Historia del Teatro en Ciudad Victoria (II)

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Quien también fue víctima del “embrujo” de Chucha fue el Cronista de Victoria, Francisco Ramos Aguirre; nos reveló que también le tocaron besos y abrazos de este personaje entrañable de la Capital.
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Francisco Ramos Aguirre.-

Durante medio siglo, el Teatro-Casino S.A de Ciudad Victoria  -Teatro Juárez- (1899-1949), representó el escenario artístico más importante de la capital tamaulipeca. Ese gran edificio estaba donde ahora se encuentra el palacio de gobierno del estado. El proyecto de construcción se inició en 1897 a iniciativa de un grupo de  empresarios, hacendados, comerciantes y políticos de la localidad, quienes aportaron recursos para su financiamiento a través de acciones o bonos. A los socios les otorgaban un documento legal que contenía los artículos y bases del convenio. En la portada de  cada pergamino se aprecia una viñeta de la Ópera de París.

Entre los promotores del proyecto arquitectónico se encontraban: Bernardo Zorrilla Beltranilla, José Duvallon, Manuel González, Pablo Lavín Escandón, Rudecindo Montemayor, Pedro Quintanilla, Ramón Teran  y José Pier, quienes lograron reunir 40 mil pesos de capital social. Sin embargo, en el transcurso de la obra fue necesario modificar el presupuesto original. En consecuencia el precio de la construcción ascendió al doble de lo programado.

De acuerdo al reportero del periódico El Telégrafo, en aquel tiempo la Capital tamaulipeca: era una población: «…completamente tranquila con la tranquilidad de la muerte. El maíz vale $16 la carga». Dicha calma era aparente porque en mayo de 1899 se presentaron fuertes vientos huracanados que derribaron el poste de madera que sostenía la carpa de un circo mientras presentaba una función, cayendo sobre el público en enorme lienzo y algunos accesorios. Afortunadamente no hubo desgracias personales y las funciones continuaron varios días. En agosto de ese año, las autoridades iniciaron una campaña sanitaria en lugares públicos, por ejemplo la estación de los ferrocarriles, para evitar un nuevo brote de la temible fiebre amarilla.

Finalmente el edificio fue inaugurado el 16 de septiembre de 1899 por el gobernador Guadalupe Mainero, quien para esas fechas convalecía de un ataque de influenza. El acontecimiento se registró en El Universal y otros periódicos de la capital del país: «El teatro es un regio y magnífico edificio que embellece aquella ciudad. Es de piedra y fierro, tiene veinte plateas, veinte palcos y 300 lunetas, con una galería para 600 personas: consta de tres pisos, volados de fierro construidos en las fundiciones de Monterrey. El local está situado en el centro de la Plaza Juárez (sic), uno de los sitios más pintorescos y céntricos de la población.» En realidad al momento de su inauguración la plaza se llamaba Libertad y después cambió su nomenclatura.

Días antes de la apertura, los promotores del teatro informaron que tenía: «…60 metros de largo por 20 metros de ancho. Su fachada es magnífica, y su construcción, en general moderna y hermosa. Tendrá tres órdenes de palcos, y el armazón interior es todo de fierro. Su escenario es extenso». Aunque no lo menciona, algunas áreas se podían acondicionar para funciones de baile.

Como era de esperarse, el escenario se convirtió en referente cultural de los victorenses. Las obras dramáticas, conciertos musicales, declamadores, ópera y funciones de circo eran promovidas por agencias teatrales. Una de ellas la regenteaba Luis A. Rivera. En ese mismo lugar también se organizaban bailes, reuniones escolares, campañas electorales, informes de gobernadores y presidentes municipales. De igual manera se le considera una de los primeros espacios pioneros de la exhibición de películas en la República Mexicana. Los victorenses debieron sentirse orgullosos de aquel edificio porque se trataba de un espacio arquitectónico de primer nivel: «…muy espacioso y de construcción sólida y elegante. Actualmente no hay otro igual en toda la frontera aun contando el de Monterrey».

Uno de los primeros administradores fue Francisco Lerma quien servía de enlace entre las agencias teatrales. En mayo de 1925 se presentó la Compañía Dramática Hermanos Martínez, con las obras El Jorobado y Otelo o El Moro de Venecia donde actuó la primera actriz Lupita Alonso. El Diario del Hogar/mayo 14 de 1905 dice: «…esa noche nos cautivó con su vestido de desposada y su cabellera rubia, como la soñara el inmortal Shakespeare. Clemente Martínez Flores en El Otelo, oyó muchos aplausos, habiéndolo interpretado como él sabe hacerlo, realzándolo y realzando a su compañía. En Malditas Sean las Mujeres en esta obra tan conocida y aplaudida desde que un grupo de jóvenes aficionados la dieron en el Salón de Obreros; en esta obra repetimos, la señora Martínez fue muy aplaudida».

La empresa teatral de la familia Martínez Flores era una de las más importantes en México. Realizó giras artísticas en toda la república y actuó en los mejores escenarios entre aplausos y reconocimiento. De igual manera los críticos de ópera y zarzuela le dedicaron grandes elogios en los principales periódicos, sobre todo al director y actor Clemente Martínez, autor de la obra La Carcajada de enorme popularidad en las primeras décadas del siglo XX. (Continuará).

 

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