Dos amigos para siempre

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José Bruno del Río Cruz.-

No sé, estimado lector, si a usted le ocurre lo que seguramente a muchos de los que pasamos nuestra vista por los medios escritos buscando conocer nuestro entorno, tanto el cercano de nuestro país como las lejanas tierras que solo conocimos en los globos terráqueos de nuestra primaria, y tanto aquí como allá solo encontramos un tsunami de malos acontecimientos y perdidas algunas buenas novedades de la nobleza y sentido humano que siempre sobrevivirán a los desastres que el poder económico o político o ambos, cuando se desbordan afectan a miles de seres humanos.

La terapia para esta desesperanza está en una de las páginas de muchos diarios, producto de la imaginación y alegría de ese extraordinario y fuente de simpatía que es Don Armando Fuentes Aguirre, más conocido por Catón.

Hace algunos años, recibí una llamada telefónica de mi inolvidable amigo Ramón Durón, me invitaba Ramón a una conferencia que en Ciudad Victoria daba esa noche su estimado y admirado amigo Don Armando Fuentes Aguirre, acontecimiento que solía llenar, como en muchas partes de la República, cualquier recinto, pues era una garantía de escuchar de propia voz al autor de esas dos columnas que escribe este hombre excepcional, una llena de narrativas jocosas que van del chiste blanco, apto para cualquier clérigo circunspecto, hasta situaciones embarazosas con elegante picardía que nadie puede calificar de obscenas.

Precisamente al lado de nuestro escenario está su admirable columna llamada “Mirador”, donde Catón, aquel narrador poliédrico, se convierte en Don Armando Fuentes Aguirre, que nos embelesa llevándonos de la mano por los hermosos caminos de una espiritualidad tan sencilla como profunda.

Nos pasea de una frivolidad elegante hasta una reflexión con una sensibilidad y delicadeza de pétalo.

Cuánto sentí no haber acompañado a Ramoncito, como le llamaba, aquella noche que me presentó a ese ser extraordinario, que en lo único que discrepo es en su caballerosa aversión a los nuevos vientos del verdadero cambio que soplan en el país, pero aquella noche tuve que estar, hasta muy tarde, atado a las vicisitudes de mi chamba en la Secretaría General de Gobierno.

Ya no tuve oportunidad de estar con mi amigo Ramón, pues emprendió el ineludible viaje, ni con Don Armando, con quien sí convivo en la alegría de la vida, como en la profunda espiritualidad de sus paisajes.

 

HUBO MUCHO RUIDO Y POCAS NUECES

Entre la tensión comercial con China y la idea de levantar un muro en la frontera con México, parece que el señor Trump ha olvidado el nuevo Acuerdo Comercial entre EU y Canadá (TMEC).

Recordará usted, enterado lector, que el pasado 30 de noviembre firmaron este nuevo acuerdo Peña Nieto, Trump y Trudeau, dando fin a una larga discusión que Trump manejó junto con injustos aranceles para el acero y el aluminio mexicano.

Después de todo aquel jaloneo de meses, el famoso nuevo Tratado duerme el sueño de los justos en los Senados de México y Estados Unidos, así como en el Parlamento Canadiense, pendiente de ser ratificado. El problema se ha complicado, porque ya Trump no tiene la mayoría en ambas cámaras, pues la Cámara de Representantes la encabeza su antigua enemiga republicana, la hábil y legendaria Nancy Pelosi, lo cual complicará la ratificación del famoso documento que nos causará serios problemas.

Un conocido refrán dice: “No hay mal que por bien no venga” y este aforismo tan mexicano, viene a cuento porque las complicaciones en la renegociación del famoso tratado nos obligó a voltear la mirada a Latinoamérica, resultando un mayor crecimiento de nuestras exportaciones a esa región hermana.

En efecto, de enero a noviembre de 2018 se exportaron 14 mil 625 millones de dólares de productos mexicanos a Latinoamérica, 12 por ciento más que en el mismo periodo del 2017, según datos de la Secretaría de Economía.

Por supuesto que esta situación obliga a nuestros productores, acostumbrados a la comodidad del mercado vecino, a emprender negociaciones en los nuevos mercados que estaban inexplorados, las exportaciones al sur del Continente dan fortaleza a México, porque tiene más destinos para enviar sus productos y en el caso de las importaciones, también se diversifican las proveedurías.

Este relanzamiento ha intensificado el comercio de exportación e importación con Brasil, Colombia y Chile, que por fortuna va en aumento, sobre todo en productos agrícolas, de partes automotrices y de manufacturas varias.

 

EXPONIÉNDOSE AL LAZO DEL CAZADOR

No sé si usted, amigo lector, ha presenciado las conferencias tempraneras de López Obrador, que por una parte luce un conocimiento tan variado de las diversas preguntas que le formulan periodistas, que algunos dicen ser de medios desconocidos.  Estas conferencias no tienen precedente, pero sí inconvenientes, pues se prestan a preguntas tramposas para exhibir en algún traspiés al Presidente, en un desgaste innecesario que le quita tiempo para la ocupada función presidencial, además del riesgo de anunciar las fechas de sus siguientes periplos a través de la República. Bien pudieran hacerse más espaciadas, sin mengua de la información y transparencia que el tabasqueño pretende.

 

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