Historia del Teatro en Ciudad Victoria (III)

0
61
Quien también fue víctima del “embrujo” de Chucha fue el Cronista de Victoria, Francisco Ramos Aguirre; nos reveló que también le tocaron besos y abrazos de este personaje entrañable de la Capital.
Tiempo aproximado de lectura: 3 minutos

Francisco Ramos Aguirre.-

El sostenimiento administrativo del Teatro Juárez durante los primeros años del siglo XX, constituyó todo un reto para los propietarios del flamante coliseo victorense. Adicionalmente, la recesión económica del momento se tradujo en un reto para el buen estado del inmueble y sobre todo, de las obras pendientes en su arquitectura. Bajo estas condiciones el entusiasmo y carácter filantrópico de los accionistas terminó por desanimarlos.

Ante el riesgo de perder su capital, a finales de marzo de 1905, el Consejo de Administración de la Compañía Constructora del Teatro-Casino de C. Victoria S.A., encabezada por Bernardo Zorrilla, José Duvallón, Francisco Terán y Antonio Quintana, acordaron organizar el 16 de abril una subasta pública para la venta del edificio, que apenas tenía cinco años de inaugurado. Ante la falta de respuesta, se convocó nuevamente a otra reunión similar el nueve de julio en el mismo Teatro Juárez, enfrente de la Plaza de la Libertad, designando como responsable al Notario Público licenciado Jacobo Martínez.

Según el acta, inicialmente el precio del inmueble se fijó en 25 mil pesos; pero al no presentarse compradores, se citó a otro remate, donde acordaron rebajar la cantidad a 22 mil 500 pesos. Naturalmente, tampoco hubo respuesta de los compradores en la segunda ceremonia. Por lo demás, se infiere que probablemente el inmueble fue adquirido en años posteriores por el Gobierno del Estado a cargo de Pedro Argüelles, quien terminó por asumir el rescate y administración del edificio. Definitivamente, para los empresarios victorenses la venta de espectáculos artísticos y promoción de la cultura, no representaron un negocio redituable.

Así las cosas, en septiembre de 1910, durante las fiestas del centenario de la Independencia de México, el Teatro Juárez se convirtió en espacio importante en el programa de actividades. Por ejemplo, ahí se celebraron veladas literarias, distribución de diplomas, obras de teatro, ceremonias cívicas, conciertos musicales y tertulias poéticas encabezadas por Juan B. Tijerina y Lauro Aguirre.

De acuerdo a las tarifas o Reglamento sobre Impuestos Municipales, publicado en el Periódico Oficial de Tamaulipas del 21 de enero de 1920, el arrendamiento del Teatro Juárez estaba a cargo del Ayuntamiento de Victoria. Los costos establecidos para los promotores artísticos eran: “…Compañías Dramáticas y de Zarzuela $10.00 …por cada función… Por cada vez que sea ocupado para otros espectáculos, excepto bailes, kermeses, etc. de $ 5.00 a $10.00 cada vez”.

Todo indica que, por diversos motivos, entre ellos el movimiento revolucionario, la remodelación total del teatro se frenó parcialmente. Al concluir este período de incertidumbre, en 1923 el gobernador César López de Lara contrató los servicios del arquitecto M. L. Waller para construir un salón de actos de la Escuela de Agricultura y “…terminar las obras del Teatro Juárez y el Hospital Civil… la construcción de los edificios correspondientes para la Escuela Industrial de Artes y Oficios”.

 

SEGUNDA INAUGURACIÓN DEL TEATRO JUÁREZ

En 1925 el gobernador Emilio Portes Gil solicitó al Congreso del Estado autorización para disponer 40 mil pesos para trabajos de reparación del Teatro Juárez. Dicha cantidad sería tomada de la venta de las Redes Telefónicas, propiedad del gobierno de Tamaulipas. A principios de enero de 1926, en su informe de actividades de Gobierno, que rindió en el Teatro Juárez, Portes Gil mencionó que en el apartado de Fomento: “Se hizo una minuciosa inspección de las obras del Teatro Juárez, reponiéndose el contrato anterior sobre la base de una reducción del precio, que era considerablemente exagerado, y de la reposición de pistas y techos que fueron construidas de manera defectuosa, y que fueron removidos para asegurar la estabilidad general de la construcción. En este trabajo se modificaron algunas cosas, hasta donde el estado de trabajo lo permitió”.

De igual manera se construyó un “antivestíbulo” con buenas condiciones acústicas, se remodelaron los servicios sanitarios, mingitorios y WC. De igual manera se instaló una caseta para los aparatos de proyección del cinematógrafo. También se adaptó un sistema de ventilación por gravedad, que ayudó a disminuir los calorones que sufrían los asistentes en el verano.

A principios de 1926, para celebrar las mejoras materiales del inmueble, una revista publicó un reportaje donde menciona la: “Solemne inauguración del Teatro Juárez” y apertura del primer período de sesiones del Congreso del Estado, con motivo del informe de gobierno de Emilio Portes Gil. La crónica ilustra el momento: “…tuvo verificativo la inauguración del elegante coliseo Juárez que, remozado y vestido de gala, abrió sus puertas al numerosísimo público. Desde muy temprano los habitantes de la ciudad se lanzaron a la calle, como en los días jubilosos, y no obstante lo ingrato de la temperatura, nuestras damitas lujosamente ataviadas en grupos encantadores paseaban en torno a la plaza que da frente al Teatro, escuchando las selectas piezas ejecutadas por la banda del Estado, que vestían riguroso uniforme de gala”. Años más tarde, Portes Gil promovió la instalación de la Biblioteca Augusto César Sandino, en uno de los anexos del teatro. (Continuará).

Comentarios