De política y cosas peores

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Catón.-

«Háblame de sexo» -le pidió la adolescente a su padre. Tosió el señor y respondió: «De eso habla con tu mamá». «No -opuso la muchachita-. No quiero saber tanto». Aquella joven mujer mostraba las evidentes señas de un próspero embarazo. Le contó a una amiga: «Mi novio tiene un laboratorio fotográfico y me dijo que me iba a hacer una ampliación. Pero no pensé en esta clase de ampliación». El pueblo era pequeño, y su alcalde muy cerril. El encargado de parques y jardines le informó que iba a comprar una góndola para el lago del jardín municipal. Le sugirió el edil: «De una vez compra también el góndolo, a ver si se reproducen». Por la playa iban dos hermosas chicas. Una vestía monokini, vale decir que iba con el busto descubierto y lo demás cubierto; la otra no vestía absolutamente nada. Un gendarme las detuvo y las llevó ante el juez local. El juzgador les impuso sendas multas: a la que iba como Dios la trajo al mundo la multó con dos mil pesos; a la que llevaba monokini cuatro mil. «¿Cómo es posible? -protestó esta-. Yo traigo cubierta la parte de abajo, y me cobra usted el doble de multa que a mi amiga, que lleva descubierto todo». Razonó el juez: «A su amiga le impongo una multa de dos mil pesos por faltas a la moral; a usted se la impongo de cuatro mil, porque es la multa que el Código Penal prescribe para quien oculta un artículo de primera necesidad». Pocos días antes de su trágica muerte Luis Donaldo Colosio pronunció un discurso lleno de consecuencias. En él, dijo que veía un México con hambre y sed de justicia. Ese mismo país vemos nosotros en el tiempo actual. Millones de mexicanos carecen de lo más indispensable para vivir con dignidad, y muchos no saben si tendrán algo qué comer el día de mañana. Políticos van y vienen; al Gobierno de un signo sigue el de otro, y la pobreza permanece como un problema pendiente de solución. Ahora López Obrador proclama: «Por el bien de todos, primero los pobres». Yo creo en la sinceridad de su intención de trabajar por ellos, y espero que lo haga con acierto. Las dádivas alivian la condición de los pobres, eso es cierto, pero solo momentáneamente. Nada más en la educación puede fincarse un combate eficaz y duradero contra la desigualdad social. Y sucede que AMLO está socavando los cimientos de la educación al dejar que sobre ese bien social, uno de los más valiosos e importantes, influya en modo decisivo un bando como es la CNTE, a cuyos líderes lo que menos les importa es la educación de los niños y los jóvenes, pues buscan solo imponer sus dictados sobre cualquier intento de mejorar la calidad educativa. Así, con ese ejemplo de escuelas cerradas casi permanentemente y maestros que abandonan de continuo a sus alumnos para participar en marchas y plantones, seguirá privando la ignorancia, causa principal de la pobreza. Hambre y sed de justicia tenía México en tiempos de Colosio. La misma sed y la misma hambre sigue teniendo hoy. «Aquí estamos» -le dijo frente al Cine Coloso el galán a su novia. «No te hagas tonto -le respondió ella con enojo-. En el mensaje que te envié te pedí que me llevaras al ginecólogo». Don Cornulio llegó a su casa y encontró a su esposa empiltrada con un hombre cuya principal característica era ser muy chaparro. El mitrado marido le espetó a su señora estas palabras denostosas: «¡Mujer infiel!». «Medio infiel nada más -precisó ella-.Te pido que observes la estatura del señor». Un chico y una chica fueron a un antro. Le preguntó él a ella: «¿Cuántas copas se necesitan para ponerte beoda?». «Generalmente con tres tengo -respondió ella-. Pero no me llamo Beoda». (No le entendí). FIN.

 

MIRADOR

Armando Fuentes Aguirre

Nunca he visto esa sombra, pero muchas veces he sentido que ella me ve a mí.

En las noches sin luna, cuando la oscuridad se asusta de ella misma, apago la lámpara para dormir. Es entonces cuando advierto en la sombra la presencia de esa sombra.

Dicen que es la de don Hilario de la Peña y Peña, que murió en 1897, el mismo año en que nació mi padre. Don Hilario era hombre muy hombre, cuenta la tradición. Se vio obligado a irse del Potrero, porque mató de un tiro de pistola al capitán que vino a apresar hombres para la leva federal. Ya no se supo nada de don Hilario. Algunos afirman que vivió en Santiago; otros creyeron verlo en Zacatecas.

Regresó a la hacienda después de morir. Volvió a la casa grande convertido en sombra. Cuentan los que lo han visto, que se pone a mirar el retrato de su madre, o que ocupa el sillón donde su padre solía sentarse en la gran sala. Me mira, sombra yo también, y se pregunta quién soy. Él no lo sabe. Yo tampoco.

¡Hasta mañana!…

 

MANGANITAS

Por AFA

«. Demasiado sexo en el cine.».

Si vas al cine verás que el sexo, en efecto, se halla con exceso en la pantalla.

(Y en la sala mucho más).

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