Antonieta Rivas Mercado

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Tito Reséndez Treviño.-

1°- PRECURSORA DEL FEMINISMO EN MÉXICO.- Andrés Henestrosa uno de los poetas más reconocidos en nuestro país, recuerda a esta gran dama, que fuera precursora del feminismo mexicano y su protector, narrando la tormentosa vida de esta gran mujer mexicana.

Antonieta Valeria Rivas Mercado Castellanos nació el 28 de abril de 1900 en la Ciudad de México; el destino no la colocaría en una familia común, era la segunda hija del arquitecto Antonio Rivas Mercado, que gozaba de gran prestigio en México, y a quien Porfirio Díaz le encomendaría ser el artífice del emblemático monumento para celebrar el centenario de la independencia: “La Columna del Ángel”.

Con una infancia privilegiada, Antonieta y sus tres hermanos fueron educados en casa mediante institutrices, sus viajes a Europa complementaron su formación y generaron en la joven una visión más transgresora, comparada con la conservadora sociedad mexicana.

Heredera de la gran fortuna de su padre, se convirtió en una suerte de “mecenas” y patrocinó el “Teatro Ulises”, donde colaboraron artistas de la talla de Salvador Novo, Agustín Lazo, Lupe Medina de Ortega, Clementina Otero, Andrés Henestrosa y Xavier Villaurrutia, quienes escribieron brillantes obras teatrales y las presentaron en ese lugar; en algunas, la misma Antonieta actuó y demostró su versatilidad.

Ocupada en engrandecer el mundo cultural en México, formó el patronato para la creación de la Orquesta Sinfónica Mexicana, que quedaría bajo la dirección del maestro Carlos Chávez; en el rubro literario financió la publicación de libros emblemáticos como “Los hombres que dispersó la danza” de Henestrosa y “Dama de Corazones” de Villaurrutia

Corría el año de 1929. Ese mismo año conoció a José Vasconcelos, quien iniciaba su campaña hacia la Presidencia de la República; al escuchar las ideas del reconocido intelectual, Antonieta quedó deslumbrada, por lo que decidió financiar su campaña, además se involucró como activista política y propugnó por el voto de la mujer.

La extenuante campaña y la cercanía propiciaron un romance entre ellos, situación complicada, porque Vasconcelos, estaba casado; sin embargo, esto no impidió que la chispa de su amor se encendiera y generara tórridos momentos.

Después de que el proceso electoral desembocara en una derrota para José Vasconcelos había hecho que Antonieta perdiera mucho dinero, pero había ganado un intenso amor por él. Ella tenía perdida la custodia de su único hijo, y cuando surgió el arriesgado plan de seguir a Vasconcelos a Francia, para finalmente poder estar juntos, no lo pensó dos veces. Saltó la barda de la casa de su exesposo y a escondidas sustrajo a su hijo, para juntos embarcarse hacia Europa y alejarse de la vida que conocía, del país que amaba, la fama que tenía, solo para seguir lo que le dictaba su corazón.

Lo que Antonieta desconocía es que el destino no siempre nos prepara finales felices. Después de una acalorada plática, el diez de febrero de 1931, José Vasconcelos le confesó que no podía seguir más con ella, pues volvería junto a su esposa y a su antigua vida en México.

La mañana siguiente del once de febrero de 1931, desconsolada, salió de su habitación en París, en la que dejó solo a su hijo y se dirigió a la Catedral de Notre Dame, donde en vísperas de una gran misa para el Papa y en un acto melodramático, se suicidó con un disparo en el corazón; la pistola era propiedad de Vasconcelos, y guardaba la bala que terminaría con su joven historia de vida.

Este año se cumplen 88 años de la trágica pérdida de Antonieta Rivas Mercado, y nuestro país parece, por momentos, haberla olvidado. No recuerda que, con tan solo 30 años logró un impacto en la vida política, social y cultural del siglo XX en México. Fue de las primeras en defender el derecho de la mujer al alzar su voz creativa, transgresora, líder, multifacética y, como la definió José Vasconcelos, “una mujer que le puso condiciones al destino”.

Buen día.

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