El arte de crecer

0
32
Tiempo aproximado de lectura: 3 minutos

Alicia Caballero Galindo.-

El término crecer implica evolución física, intelectual y espiritualmente; el desarrollo armónico de estas tres facetas hacen el equilibrio de un ser humano dispuesto a luchar para alcanzar sus metas a base de su propio esfuerzo.

 

La especie humana es la más desarrollada intelectualmente, pero su evolución depende en gran medida de quienes  cuidan, guían y preparan a cada individuo para ser independiente.  A lo largo de ese camino, depende física, afectiva e intelectualmente del medio inmediato en que se desarrolla, entendiendo que el concepto familia, ha variado en tiempos actuales, dadas las actividades intelectuales y profesionales de la mujer, así como su papel dentro de la sociedad, en igualdad de derechos con el sexo masculino, de tal forma que las tareas del hogar que eran exclusivamente competencia de la mujer, actualmente, padres y madres en el mismo nivel de compromiso participan.

Por mucho tiempo, la mujer era devaluada a tal grado, que, en la antigua Grecia, reconocida como maestra de la humanidad, Aristóteles, el gran filósofo inmortalizado por sus pensamientos revolucionarios, consideraba que la mujer no era capaz de heredar a su descendencia nada; se consideraba sólo un estuche donde se gestaba un nuevo ser, era el hombre quien heredaba intelecto. Consideraba que el alma humana, era heredada por el padre a los hijos varones, sobre todo. Sería largo enumerar el triste concepto que de la mujer se tenía en las culturas antiguas. Por desgracia, en la actualidad, no se ha roto del todo ese prejuicio sobre la inferioridad femenina que es solo un mito.

Actualmente hombres y mujeres realizan en equipo la labor de educar a los hijos y existen innumerables casos de madres solteras y padres solteros que se dan a la tarea de formar a sus hijos exitosamente.

Es sabido que los seres humanos estamos constituidos por una trilogía indivisible de cuerpo, alma e intelecto que habrán de desarrollarse armónicamente para lograr un ser humano competente competitivo y apto para desarrollarse en su medio ambiente, para ello, es necesario cuidar el desarrollo equitativo de estas tres facetas indivisibles que lo constituyen.

Un niño bien alimentado y sin principios morales y éticos, no logrará un crecimiento verdadero porque faltará un elemento indispensable para la integración a la sociedad donde se desenvuelve. Un niño a quien no se le siembra la inquietud de estudiar, prepararse y competir en una sociedad siempre cambiante y en ascenso, estará condenado al fracaso y no crecerá sanamente, fomentando rencores y frustraciones que se traducirán en rechazo o agresividad a sus semejantes, marginándose por su actitud y generando condiciones desastrosas para sí mismo y su entorno. Cuando se le brinda preparación intelectual y cuidado del cuerpo, pero no se cultiva el amor natural que debe hacerlo un ser completo, tampoco se formará un ser equilibrado, siempre existirá en él una carencia importante que se manifestará en actitudes negativas respecto a los demás. Si se le da amor, cuidado del cuerpo y se estimula su inquietud por estudiar, pero no se le brinda preparación ética y moral, será n ser despiadado, egoísta y tal vez nocivo a la sociedad porque de nada sirven las cualidades si no se acompañan por una actitud de amor por la humanidad, el entorno y la conciencia de la interdependencia de los seres humanos con sus semejantes y su íntima relación con su entorno natural.

Hay un punto fundamental que se debe cuidar en la formación del ser humano, para que pueda lograr un crecimiento saludable natural y positivo que permita  integrarse a la sociedad y su entorno; el amor y respeto por sí mismo.

Los jóvenes de hoy, están preparados para la realidad actual de padres y madres que trabajan; para lograr un crecimiento integral y equilibrado de las nuevas generaciones, y enseñarlos a crecer armónicamente para construir una sociedad más saludable, productiva y positiva, se requiere dedicarles tiempo de calidad, más que cantidad de tiempo. Es necesario que los padres atiendan sus necesidades físicas afectivas, intelectuales y morales.

Los hijos, deben ver a padres como una sombra bienhechora, como un apoyo confiable bajo la cual se pueden cobijar en momentos difíciles de su vida y se sientan seguros con sus orientaciones. Para crecer sanamente, es necesario que encuentren en sus mayores, respeto, autoridad racionalizada y el apoyo necesario para dirigir el rumbo de su vida mientras maduran y sean capaces de tomar independientemente sus propias decisiones. La amistad y camaradería entre padres e hijos, no debe transgredir las barreras del respeto y la autoridad. Los padres que deseen ver crecer sanamente a sus hijos, deben mantenerse actualizados, entender la dinámica de los jóvenes de hoy y aprender a entenderlos para poder estar cerca de ellos y tener una influencia positiva en su crecimiento, sin perder su carácter de padres.

Comentarios