¿Quién tiene la culpa?

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Adriana Heredia.-

La cultura vial en nuestro país es deficiente, ninguna ciudad por más educada se salva de aquellos que cuando traen prisa quisieran que los de adelante vayan más rápido, pero cuando son ellos los que van adelante se irritan cuando el que está atrás tocando el claxon insiste en que avancen, no pasa nada si ambos se encuentran en calma.

Aunque no debiera ser, a veces no es malo que nos toquen el claxon o como decimos acá en el norte que nos “piten” cuando andamos medios distraídos y el semáforo ya encendió al verde y pareciera que nos quedamos dormidos, eso nos da pie a que avancemos sin mayor problema, pero cuando nos irritamos vienen los problemas, ¿qué necesidad?, relájense.

La irritabilidad del automovilista queda de manifiesto en las horas de entrada y salida de los alumnos en las instituciones educativas, lo ideal sería utilizar una vialidad alterna porque muchos padres de familia (aunque no todos) creen que ellos tienen la preferencia para bajar a los pequeños en la puerta de la entrada de su escuela, darles el beso en la mejilla y acomodarles el uniforme, o simplemente bajarlos en doble o tercera fila cuando el espacio lo permite, aún y cuando ponen en riesgo a sus hijos de ser atropellados, pero cuando la calle sólo tiene un carril y el espacio de estacionamiento se utiliza como carril escolar, el problema crece porque entorpecen más el tráfico de quienes son ajenos a la institución educativa.

Me ha tocado ver varios casos de irritabilidad de los automovilistas pero centrémonos en uno cuyo padre de familia por evitar la fatiga de estacionarse a varios metros y caminar para recoger a su pequeño decide subirlo en la puerta de la escuela, ah pero también le dio flojera hacer la larga fila del carril escolar y utiliza el único carril de la calle, detiene su marcha y espera a que su hijo salga, atrás de él una fila de automóviles esperando a que avance, mientras que quien le sigue toca el claxon desesperado, el niño sale de la escuela se sube tranquilamente al auto de su papá, mientras el hombre molesto le vuelve a tocar el claxon, pero no estaba tan enojado como el padre del niño quien aún sin avanzar le gritó de mala manera y con palabras altisonantes que a poco no veía que estaba recogiendo, ah que caray, el automovilista a quien le obstruían el paso intentó entra por el carril escolar ya pasada la entrada de la escuela y de vehículo a vehículo se insultaban, ¿qué estaría pasando por la mente del niño?, ¿el padre que recogió a ese pequeño le explicaría lo que realmente sucedió?.

 

HAZ

Es necesario decir que la culpa no la tienen las escuelas o los colegios particulares, porque somos muy dados a decir en tal o cual escuela  obstruyen vialidades y ponen en peligro a los menores a la hora de entrada y salida de los escolapios, pero no son las escuelas si no los padres de familia de dichas instituciones quienes lo hacen, ha habido centros escolares que hacen un esfuerzo por tener cuadrillas viales incluso con los propios alumnos y colegios que han sido señalados y en una medida desesperada han enviado citatorios a los padres de familia en donde se les ha dicho que no recibirán a los alumnos si llegaran a ser sorprendidos bajándolos en doble fila y con ello obstruyendo la vialidad, pero la medida funciona sólo cuando llega la reprimenda y nuevamente se relaja la disciplina, es cierto que hay que ser tolerantes, que es necesario cuidar por la integridad de los niños, pero también que algunos padres de familia, simplemente, abusan.

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