SUPERIORES

Nettie ingresó a la Universidad de Stanford en 1897, donde conoció al Dr. Frank Mace MacFarland, quien contribuyó a que su interés se centrara en la histología. En los veranos realizaba estancias en el Hopkins Seaside Laboratory de Pacific Grove, California, donde el Dr. MacFarland trabajaba como investigador. En 1900 completó sus estudios de licenciatura e inmediatamente continuó con los de posgrado.

Entró al doctorado en el Bryn Mawr College, en Pasadena, California, con el fin de realizar investigaciones en las áreas de citología, embriología y genética. Entre sus profesores se encontraban dos destacados biólogos de la época: Edmund B. Wilson y Thomas H. Morgan.

Sus años de estudio de doctorado fueron altamente productivos, realizó varias publicaciones y obtuvo varios premios y becas, entre ellas una para realizar estancias de investigación en Europa, en la Estación Zoológica de Nápoles, Italia, y en el Instituto Zoológico de la Universidad de Wurzburgo, Alemania. Nettie obtuvo el grado de Doctora en 1903, viendo realizado el sueño de toda su vida.

 

INVESTIGACIÓN

Al término de sus estudios de doctorado, Nettie tenía la oportunidad de trabajar como profesora en el Bryn Mawr College. Sin embargo, deseaba continuar con sus investigaciones y en esa época la plaza de profesor debía ser de tiempo completo dedicada a la docencia, sin tiempo para la investigación.

Nettie había agotado todos sus ahorros en sus estudios, por lo que solicitó una beca a la Institución Carnegie de Washington para realizar su investigación sobre los aspectos de la herencia, relacionados con la Ley de Mendel, en particular el papel que tienen los cromosomas. Su solicitud contó con las recomendaciones del Dr. Wilson y el Dr. Morgan, entre otros eminentes científicos.

En 1904 obtiene la beca solicitada y puede dedicarse de tiempo completo a la investigación sobre los cromosomas y la determinación del sexo. Antes de su trabajo en el tema, se pensaba que el sexo de un individuo se debía a factores externos, hereditarios o que se establecía en el huevo.

Al estudiar a varios insectos, Nettie descubrió que las hembras solo poseen cromosomas X, mientras que los machos poseen cromosomas tipo X y Y. Descubrió la presencia de estos dos tipos de cromosomas en los espermatozoides, por lo que la unión de dos cromosomas XX daban como resultado una hembra, y la unión de los cromosomas XY originaban un macho.

El Dr. Wilson trabajó en el tema de forma independiente y llegó a los mismos resultados, pero en un artículo reconoció la precedencia e importancia del trabajo desarrollado por Nettie. El Dr. Morgan no aceptó inicialmente estos resultados, pero las investigaciones que realizó más adelante lo llevaron a la misma conclusión.

 

PREMIO NOBEL

La aportación de Nettie sobre el papel que juegan los cromosomas en la definición del sexo de los individuos tardó varios años en ser aceptada por la comunidad científica, hasta que los conocimientos de genética avanzaron lo suficiente. Por muchos años se pensó que el descubrimiento lo había realizado solamente el Dr. Wilson, debido a que era un biólogo con una mayor trayectoria.

La situación de Nettie había mejorado considerablemente para 1910, incluso el Bryn Mawr College creó una plaza especial de profesora investigadora para ella. Lamentablemente, nunca pudo ejercerla, ya que enfermó de cáncer de mama.

En 1933 El Dr. Thomas H. Morgan recibió el Premio Nobel de Medicina por “sus descubrimientos sobre el papel jugado por el cromosoma en la herencia genética”. Aunque siempre le dio el reconocimiento al trabajo desarrollado por Nettie, no es posible saber si ella hubiera recibido también el Premio o una vez más hubiera sido discriminada por ser mujer.

 

LEGADO

Nettie Stevens falleció el cuatro de mayo de 1912, a los cincuenta años, en Baltimore, Estados Unidos. Aunque su carrera como científica fue muy corta, realizó aportaciones importantes, entre ellas, la principal sobre los factores que determinan el sexo en los individuos. Dejemos aquí el reconocimiento para esta gran mujer, quien al cumplir su sueño de toda la vida de ser científica, nos dejó un gran legado.

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