Nada les importa si son inocentes

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Ma. Teresa Medina Marroquín.-

Como extensión de mi nota anterior, expresando el evidente sentimiento de la nación con quienes han ofendido gravemente a México, el tema de los presos políticos tal cual fue el de Dominga González, Lorenzo Sánchez y Marco Antonio Pérez, del Estado de México, quedará en la impunidad.

El proceso judicial que se les siguió a estos defensores del agua los llevó a perder su libertad, por largos doce años.

Hoy, para ellos, el mundo que les tocará vivir les resulta ajeno por los cambios generados no solo en los ámbitos político y social, sino en el escenario de las tecnologías que los desafían, por ejemplo, al manejo de un celular inteligente y de pantalla táctil.

Sin embargo, esto es lo de menos, pues al estar privados de la libertad por órdenes de políticos corruptos y de policías, fiscales y jueces cómplices, sus familias cambiaron, sus hijos crecieron y ahora están convertidos en unos desconocidos ante su propia gente.

Sumado eso al dolor de haber sido sometidos a prisión por muchos años, siendo inocentes, la pregunta es, ¿quiénes responderán por ese enorme agravio?

¿Quiénes les devolverán los años perdidos en prisiones de máxima seguridad?

A la respuesta lógica, le sigue la misma y eterna realidad donde la falta de castigo para los perpetradores, es el combustible principal del horror que México sufre a diario y al que todos nos hemos “acostumbrado”.

Existe una tímida promesa del presidente Andrés Manuel López Obrador y de sus senadores y diputados subalternos para que todo esto termine; pero precisamente la tibieza de sus expresiones y la suma impresionante de problemas que tiene que enfrentar su gobierno, seguro dejará para otro sexenio el combate a esta injusticia.

¿Qué anuncia esta justicia diferida? Que el principal reclamo nacional quedará nuevamente sepultado en medio de intereses políticos y económicos que a la vista vuelven a empezar a dominar al país entero.

Lo más grave radica en que la violencia, prohijada por la injusticia y la ausencia de voluntad política, continuará incólume.

Y como si no se hubieran dado grandes cambios políticos en la nación y los admirables ejemplos de otras naciones que se atrevieron a dar el paso justiciero no existieran.

Muchos no entendemos entonces el porqué de la tan cacareada y costosa democracia, ni la tardanza del nuevo Gobierno Federal para sacar de las prisiones a muchos inocentes que están ahí desde hace largos años.

Estas son, finalmente, una de las más grandes heridas abiertas que nunca se cerrarán y que impiden que la gente crea en las promesas políticas más impresionantes.

 

LO QUE LA POBLACIÓN SÍ CREE

A propósito del tema y del proceso electoral que renovará al Congreso de Tamaulipas, la promesa de que al presidente López Obrador no le interesa reelegirse, dicho por él de su puño y letra, más otros compromisos que ven lejos su cumplimiento aquí en la entidad, atajan las expectativas que tenían los aspirantes de Morena.

Aún no se entiende que toda la especulación electoral el pueblo la repudia porque la traduce en deshonestidad, creyendo sólo en la evidencia de lo hecho por el gobierno, en sus tres niveles.

Las ventajas o desventajas que arrojen las supuestas “encuestas” serán sin duda una pérdida de tiempo y de dinero, pues excepto una minoría dedicada a estos extraños números, el grueso de la población está tan ocupada en sobrevivir que nada es capaz de distraerla.

Pese a ello, otras noticias divulgadas y que sí hacen eco en la población son los esfuerzos del Gobierno de Tamaulipas, de que cada peso que se recaudó en los congresos mundiales de ganadería y agricultura tropical celebrados en Tampico, será destinado, dijo el gobernador Francisco García Cabeza de Vaca, al DIF estatal, cambiándoles las vidas a niñas, niños y a familias enteras.

Otro ejemplo que vale la pena trascender y que anula las promesas huecas por acciones que tienen la finalidad de promover y llevar alimentos a los hogares de los victorenses, son los 56 huertos familiares que el Gobierno municipal viene fomentando en ejidos de Ciudad Victoria, y con ello el autoconsumo saludable y la comercialización de estos productos.

El proyecto es producir al interior de los hogares la canasta básica, impulsando el desarrollo rural ya que los excedentes pueden comercializarse y convertirse en ingresos. Actualmente siembran pepino, melón y calabaza en extensiones de cien metros cuadrados. Bien decía Rius que la panza es primero.

¡Feliz miércoles!

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