Johannes Kepler

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Rodolfo A. Echavarría Solís.-

EL SISTEMA GEOCÉNTRICO

Claudio Tolomeo fue un filósofo griego que nació en el siglo II de nuestra era. En esos años la astronomía estaba unida a la astrología, por lo que las observaciones de los movimientos de los astros iban acompañadas de predicciones sobre la vida de las personas y el destino de los reinos a través de los horóscopos. Tolomeo planteó, mediante la hipótesis geocéntrica, que nuestro planeta está fijo y todos los demás cuerpos celestes giran alrededor de él. Además, estudió sus trayectorias con lo que pudo predecir eclipses.

Si lo pensamos con calma, lo normal es creer que la Tierra está inmóvil: vemos al Sol salir por un extremo del horizonte y esconderse en la parte opuesta, también observamos cómo la Luna va desplazándose a través del cielo. Si realizamos una observación más detallada, podremos notar la trayectoria que siguen los planetas. Aunque en nuestros días casi nadie hace esto, en la época de Tolomeo, al no existir iluminación artificial, las personas podían dedicar todas las noches de toda su vida a observar los cuerpos celestes y comprobar su movimiento cíclico.

Esta percepción del universo permaneció sin cambios durante más de mil años y fue la única teoría aceptada por la Iglesia. Sin embargo, después de la Edad Media, que sumió a Europa en el atraso y el oscurantismo, surgieron varias mentes que cuestionaron este sistema establecido. El primero de ellos fue Nicolás Copérnico, al proponer en 1543 que era alrededor del Sol, y no de la Tierra, como giraban los planetas. El siguiente paso consistió en descifrar la forma en que se desplazaban.

 

EL PROTESTANTE

Johannes Kepler nació el 27 de diciembre de 1571, en la actual Alemania (en ese tiempo parte del Sacro Imperio Romano Germánico). Su familia era protestante y había venido a menos en cuanto a su situación económica. Su padre era mercenario en el ejército del duque de Alba y rara vez estaba en casa, hasta que un día ya no regresó. Su madre era una curandera que al final de su vida sería acusada de brujería.

Kepler fue un niño con una salud muy frágil, pero con un elevado coeficiente intelectual. A pesar de sus limitaciones, sus padres le inculcaron el interés por la astronomía, además de que se preocuparon de que cursara la educación básica y lo inscribieron en los seminarios protestantes de Adelberg y Maulbronn. En esos años comienza a interesarse por el funcionamiento del Cosmos y a pensar sobre la forma de descifrarlo. Había sido formado en la fe luterana y pensaba que él, siendo tan pecador (al menos así se sentía), no debía ser elegido para entender la forma en que Dios había diseñado los movimientos de los planetas.

En 1589 ingresa a la Universidad de Tubinga para proseguir con su formación eclesiástica. Aquí tiene contacto por primera vez con la teoría heliocéntrica de Copérnico, y la abraza por completo. Para él, el Sol representaba a Dios, por lo que todo gira a su alrededor. Antes de ser ordenado, le hicieron una atractiva oferta para ser profesor de matemáticas en Graz y, debido a que sabía –al igual que sus superiores– que no contaba con la vocación religiosa necesaria, la acepta con gusto.

Con el fin de ayudarse en su manutención, elabora cartas astrológicas y almanaques. Su relación con la astrología fue siempre muy cercana, a pesar de ser un científico (como lo comentamos, en esa época la astrología y la astronomía estaban prácticamente unidas). Posteriormente, comienza a destacar como matemático y astrónomo, por lo que recibe una oferta para unirse a un científico destacado en Dinamarca.

En esos años –finales del siglo XVI– se gestaba la lucha entre los pueblos católicos y los protestantes, que daría lugar a la Guerra de los Treinta Años. Los protestantes fueron excluidos del poder político y económico, la escuela de Kepler fue clausurada y se prohibieron todos sus libros. El archiduque católico local declaró que prefería convertir a su país en un desierto, que gobernar sobre herejes. Por lo tanto, Kepler no lo piensa más, acepta el ofrecimiento y viaja a Dinamarca.

