Un compromiso tautológico

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Pérez Ávila.-

Ante los representantes populares, de cara a la nación, el primer pronunciamiento del nuevo Jefe de Estado en México es explícito:

“Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y la prosperidad de la Unión, y si así no lo hiciere, que la Nación me lo demande”.

La llamada Carta Magna es prolija, acertada, visionaria. Si se respetase siempre, no únicamente en una ceremonia protocolaria, todos estamos seguros de que, el país sería otro. Habría orden y justicia.

Cito únicamente un renglón de la Constitución, porque viene al caso: Es la parte final del artículo 83: “El presidente de la República, en ningún caso y por ningún motivo, podrá volver a desempeñar ese cargo”.

La Constitución es clara, no necesita ser interpretada, comentada, ni siquiera explicada: QUIEN HAYA SIDO PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA, NO PODRÁ VOLVER A DESEMPEÑAR EL CARGO.

Ni siquiera un exégeta a modo, encontraría la forma de torcer el postulado, rectilíneo, del artículo 83 constitucional.

Advierto, en la firma del compromiso del jefe de las Instituciones Nacionales, más un gesto dramático de su parte, un refrendo de su personalidad política, su insistencia en advertir ser todo lo opuesto a quienes lo antecedieron en el supremo poder. “Ellos eran, son vulgares ambiciosos, cuya codicia siempre pretendieron extender más allá de su sexenio”.

Si la Constitución señala con rotundez que, quien haya sido Presidente de la República no podrá, nunca, nunca, volver a serlo, cuál es la razón para proclamar, hasta con un documento firmado, que de ninguna manera buscará la reelección en el año 2024.

Hay un respeto zalamero al señor presidente en las dos cámaras. Quienes orbitan en la oposición, están habituados a manejar, hasta sus enconos, dentro de un marco de civilidad, de absoluto respeto a la investidura de quien rige en el país. Los que se han caracterizado por incurrir en actos de insurrección, verbal, en el Congreso, están ahora alineados por sus partidos con quien está al frente del gobierno. Ninguno de ellos profiere la más mínima altanería. Les pasa lo mismo que, quienes en Nuevo Laredo manejan sus autos a la ofensiva y, en cuanto pasan la llamada guardaraya del puente binacional, obedecen señales, conducen a la defensiva y, ni siquiera por equivocación, tiran la envoltura del chicle a la street.

Antes de que la discrepancia entre antagonistas y afines a AMLO, se le fueran unos a otros a la yugular, apareció en el escenario, el grandulón de Guanajuato, con su estridencia campirana, para quitarle todo el drama al asunto, y volverlo vodevil:

“Yo tendría que quemarle los pies al presidente Andrés Manuel López Obrador, para creerle que no buscará reelegirse”, planteó Vicente Fox Quesada, después de asegurar que necesita su pensión de 205 mil pesos mensuales, “pero no me voy a convertir en pediche”.

Uno se imagina la escena brutal del conquistador peninsular y el último Tlatoani Azteca, cuando Fox advierte “que no le cree a AMLO”.

Dijo una verdad escueta:

“El compromiso firmado por el Mandatario federal, no sirve absolutamente para nada”.

GIRÁNDULA HISTÓRICA: Porfirio Díaz, en su Plan de la Noria, juró que de ganar la presidencia, jamás se reelegiría.

 

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