Buenos cuentos

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Tito Reséndez Treviño.-

1°- LA FELICIDAD.- Un anciano vivía en el pueblo. Todos sus habitantes estaban cansados de él; siempre estaba triste, se quejaba constantemente y siempre de mal humor. Cuanto más vivía, más vil era y más venenosas eran sus palabras. La gente hizo todo lo posible para evitarlo porque su desgracia era contagiosa. Creaba la sensación de infelicidad en los demás.

Pero un día, cuando cumplió ochenta años, sucedió algo increíble. Instantáneamente todos comenzaron a escuchar el rumor: “el viejo está feliz hoy, no se queja de nada, sonríe e incluso su rostro parece más iluminado”.

Toda la aldea se reunió alrededor del hombre y le preguntó: “¿qué te ha pasado?”

El viejo respondió: “Nada especial. Ochenta años he estado persiguiendo la felicidad y fue inútil. Y luego decidí vivir sin felicidad y simplemente esforzarme en disfrutar de la vida. Y así he alcanzado la felicidad”.

Moraleja: no persigas la felicidad y disfruta de la vida.

2°. EL HOMBRE SABIO.- La gente visitaba a un hombre sabio y solo se quejaban de los mismos problemas una y otra vez. Un día, el sabio decidió contarles una broma y todos rieron a carcajadas.

Después de unos minutos, les contó el mismo chiste y solo unos pocos sonrieron.

Luego contó el mismo chiste por tercera vez, pero ya nadie reía ni sonreía.

El sabio sonrió y dijo: “no se puede reír de la misma broma una y otra vez. Ni contar la historia de sus desventuras de distinta manera… Entonces, ¿por qué siempre lloran por el mismo problema?

Moraleja: La preocupación o la crítica no resolverán tus problemas, solo te hará perder el tiempo y la energía.

3°-. DOS AMIGOS Y EL OSO.- Pedro y José eran amigos. Un día, mientras estaban de vacaciones, explorando un bosque, vieron un oso que venía hacia ellos.

Naturalmente, ambos estaban asustados, por lo que José, que sabía cómo trepar a los árboles, subió a uno rápidamente. No recordó que su amigo no tenía ni idea de cómo escalar un árbol.

Pedro pensó por un momento. Había oído que los animales no atacan los cadáveres, por lo que cayó al suelo y contuvo el aliento, haciéndose el muerto. El oso lo olfateó, pensó que estaba muerto y siguió su camino.

José, después de haber bajado del árbol le preguntó a Pedro: “¿Qué te dijo el oso?”

Y Pedro respondió: “el oso me pidió que me mantuviera alejado de amigos como tú”.

Moraleja: en la necesidad se demuestra la amistad.

4°- LA NATURALEZA DE LA MENTE.- Se trataba de un hombre que llevaba muchas horas viajando a pie y estaba realmente cansado y sudoroso bajo el implacable sol de la India.

Extenuado y sin poder dar un paso más, se echó a descansar bajo un frondoso árbol. El suelo estaba duro y el hombre pensó en lo agradable que sería disponer de una cama.

Resulta que aquél era un árbol celestial de los que conceden los deseos de los pensamientos y los hacen realidad. Así es que al punto apareció una confortable cama.

El hombre se echó sobre ella y estaba disfrutando en el mullido lecho cuando pensó en lo placentero que resultaría que una joven le diera masaje en sus fatigadas piernas. Al momento apareció una bellísima joven que comenzó a procurarle un delicioso masaje. Bien descansado, sintió hambre y pensó en qué grato sería poder degustar una sabrosa y opípara comida.

En el acto aparecieron ante él los más suculentos manjares. El hombre comió hasta saciarse y se sentía muy dichoso. De repente le asaltó un pensamiento: “¡Mira que si ahora un tigre me atacase!”. Apareció un tigre y lo devoró.

Moraleja: Cambiante y descontrolada es la naturaleza de la mente. Aplícate a conocerla y dominarla y disiparás para siempre el peor de los tigres: el que mora dentro de ella misma.

Lo mejor para este fin de semana, pero siempre acompañado de su apreciable familia.

 

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