 

EL HOMBRE SIN NARIZ

Tycho Brahe nació el 14 de diciembre de 1546 en Knudstrup, Suecia (en aquel tiempo perteneciente a Dinamarca), en el seno de una familia de la nobleza. Desde niño fue educado por su tío, quien no había tenido descendencia. A los trece años ingresó a la Universidad de Copenhague a estudiar leyes y filosofía. A esta edad es testigo de un hecho que lo marca de por vida: un eclipse de Sol. No solo queda impresionado por el fenómeno, sino porque se da cuenta de que el evento había sido predicho con exactitud.

En 1562 continúa su educación en leyes en la Universidad de Leipzig, Alemania aunque dedica la mayor parte de su tiempo a estudiar astronomía. Adquiere las obras de Tolomeo y varias tablas astronómicas. Al siguiente año tiene lugar otro evento astronómico, ya que Saturno y Júpiter se observan muy cerca uno de otro. Al revisar las tablas se da cuenta de que tenían un error de casi un mes en su predicción, por lo que decide dedicarse a observar el cielo y reunir todos los datos posibles.

Todavía faltaban unos años para que Galileo inventara el telescopio, por lo que tuvo que idear complejos artefactos mecánicos para observar los cuerpos celestes y determinar su posición a simple vista con gran precisión. A pesar de su interés en la ciencia, Brahe distaba mucho de ser un ratón de biblioteca. Era un gran bebedor que disfrutaba además de las buenas comidas y las reuniones. En una de esas fiestas, al calor de las copas, reta a un compañero a un duelo. Cuando se lleva a cabo el enfrentamiento su oponente termina rápidamente la pelea al rebanarle la nariz. Debido a esto, mandó fabricarse una nariz postiza de oro y plata que usaba con pegamento.

Una gran ventaja de Brahe era que pertenecía a la nobleza, por lo que, aunado a la fama que había ganado, se convirtió en el astrónomo y consejero del rey Federico II. Era tan alta la estima en que el rey lo tenía que le regaló la isla de Hven para que instalara un observatorio. Instaló un inmenso laboratorio con talleres, trabajadores a su disposición y todo lo necesario para llevar a cabo su labor científica.

Sin embargo, a la muerte del rey el nuevo monarca le retira la isla para regalársela a una de sus amantes, por lo que Brahe se muda a Praga como matemático imperial de la corte del sacro emperador germánico Rodolfo II. Aquí se reúne con un joven astrónomo provinciano llamado Kepler.

 

LAS LEYES DE KEPLER

Durante dieciocho meses los dos astrónomos llevan una relación difícil, ya que Brahe se negaba a compartir con su joven colega los datos que había recolectado durante toda su vida. Un evento acelera el final de Brahe: en octubre de 1601, cuando asistió a una cena ofrecida por el barón de Rosenberg, sintió la necesidad de aliviar sus necesidades, pero la etiqueta rigurosa indicaba que no debía levantarse de la mesa hasta que terminara la comida. Cuando por fin lo hizo, ya habían iniciado sus problemas en las vías urinarias que se agravaron cuando continuó con sus excesos.

Brahe falleció el 24 de octubre de 1601 en Praga, antes de morir le cedió todos los datos astronómicos que tenía en su poder a Kepler. Con base en ellos, éste conseguiría uno de los mayores logros en la historia de la ciencia y daría lugar al nacimiento de la astronomía moderna.

La aportación de Kepler se puede resumir en sus tres leyes del movimiento planetario: La primera dice que la trayectoria de los planetas es elíptica (y no circular como se creía). La segunda declara que los planetas recorren áreas iguales en tiempos iguales –por lo que viajan más rápido al pasar cerca del Sol y más despacio al alejarse–, mientras que la tercera relaciona el tamaño de la órbita de un planeta con el tiempo necesario para dar una vuelta alrededor del Sol.

 

EL LEGADO

Johannes Kepler falleció el 15 de noviembre de 1630. Las observaciones de Tycho Brahe y la correspondiente labor científica desarrollada por Kepler sentaron las bases de la ciencia moderna. Representaron el despertar de la mente humana, dormida durante siglos. Además, marcaron el nacimiento de la astronomía como ciencia, y el señalamiento de la astrología como un conjunto de charlatanerías sin ningún sustento científico.

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