Galileo

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Rodolfo A. Echavarría Solís.-

El diez de noviembre de 1979, después de crear una comisión para que investigara el caso de Galileo, el Papa Juan Pablo II expresó lo siguiente ante la Academia Pontificia de las Ciencias: “Espero que los teólogos, los eruditos y los historiadores, animados por un espíritu de sincera colaboración, estudiarán el caso de Galileo con mayor profundidad y, en franco reconocimiento de los errores, sean del lado que sean, disiparán la desconfianza que todavía constituye un obstáculo, en los espíritus de muchos, para la fructífera concordia de la ciencia y la fe”.

 

LOS PRIMEROS AÑOS

Galileo Galilei nació el 15 de febrero de 1564, en Pisa, Italia (en ese tiempo perteneciente al Gran Ducado de Toscana). Fue el mayor de seis hermanos, hijos del músico y matemático Vicenzo Galilei. La pasión de Galileo por la observación y la experimentación nació al ver a su padre trabajar.

En esa época todavía se aceptaba como cierta una teoría musical elaborada por Pitágoras. Se basaba en los llamados “números sonoros”, los cuales se consideraban perfectos. Sin embargo, a Vicenzo los sonidos emitidos por las cuerdas construidas con base en esos números no le sonaban tan bien. Por lo tanto, se propuso experimentar con cuerdas de diferentes dimensiones para que se escuchara mejor.

En ese tiempo a nadie se le ocurría realizar experimentos para comprobar algo, todo se aceptaba de acuerdo a la razón. Al comprobar que las teorías musicales de Pitágoras estaban erróneas, Vicenzo le pide a su hijo que abandone las matemáticas y se dedique a la medicina. Sin embargo, a Galileo le causó una gran impresión el método empleado por su padre para la comprobación de las hipótesis, lo que le llevaría a establecer el método científico y a utilizarlo durante todas sus investigaciones.

 

EL MÉTODO CIENTÍFICO

Galileo ingresó a la Universidad de Pisa con el fin de estudiar medicina, pero abandonó sus estudios tiempo después, para dedicarse a las matemáticas. Unos años después se trasladó a Florencia, donde radicaba su familia. En 1589 comienza a impartir clases en la misma Universidad donde había estudiado.

Galileo se interesa especialmente por el movimiento de los cuerpos y empieza a realizar experimentos en un plano inclinado, con bolas de hierro. Utiliza un novedoso sistema para medir los tiempos que le tomaba a la esfera rodar. Mediante el uso de cuerdas, y como buen músico que era, podía escuchar el instante que la bola pasaba por un punto (faltaban siglos para que se desarrollara un cronómetro preciso). Con esto, se da cuenta de que la velocidad aumentaba con el tiempo, por lo tanto sufría una aceleración.

Comprobó que esta aceleración era independiente del peso del cuerpo, por lo que dos esferas de diferentes pesos debían llegar al final del recorrido al mismo tiempo. En aquella época se creía que el tiempo que le tomaba a un cuerpo caer al suelo desde cierta altura dependía de su peso, pero Galileo comprobó que no es así. Para mostrar su descubrimiento, realizó su histórica exhibición arrojando objetos desde lo alto de la torre de Pisa.

El hecho de que una pluma de ave caiga más lentamente que una bola de hierro, se debe a la resistencia del aire, pero si son arrojados en el vacío caerán a la misma velocidad. El lector puede comprobarlo –en parte– si arroja una hoja de papel y un lápiz, primero verá que el lápiz cae más rápidamente, pero si arruga la hoja de papel para hacer una bolita, verá que la velocidad de caída de los dos objetos es casi igual, ya que se ha disminuido la resistencia al aire de la hoja.

Además de sus descubrimientos científicos, la principal aportación de Galileo es el método científico, que consiste en la elaboración de una hipótesis, con la correspondiente experimentación, con el fin de comprobarla o rechazarla. Esto representa la base de toda la ciencia moderna.

Galileo nació a finales de la Edad Media, en la que Europa se había pasado mil años en el oscurantismo, sin ningún descubrimiento significativo. Todavía era aceptada la teoría geocéntrica de Tolomeo –del siglo II– que establecía que todos los planetas giraban alrededor de la Tierra, considerada el centro del universo. Este principio era el único aceptado por la Iglesia y no se permitía ninguna desviación del mismo.

En 1593 un astrónomo polaco llamado Nicolás Copérnico publicó una hipótesis completamente diferente, llamada heliocéntrica, que establecía que es el Sol, y no la Tierra, el centro del universo y que los planetas giran alrededor de él. Con esto se degradaba a la Tierra a ser simplemente un cuerpo celeste más, alrededor de una estrella. Obviamente, el libro de Copérnico fue declarado como prohibido por la Iglesia. Esta nueva concepción ocasionó un enfrentamiento con los principios aceptados, significó el despertar de la conciencia de la humanidad, la cual había permanecido dormida por mil años.

 

LA INQUISICIÓN

En 1609, mientras continúa con sus investigaciones como profesor de la Universidad de Padua, recibe noticias de la invención de un telescopio, con el cual era posible observar objetos lejanos. Galileo mejora notablemente este dispositivo y le agrega un mayor aumento, con lo que empieza a observar los planetas a detalle.

A partir de estas observaciones, se vuelve un defensor del sistema propuesto por Copérnico. En 1632 publicó en Florencia su magna obra “Diálogo sobre los dos máximos sistemas, tolomeico y coperniquiano”, en el que defendía que la Tierra giraba alrededor del Sol. Unos años antes ya había recibido una amonestación de la Iglesia Católica, en la que se le autorizaba publicar su obra, pero solo si comparaba los dos sistemas y presentaba al sistema heliocéntrico como una hipótesis

Galileo fue además, un gran divulgador de la ciencia –quizás el primero– ya que buscaba que la mayoría de las personas entendieran sus obras, por lo que las publicaba en italiano “vulgar”, la lengua que hablaba la gente común, y no en latín, el lenguaje culto de la época.

A pesar de su amistad con el Papa Urbano VIII, Galileo fue llamado a juicio por la Inquisición. El 30 de abril de 1633 abjuró de sus ideas (aunque después pronunció su famosa frase “y sin embargo, se mueve”), fue sentenciado a prisión perpetua el 22 de junio de ese mismo año. El Papa conmutó la sentencia por arresto domiciliario. Galileo –viejo y enfermo– regresó a su casa en Florencia a pasar sus últimos años. Sus obras son extraídas de contrabando y comienzan a ser publicadas en varios países europeos.

 

VIDA PERSONAL

Galileo vivió una relación con Marina Gamba, a quien conoció en un viaje a Venecia. Aunque nunca se casaron, ella vivió un tiempo en su casa y le dio tres hijos. Dos niñas, llamadas Virginia y Livia, que fueron internadas en un convento (no se podían casar, al ser consideradas ilegítimas) y un hijo llamado Vicenzo. Unos años después, Marina se casó con Giovanni Bartoluzzi, por lo que Vicenzo se fue a vivir con Galileo, y fue considerado legítimo heredero.

 

EL LEGADO

Galileo Galilei, quien ya había perdido la vista por completo, falleció el ocho de enero de 1642. Su trabajo representa el nacimiento de la ciencia moderna. Demostró que el hombre es capaz de entender el funcionamiento del universo con base en su inteligencia y el método científico. El 31 de octubre de 1992, el Papa Juan Pablo II pidió perdón por la condena injusta a Galileo y rehabilitó al gran científico de Pisa. Dejemos aquí el reconocimiento para el padre de la ciencia.

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