El astrónomo mexicano

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Rodolfo A. Echavarría Solís.-

NIÑEZ

Guillermo Benito Haro Barraza nació en la Ciudad de México, el 21 de marzo de 1913. Sus primeros años transcurren como hijo natural al lado de su madre, ya que, al ser de condición social diferente, su padre vivía aparte, como soltero, acompañado de su hermana. Sin embargo, la pareja procrea seis hijos –uno de los cuales muere muy pequeño–.

Guillermo crece entre los huertos de la casa de su madre, en Coyoacán. Se apasiona desde niño por el cielo y por todo lo que le rodea, y piensa que el cielo termina en la cúspide de las montañas que rodean al valle de México. Su primera lección la recibe de su madre, durante un viaje en tren a Cuautla. Ella le enseña que la tierra no se acaba, que es redonda y que, si siguieran el trayecto, regresarían al punto de partida.

Su madre representa todo para él, es amiga, confidente, maestra, mientras que su padre es solo un señor que los visita los domingos. Lamentablemente, cuando tenía doce años, ella muere de un infarto; su padre legaliza su situación post mortem y reconoce como hijos a los dos mayores, siendo Guillermo uno de ellos.

Todos los hermanos son llevados a vivir a casa del padre, para ser criados por su tía. Esto supone un gran cambio en su formación, ya que, a diferencia de su madre, que les enseñaba cómo algunas flores se cierran por las noches y otros aspectos de la naturaleza, a su nueva tutora solo le interesaban las noticias de las páginas de sociales de los periódicos. Además, la relación con su padre era prácticamente nula.

Guillermo desarrolla un pavor a las mariposas negras –que mantendría hasta sus últimos días–, debido a que, en la noche que falleció su madre, una de ellas revoloteó por encima de su cama.

 

ESTUDIOS

Guillermo destaca en sus estudios desde la primaria. Cursa la secundaria y la preparatoria en un colegio de los Hermanos Maristas. Se hace notar por la forma en que debate con los profesores. Algunas veces llega a pelearse con los compañeros que lo llamaban “hijo natural”.

En una visita a casa de un amigo, después de una pelea, este lo deja atado en la azotea toda la noche. Al día siguiente sube apenado a disculparse con Guillermo, pero lo encuentra tranquilo, al preguntarle cómo había pasado la noche, le contesta que de maravilla y que, en lugar de dormir, se puso a contemplar las estrellas.

Siendo un joven de dieciséis años sostiene una pelea por el amor de una joven cantante de ópera. Su rival le dispara en el estómago, pero, afortunadamente, la bala no perfora ningún órgano y Guillermo se recupera en el hospital.

Al terminar la preparatoria, decide estudiar Leyes, pero se da cuenta que esa no era su vocación cuando le encargan embargar una máquina de coser a una pobre señora. Guillermo no puede cumplir con la encomienda y busca otro camino. Ingresa a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. En la Universidad desarrolla su pasión por el conocimiento científico, en especial por la astronomía. En 1941 conoce al astrónomo Luis Enrique Erro, quien lo invita a trabajar como asistente en el Observatorio Astrofísico de Tonanzintla, en Puebla.

 

TONANZINTLA

Gullermo Haro pronto empezó a destacar en el campo de la astronomía a nivel nacional e internacional. En Tonanzintla pasa los mejores años de su vida, trabaja de madrugada observando las estrellas. De todas maneras, no pierde contacto con el mundo común. Los fines de semana bajaba a la ciudad de Puebla a convivir con amigos. Por las tardes gustaba de pasar al puesto de quesadillas, y escuchaba a la señora que le decía “Hoy no podrá ver las estrellas por que las moscas están volando muy bajo” (debido a la humedad).

Con el fin de continuar su preparación en astronomía, en 1943 viajó a los Estados Unidos para trabajar en Harvard College Observatory. Guillermo descubrió, al mismo tiempo que el científico estadounidense Georg Herbig, los que serían conocidos como objetos Herbig-Haro, relacionados con la formación de estrellas. Descubrió un cometa y varias novas y supernovas. En 1956 descubrió unas galaxias que fueron bautizadas con su nombre.

Guillermo Haro era un jefe muy exigente y gruñón. Se dio cuenta que la UNAM debía alcanzar un nivel de excelencia a nivel internacional. Ayudó a jóvenes investigadores a que continuaran sus estudios en el extranjero, y que regresaran a México a contribuir a su desarrollo. En 1967 propuso instalar un observatorio en Baja California y, en 1971, otro en Sonora. Este mismo año fundó el Instituto Nacional de Astrofísica Óptica y Electrónica (Inaoe), en Tonanzintla.

 

RECONOCIMIENTOS

Fue aceptado como miembro del Colegio Nacional en 1953 (uno de los miembros más jóvenes), fue nombrado director del Observatorio Astronómico de Tacubaya en 1949, así como del Observatorio de Tonanzintla, en 1951. Obtuvo el doctorado Honoris Causa de la Case Western Reserve University de Cleveland, en 1943.

Guillermo Haro fue miembro de la Royal Astronomical Society, de Inglaterra. En 1986 recibió la medalla Lomonósov de la Academia de Ciencias de Rusia (en ese tiempo la URSS). El gran intelectual mexicano Alfonso Reyes lo bautizó como “El sacerdote del telescopio”.

 

VIDA PERSONAL

En 1959 Guillermo Haro conoce a la escritora Elena Poniatowska –diecinueve años menor–, quien le realiza una entrevista. Recuerda que Haro le preguntó varias veces su apellido, para saber si mentía. Entre los dos surge una química especial: ella, amante de las letras y él, apasionado de la ciencia. Contraen matrimonio en 1968 para vivir juntos durante veinte años y procrear tres hijos.

Poniatowska continua declarando, hasta el día de hoy, que vivir con Guillermo Haro ha sido la experiencia más aleccionadora de su vida, que él le dio a su vida un sentido que jamás habría tenido, y que lo considera un don inmerecido.

En la presentación del libro “El universo o nada”, en el que narra su biografía, comentó: “La obsesión de Guillermo Haro era el destino de México; su batalla, el avance de México; su conflicto, la mediocridad, la corrupción, el valemadrismo de los malos funcionarios. Recuerdo que amanecía contento, sus pisadas bailaban camino a la mesa del desayuno y, a medida que pasaba el día, iba oscureciéndose hasta terminar desesperado a la puesta del Sol”.

Asimismo, recuerda que “le desesperaba la deserción escolar, la explosión demográfica, la molicie de quienes escogen el camino fácil, la ley del menor esfuerzo. Le enfurecía que un estudiante le contestara que las matemáticas, la física, la química eran materias difíciles».

 

LEGADO

Guillermo Haro no solo contribuyó a situar a la astronomía mexicana en un lugar destacado a nivel internacional, sino que ayudó a crear instituciones científicas, impulsó la ciencia en México y apoyó a nuevos investigadores. Para Elena Poniatowska, fue un hombre adelantado a su época.

Guillermo Haro falleció el 27 de abril de 1988. La mitad de sus cenizas están depositadas en la Rotonda de los Hombres Ilustres, mientras que la otra mitad descansa en la cima de su amado lugar de observación de las estrellas: Tonanzintla.

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