Copérnico

0
109
Tiempo aproximado de lectura: 4 minutos

Rodolfo A. Echavarría Solís.-

ANTECEDENTES

La idea de un universo heliocéntrico (centrado en el Sol) existe desde el siglo III a.C. aunque no fue tomada en serio. El filósofo griego Aristóteles (382-322 a.C.), aunque dedujo que nuestro planeta es esférico, propuso un modelo geocéntrico (centrado en la Tierra). Ptolomeo, otro filósofo griego, que nació en el siglo II d.C., planteó, mediante la hipótesis geocéntrica, que nuestro planeta está fijo y todos los demás cuerpos celestes giran alrededor de él.

Esta percepción del universo permaneció sin cambios durante más de mil años y fue la única teoría aceptada por la Iglesia, ya que se acomodaba perfectamente a su doctrina con el Hombre como centro de la Creación, así como a la existencia de un cielo. Sin embargo, después de la Edad Media, que sumió a Europa en el atraso y el oscurantismo, surgieron varias mentes que cuestionaron este sistema establecido. El primero de ellos fue Nicolás Copérnico.

 

INICIOS

Nicolás Copérnico nació el 19 de febrero de 1473 en Torun, Polonia, en el seno de una familia de comerciantes y funcionarios que le daban un gran valor a la educación. A la edad de diez años falleció su padre, por lo que quedó bajo el cuidado de su tío, el obispo de Ermland, quien se aseguró de que recibiera la mejor educación disponible de su época.

Ingresó a la Universidad de Cracovia en 1491, donde permaneció cuatro años en estudios generales. En 1495 se mudó a la Universidad de Bolonia para estudiar derecho y medicina. En este centro se volvió discípulo del célebre matemático Domenico María de Novara (crítico de la teoría de Ptolomeo), quien le inculcó la pasión por la astronomía y las matemáticas.

En el año 1500 obtuvo el grado de doctor en derecho canónico y, posteriormente, se dedicó a ejercer la medicina, en particular entre los pobres. Se ordenó sacerdote y regresó a Polonia donde se dedicó a administrar la diócesis y a asesorar a su tío. Habría dedicado toda su vida al servicio eclesiástico, pero su pasión por la ciencia lo hizo tomar otro camino.

 

APORTACIÓN

En 1513 Copérnico construyó una torre de observación con el fin de analizar el movimiento del sol, la luna y las estrellas. No estaba de acuerdo con el sistema de Ptolomeo. Basado en sus observaciones, dedujo que las perturbaciones en los movimientos de los planetas eran el resultado de la propia rotación de la Tierra y de su desplazamiento alrededor del Sol.

A pesar de sus ideas, fue prudente y guardó silencio para no atraer la ira de la Iglesia. Decidió seguir adelante con su trabajo sin divulgarlo. Después de años de investigación completó, en 1530, su magna obra “De revolutionibus orbium coelestium” (Sobre las revoluciones de los orbes celestes), en el que se opone al sistema ptolemaico y propone que la Tierra, junto con los demás planetas, gira alrededor del sol. Sin embargo, retrasó su publicación por trece años.

La razón por la que tardó en publicar su obra, no fue solamente el temor a una condena de la Iglesia, sino que era un perfeccionista y pasó todo ese tiempo verificando su investigación y obteniendo nuevos datos. El mismo papa Clemente VII le pidió que mostrara su trabajo, en 1536, pero fue hasta que un antiguo alumno, el alemán Georg Joachim Rheticus lo convenció, que su obra fue publicada, en 1543.

Cuando “De revolutionibus” salió a la luz, fue atacado tanto por la Iglesia católica y la protestante. En los primeros cincuenta años solo unos cuantos científicos aceptaron su teoría heliocéntrica. El principal argumento en contra era el de que, si la Tierra se movía, cómo era posible que todos los cuerpos permanecieran fijos en ella. Además, Copérnico  fue el primero que estableció el sitio correcto de todos los planetas y se cuestionó sobre la fuerza de gravedad de todos los cuerpos celestes.

 

EL FINAL

En 1543 Copérnico sufrió una parálisis del lado derecho y su salud se fue deteriorando. Se vio obligado a confiar la impresión de su libro a Georg Rheticus, quien a su vez la dejó en manos de un teólogo protestante, Andreas Osiander. Este introdujo algunos cambios para tratar de apaciguar a los probables detractores. Nicolás Copérnico falleció el 24 de mayo de 1543, en Frombork, Polonia. Su magna obra fue publicada de forma póstuma.

Las ideas de Copérnico permanecieron en una relativa oscuridad durante cien años, hasta que fueron retomadas por científicos de la talla de Galileo Galilei, Johannes Kepler e Isaac Newton, lo que provocó un despertar de la conciencia de la humanidad, que había permanecido dormida durante mil años.

 

LEGADO

Hace 500 años un modesto sacerdote polaco provocó una revolución en la conciencia del hombre, cuestionando la creencia aceptada de que la Tierra es el centro del universo. Estas ideas dieron origen al Renacimiento, que nos hizo pasar de una era de oscurantismo a explorar los límites del universo.

Para darnos una idea de la magnitud de la aportación de Copérnico al desarrollo de nuestra civilización, podemos citar la opinión del escritor y científico alemán Johann Wolfgang von Goethe: “De todas las opiniones y descubrimientos, ninguna debe haber ejercido mayor efecto sobre el espíritu humano que la doctrina copernicana. Apenas el mundo había sido considerado como redondo y completo en sí mismo, cuando se le pidió que renunciara al tremendo privilegio de ser el centro del universo. Quizás nunca se ha hecho una petición tan exigente a la humanidad”.

 

EPÍLOGO

En noviembre de 2008 un grupo de científicos dedujo que una osamenta encontrada tres años antes en Frombork pertenecía a Copérnico. La conclusión se basó en un análisis del ADN del esqueleto con el de unos cabellos hallados en uno de los libros del astrónomo. En mayo de 2010 Copérnico recibió un segundo funeral y fue enterrado en la catedral de esa ciudad.

 

[email protected]

Comentarios