La equidad de género en México y en el mundo

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Ciriaco Navarrete Rodríguez.-

Esta temática es tan importante, que, como parte de mi tesis relativa a los “saberes verdaderos”, principiaré por detallar el concepto de “equidad de género”, y por lo tanto, tomando en debida cuenta el género femenino y el masculino, es conveniente que entendamos que las mujeres y los hombres, independientemente de sus diferencias biológicas y sexuales, todas y todos, tenemos el derecho a acceder con justicia, igualdad y equidad, al uso, control y beneficio de los mismos bienes y de los servicios de la sociedad, así como a la toma de decisiones  en la vida social, económica y política.

La frase “equidad de género”, a veces se utiliza para perpetuar los estereotipos o usos y costumbres ancestrales que han sido propios del papel que la mujer ha desempeñado en la sociedad, lo cual, sugiere que las mujeres deben ser tratadas de acuerdo con los roles que desempeñan, y de esa manera la mujer queda expuesta a continuar inmersa en el universo de la desigualdad tradicional.

Por otra parte, debemos entender que existe una diferencia entre el concepto de igualdad y el que corresponde a la equidad, por lo tanto, debemos saber que la igualdad de oportunidades para las mujeres y los hombres, significa que ambas partes tenemos las mismas oportunidades y los mismos derechos para disfrutar de todas las prerrogativas propias de la vida cotidiana, y en cambio, la equidad, significa que tales oportunidades debemos recibirlas y disfrutarlas con plena justicia.

Por ejemplo, la mujer y el hombre en un matrimonio, tienen los mismos derechos vitales para su respectiva subsistencia personal, y los hijos tienen esos mismos derechos por igual, pero desde el punto de vista de la equidad, esos derechos deben tener efectos proporcionales a las necesidades vitales y materiales de cada persona que sea integrante de esa familia.

Por ejemplo, el manejo del dinero puede ser un paradigma más claro, porque cuando llevamos a nuestros hijos menores a la escuela, los valoramos y los tomamos en cuenta con igualdad amorosa, pero al darles dinero para gastar durante su recreo en el centro educativo, a la hora del recreo, procuramos dotarlos de cantidades proporcionales a sus respectivas edades e intereses personales, y en ese caso buscamos ser equitativos.

En México, igual que en todos los países subdesarrollados del planeta, nuestro desarrollo educativo y cultural, es francamente deficiente, y con frecuencia se aparta de los saberes verdaderos relativos, tanto a la igualdad, como a la equidad propia de la subsistencia humana de las mujeres y de los hombres, pero independientemente de esos estereotipos tradicionales, que son propios de la concepción varonil, por añadidura, mucho influye negativamente en adoctrinamiento ancestral del que han sido, y siguen siendo víctimas, la gran mayoría de las mujeres.

En esos casos, mucho tiene qué ver la fuerte influencia del negativo aprendizaje femenino, a tal grado de que las propias mujeres se autoflagelan al aferrarse a los usos y costumbres que tradicionalmente les ha impuesto el sexo opuesto, por lo cual, con frecuencia se comportan como severas juezas que juzgan y hasta sentencian (simbólicamente) a sus iguales, y lo hacen porque las acusan de que son férreas defensoras de sus propios derechos, hasta las tachan de perversas y desobedientes.

Independientemente de las explicaciones anteriores, es necesario precisar también que existe una seria correlación entre nuestros derechos, con el cumplimiento de nuestras obligaciones, porque de lo contrario daríamos margen a una relación de confrontación entre el hombre y la mujer, sobre todo en el seno del contexto familiar, lo cual, implica serias consecuencias relacionadas con la inestabilidad de la relación conyugal, y también con deformación conductual de nuestros  hijos, porque esos malos ejemplos se convierten en herencia emocional penosamente negativa.

Esas realidades son parte de una gran problemática que sucede en todas las sociedades del mundo, pero se acentúa mucho más en los países subdesarrollados, porque sus respectivos usos y costumbres frenan el desarrollo de la educación y de la cultura, que, a su vez, esos dos factores de la conducta humana, se encuentran atados a sus respectivas leyes constitucionales y estados de derecho, de cada país subdesarrollado, las cuales, rayan en la insolencia, debido a la regresividad normativa con la que privilegian el desarrollo permanente de la pobreza popular.

Con relación a lo antes expuesto, es oportuno señalar que el gobierno mexicano en sus tres niveles, tanto federal, como estatal y municipal, está obligado a tomar la determinación de innovar nuestras leyes constitucionales, porque las que están vigentes son herramientas de gobierno garantes de la referida regresividad jurídica en perjuicio de las clases populares.

Esa realidad se comprueba plenamente con la empobrecedora carestía de casi todos los productos alimenticios, fenómeno mediante el cual, se disminuye grandemente el de por sí, magro poder adquisitivo del pueblo mexicano, y si a esa penosa realidad le sumamos los elevados costos de los combustibles, nos encontramos con que sus efectos también encarecen toda clase de insumos, además de los servicios públicos que cobran las instancias gubernamentales en toda la República Mexicana.

Por si fuera poco, la poderosa fuerza económica y financiera del dólar norteamericano, nos guste o no, es la moneda de cambio más importante del mundo, y además de ser la más útil para toda clase de transacciones comerciales internacionales, su efecto también determina la paridad con los disminuidos valores del resto de  las monedas de los países subdesarrollados del mundo.

Esa realidad política la deben entender los legisladores actuales, y aquellos políticos que aspiran ganar un asiento en el Congreso del Estado de Tamaulipas, así como los demás Congresos de las restantes Entidades Federativas de México, sin pasar por alto a los legisladores integrantes del Congreso de la Unión, y a los Senadores de la República.

“Todos tienen chamba muy importante, pero la debe desarrollar sin salirse del universo de los saberes verdaderos”.

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