Un pordiosero con suerte

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Palabras Sabias: “El hombre nace sin dientes y sin cabello y muere igual sin dientes, sin cabello y sin ilusiones”

(Alejandro Dumas) Novelista y dramaturgo francés.

 

Lilia García Saldívar.-

Quiso masticar un pedazo de pan duro, y se lastimó las encías, Rogelio no se había acordado que ya no tenía nomas que un solitario y flojo diente que le brincaba para un lado y otro, pero nunca para clavarlo en un trozo de alimento aunque este fuera blando, el de burla para su diente le decía el brincón, y cuando el alimento olía sabroso él suplicaba, ¡ándale brinconcito, deja que mi diente arranque un pedazo de esta sabrosura, ándale no brinques y deja que te entierre en esta rica comida hoy, por ser año nuevo, por favor brinconcito, saborea por hoy este sabroso manjar!. A la hora que Rogelio acababa de oír misa de gallo, le pidió con fervor a Dios, ya que iría a la casa de don Isidro, uno de los ricachones del pueblo, con tan buena suerte que Isidro le abrió la puerta y dijo; “Vaya Rogelio llegaste a buena hora” pasa al pasillo para que no tengas frío, y luego te daré un plato con la cena de año nuevo, hoy la hicimos temprano porque mañana va a hacer frio, y así no nos desvelaremos, pasa a este pasillo y te daré un poco con todo lo que hay, espérame tantito, ya se fue para la cocina y sirvió un buen pedazo de pavo, una rebanada de pierna de puerco con salsa, ensalada de manzana y un buen chope de puré de papa, le puso dos rebanadas de pan, y sirvió en vaso de plástico una bebida dulzona, pero tenía una pizca de coñac, el plato relucía con todos los sabrosos platillos, agregó una servilleta de papel y una cuchara y se los llevó a Rogelio el limosnero, que antes de pedir limosna en las casas siempre decía, “le barro la banqueta patroncita”, y usted me da un poco de pan con leche, así se ganaba la vida, le daban un peso o le traían de comer y Rogelio se iba contento, había una señora, doña Nacha, que siempre le prestaba la charola con sopa, tortillas, guisado y hasta una paleta de dulce, y le decía; mire coma despacito sin prisas, ponga la charola en esta mesita y coma tranquilo, ya amarré al perro para que no le venga a lambisquear, y cuando termine de comer, me llama con la cucharilla en el vaso y le traigo un rico postre de leche, después que termine yo vengo y recojo la loza y usted se va a dormir un ratito a la plaza, a esta hora está sola, y los niños no lo molestarán, ándele Rogelio coma con gusto, y dicho esto Rogelio sonreía y enseñaba el único diente que tenía, luego decía “Si seño, muchas gracias, Dios le dé más” y luego disfrutaba la comida, guardaba todos los pedacitos que le sobraban en una bolsa de papel, y si veía la escoba cerquita barría el patiecito, y les echaba agua a las plantas que estaban sembrando luego lanzaba un grito “Adiós señora Nacha” y no esperaba que contestaran, se ponía la sucia gorra y se iba contento, había comido, y en la bolsita traía tantito jugo en la botellita con tapón de papel y lo que le quedó de comida, hoy tendría ya la cena lista con el pan y el pedazo de carne que hoy le dieron, pues un solitario diente  no alcanza a partir, ah pero no se iba quedar sin cenar, cogió  la carne con los dedos y la desmenuzó, y así podría cenar un poco más tarde, para que más le durara el manjar, comió un poco, otro poco de pan, un traguito al refresco, puso toda la comida colgada de un mecate al techo de su pobre rincón, puso un petate en el suelo, una vieja almohada y se tapó con la cobija que le dieron un día de verano, rezó, dio las gracias por tan suculenta cena tapándose hasta las orejas y se durmió, no sin antes rezar y decirle a Cristo y a la Virgen “Feliz año nuevo señor Jesús”, ¡Madre María feliz año, cuídame por favor, como cuidaste a tu hijo! y luego con un prolongado suspiro se durmió feliz, hoy había cenado y eso lo alegraba, recordó en sueños, cómo su madre les repartía el pan para que alcanzara para todos, les ponía un relleno en el pan dulce, no sabía de cuál pero sabía rico, algunas otras veces los rellenaba con huevo y frijoles, y ellos entre risas y jugueteos las comían con gusto, se fijó bien y divisó un huevo en la canasta, con trabajos se paró sostenido por el palo que le servía de bastón, puso un sartencito en la escuálida lumbre, le echó tantita manteca y frió el huevo revuelto, luego lo puso en el pan y cortando pedacitos de aquel suculento manjar, se separó un poco de la fogata, y ya acostado se la comió, después se envolvió bien, rezó y le dijo a Dios en la oración “ Gracias Señor, hoy pude comer y dormir calientito” después cerró los ojos cargados de sueño y su memoria reprodujo a su mamá y sus hermanos ¿dónde estarían ahora?.

De pronto, con un movimiento que hizo, una braza quemó su cobija y Rogelio se despertó, apagó el fuego a sombrerazos y ya tranquilo siguió durmiendo, pensando en su mamá y sus hermanos, más el ruido de los bomberos que acudieron a su rincón lo despertó, lo pusieron en una camilla y lo llevaron al hospital donde le curaron las quemadas, lo bañaron y lo pusieron en una cama con sábanas y cobijas, donde soñó que su mamá lo envolvía como cuando era pequeño, y dulcemente ya sin dolor y suero que le pusieron, soñó que estaba en su casa y dulcemente cerró los ojos para siempre.

Nadie supo aquel día que lo llevaron al panteón que Rogelio soñó que unos seres blanquísimos con alas lo consentían, y una sonrisa brilló en su cara cuando lo llevaban por el aire a un hermoso jardín lleno de flores, de frutos y todos lo invitaban a comer, y cosa rara, aún con su único diente, pudo comer, dormir bien, y soñar con una mano amiga que lo arrullaba y lo acariciaba, Rogelio pasó al otro mundo sonriendo satisfecho, y con alegría aceptaba todo, lo había merecido, Dios acudió a él en los momentos críticos de hambre y frío, y hoy tranquilo disfrutaba del cielo, Dios provee todo.

 

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