A dónde vamos a parar

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Adriana Heredia.-

En México hay opiniones encontradas a cerca de la lucha emprendida por el actual presidente de la República Andrés Manuel López Obrador para combatir la corrupción en Petróleos Mexicanos por el robo descarado de los hidrocarburos y el desabasto que esta estrategia ha causado en varias entidades federativas.

El mayor problema al que nos hemos enfrentado los usuarios de las gasolinas es a la falta de las mismas, sin embargo después del pánico causado lo que queda es la elevación en sus costos, y poniendo en la balanza la situación, los mexicanos hemos aceptado el aumento que ya es evidente en varias regiones del país.

Eso pasa al exponer un producto al libre mercado aún y con las aplicaciones para celulares como Gasoapp que presuntamente nos dicen en qué lugar están ubicadas y el precio al que están ofertando el producto, la realidad es que en la zona centro de Tamaulipas “la verde” sobrepasó la barrera de los 20, en tres días las estaciones que manejaban el precio más bajo y que presumían de haberse abaratado a penas sobrepasando los dieciocho pesos subieron a los diecinueve y luego a los veinte con cuarenta centavos, estamos hablando obviamente de la gasolina Magna, la más barata que en algunos casos estandarizó el precio a la par de la Premium.

El aumento es real y visto desde el ámbito de la economía de la sociedad más allá de las opiniones políticas que se desgarran entre sí por los amores partidistas, la realidad es que es algo malo para nuestra economía, no sólo para quienes tienen automóvil, también para quienes hacen uso del transporte público y para quienes no lo usan pues el precio de los productos que consumimos y que necesariamente tienen que ser trasladados en vehículos automotrices que usan los combustibles también aumentan, es lo que los economistas llaman “la escalada de precios” que se deriva del aumento de un insumo básico para su producción o distribución como en este caso.

Ahora con las redes sociales y los teléfonos inteligente cualquier ciudadano puede tomar una fotografía y publicarla en tiempo real, pero también cualquier ciudadano puede comentarla positiva o negativamente y en los últimos días sorprendidos por tal aumento los automovilistas han hecho pública su inconformidad ante tal aumento pero los seguidores de nuestro Presidente no tardan en comentarlas que todo es a causa de los gobiernos del pasado, han contestado que en otras partes del país el precio es menor pero ¿a quién se le ocurre tal comentario?, ni modo de llenar el tanque caro para gastarlo en carretera, llegar a esa ciudad llenarlo más barato y regresar a la ciudad con el tanque vacío, fuera de toda realidad.

 

HAZ

El haz de este reflector apunta a que sin ánimo de politizar un asunto de por sí estigmatizado por esos mismos gobiernos del pasado, el precio de la gasolina debe tener un tope o para cuando menos acordemos ya tendremos el litro a treinta y porqué no hasta cuarenta pesos, y sí efectivamente nadie dirá nada como ha pasado con el precio del kilo de tortillas que casi alcanza los veinte pesos o del huevo cuya tapa de treinta piezas ya superó la barrera de los cincuenta pesos y no queda más que aguantarnos, lo que se espera entonces es que este aumento sea sólo en lo que se nivela la distribución del combustóleo y posteriormente empiece a bajar tal y como lo prometió AMLO y no sea que alguien en la cadena de distribución salga ganando y el pueblo como siempre, perdiendo.

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