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La primera impresión nunca se olvida. El Tri de Gerardo Martino ilusiona, tiene personalidad y lo más importante, tiene gol. La Selección Mexicana se olvidó de todos los fantasmas que les representó alguna vez jugar contra Chile y con autoridad les ganó 3-1 en San Diego.

A la Selección le costó 45 minutos para entenderse en el campo, para encontrarse y acoplarse a las ideas que tiene Gerardo Martino, y es que durante el primer tiempo no hubo muchas emociones por parte de México, pero sí de Chile.

Ochoa tuvo que ser héroe en este juego para que la era del Tata no empezara remando contra la corriente, el arquero del Standard de Lieja de sacó un cabezazo a Arturo Vidal y eso fue el preámbulo a esta victoria, pues si las cosas andan bien atrás, los de arriba se siente con mayor seguridad para ir al frente.

Martino no se volvió loco, no hizo cambios para el inicio del segundo tiempo y le dio continuidad a los titulares para que fueran agarrando ritmo y eso le funcionó. México fue otro sobre el campo y eso terminó por opacar a los chilenos. El Tri tuvo dinámica, personalidad y Andrés Guardado fue el principal motor de este equipo, echándoselo al hombro como el líder que es.

La primera anotación fue de Raúl Jiménez de penal. El camino se abrió para una Selección Mexicana que tomó el control, que se sintió segura con el balón en los pies y entonces si hacer valer la velocidad de Hirving Lozano y Rodolfo Pizarro.

Los goles cayeron para darle la victoria al Tri, primero Héctor Moreno de cabeza y después la astucia de Chucky le puso sabor a un triunfo azteca que hacía mucho tiempo no conseguía ante los andinos.

Cuando parecía que se avecinaba una goleada de México y que el desquite de aquel tormentoso 7-0 pudiera llegar, Nicolás Castillo calmó las cosas descontando y eso mató por completo el juego, pues ambos entrenadores hicieron cambios y el juego ya no tuvo tantas emociones.

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